Archive

Archive for the ‘Festival de Sitges’ Category

Sitges 2014: entre nuestras favoritas, Musarañas y The Voices

29 octubre 2014 Deja un comentario

Deponer el gusto y buscar la objetividad debiera ser la premisa de todo crítico. Y no sólo a la hora de escribir, esa debiera ser ya la actitud en la hora de ponerse a visionar el filme. Porque los gustos son como los culos, cada uno tiene uno; son personales e intransferibles, así que de poco le va a servir al espectador saber si le ha agradado o no al comentarista. Se trataría de analizar no de emitir juicios de valor. Sin embargo, es bastante difícil olvidar el yo a la hora de entablar diálogo con el objeto y más aún de no acudir al bagaje propio para interpretar lo visto. Toda lectura acaba por ser personal porque el objeto no dice lo mismo para todos los receptores, así que hay que rebajar el presupuesto y aspirar a alcanzar únicamente el mayor grado de intersubjetividad posible en nuestras conclusiones.

musarañas cartelEsta petición de principio podría haber precedido a cualquier comentario tecleado por nuestras manos, si lo hago expreso aquí es porque en esta ocasión traigo dos películas que figurarán siempre en nuestro listado de preferidas. Nos gustaron y por eso hubiéramos querido que figuraran en el palmarés. Para nosotros tanto Musarañas como The Voices hubieran merecido más. Y no pretendo la objetividad aquí, me conformo con dar razón de mi gusto y que algún otro pueda coincidir con él. Dicho esto, procedo.

Las musarañas viven más tiempo en cautividad que en libertad, son asustadizas y poco dadas a vivir en comunidad. Con ellas son comparadas por Carlos (Hugo Silva) Montse (Macarena Gómez) y su hermana “la niña” (Nadia de Santiago), porque las dos hermanas también viven como escondiéndose, sobre todo Montse que sufre agorafobia. La niña acaba de cumplir 18 años y Montse empieza a temer que se marche del nido dejándola todavía más aislada junto a sus fantasmas, ya que su única conexión con el mundo es su hermana pequeña. Estamos en la España de los cincuenta, una España que no acaba de despegar de su posguerra ni de recuperarse de sus traumas de guerra. Ambas hermanas son fruto de su época, la mayor es un reflejo del oscurantismo, de esa España que se ha encerrado sobre sí misma y de paso trata de clausurar a los demás, la niña quiere volar, refleja la incipiente voluntad de recuperación de un pueblo que ha sufrido mucho, pero todavía está demasiado atada al pasado. En su presentación, Musarañas parece llevarnos al drama social de la España profunda, nos hace que la emparentemos con la excelente Una vela para el diablo de Eugenio Martín. Pero la cinta avanza y habremos de cambiar de referente.  Todo cambia cuando entra en escena su vecino Carlos. Carlos es un hombre todavía joven, despreocupado y poco responsable, parece estar huyendo (aunque no sabemos hasta más tarde de qué) cuando cae por las escaleras. La única puerta a la que puede llamar es a la de las hermanas y Montse habrá de hacer un esfuerzo para conseguir entrarle y darle cobijo. La presencia masculina en esa casa va a resultar todo un catalizador que hará aflorar la verdad oculta que no pasa del dintel de la puerta. El comportamiento de Montse cada vez va a ser más enfermizo y la situación va volviéndose cada vez más esperpéntica. Si comparábamos Musarañas con la película de Eugenio Martín al principio, conforme avanza la trama la reconocemos deudora del universo del Fernán Gómez de El extraño Viaje o de Siete mil días juntos. Referencias que se pueden poner en contacto pero que no agotan la ópera prima de Juanfer AndrésEsteban Roel. En su tercer acto la película se distancia de sus precedentes y nos regala un festín de hemoglobina con ritmo envidiable que arropa todo un impacto final.

musaranas

En Musarañas se dan la mano el costumbrismo, el esperpento y el humor negro para traernos un soplo de aire fresco y una mirada nueva sobre temáticas que no lo son tanto, pero que a la luz del filme cobran nuevas dimensiones. Escasas son las localizaciones de la acción: la calle vista desde la ventana (desde la mirada de Montse), el rellano, límite del territorio de la mayor de las hermanas, y el piso del que no va a salir Montse, (otro espacio es el piso del vecino, que sale en una sola escena). Un espacio limitado e interior que fuerza la pericia de los directores para construir los encuadres más certeros y los fuera de campo más efectivos. Si la labor de los directores es meritoria, magistral es la interpretación de Macarena Gómez. La actriz demuestra su capacidad para el drama sin renunciar a la vis cómica a la que debe su popularidad televisiva; combinando ambos registros construye un personaje con alma, lleno de matices que despierta ternura incluso cuando se hunde en la espiral de desquiciamiento que conduce al turbulento y sangriento final. La Montse de Macarena es un ser a la vez fuerte y desvalido, con una sensualidad reprimida y un pasado que no deja de torturarla, la actriz le comunica al personaje un perfil psicológico complejo que será el motor de toda la trama, sabe convertirse en el epicentro de la acción sin caer en ningún momento en el hsitrionismo. Posiblemente sea su mejor papel y su mejor interpretación.

musarañas 2

En el apartado actoral, Macarena está bien acompañada por Hugo Silva y Nadia de Santiago, pero nuevamente es Luis Tosar el que llena con su presencia la pantalla en las contadas ocasiones que entra en acción. Luis Tosar interpreta al padre “desaparecido” de Montse al que ésta, sin embargo, ve como aparición (alucinación, si se prefiere); funciona en ella como voz de la conciencia (semejante al caso de la serie Dexter), una conciencia que la reprende y casi ridiculiza en sus intentos por cambiar su situación. Es este personaje el que introduce muchas de las notas cómicas del filme. Pese a lo opresivo de la situación que se plantea, Juanfer Andrés y Esteban Roel saben dar a la cinta un clima ágil y distendido, la película se hizo con el fervor del público que se deshizo en aplausos tras la proyección vespertina. Al final no obtuvo ningún premio, pero seguramente va a ser de las más recordadas. Esperamos que el público general (el de Sitges no deja de ser el target más específico al que va dedicada) la acoja con el mismo entusiasmo y llegue a ser el éxito de taquilla que deseamos para esta producción de Álex de la Iglesia.

Recordaré siempre la frase de un amigo al salir del pase de Musarañas que afirmaba que había que darle un premio ya sin esperar el resto del festival. Con la misma sensación de que había que galardonar la película recién vista, salimos del Retiro tras ver The Voices. La última cinta de Marjane Satrapi (que no procede de un cómic de la autora) nos arrebató por su habilidad a la hora de mezclar diversos ingredientes narrativos (fantasía, comedia, drama y hasta musical) y conseguir un filme redondo (o casi) en el que el retrato de un psychokiller no conduce al terror sino a un universo fantástico donde hasta las mascotas hablan.

Voices cartelRyan Reynolds es Jerry Hickfang, mozo de almacén en una empresa de recambios sanitarios. Es un chico especial, siempre de buen humor y con un halo de ingenuidad extrema, casi demasiado extrema. Vive solo en compañía de sus mascotas, un perro, Bosco, y un gato, Mr. Whiskers, y está enamorado de Fiona (Gemma Arterton), que trabaja en el departamento de contabilidad. Todo parece dispuesto para que se nos cuente una historia romántica en la que el chico ha de conquistar a la chica que de entrada tiene reparos hacia él. Pero no, Satrapi (que debutó adaptando su cómic en Persépolis) nos tiene preparada toda una caja de sorpresas. Y no por el giro que toman los acontecimientos cuando de forma accidental Jerry acaba con la vida de Fiona, giro que hará que lo que parecía una comedia romántica pase a entrar en el slasher, porque hasta ahí tampoco habría habido novedad. Lo que hace especial The Voices es el tono narrativo que va a elegir la iraní para desarrollar la trama. De entrada las mascotas de Jerry hablan, jugando a ser su particular demonio que le impele a profundizar en el mal (el minino) y su ángel portavoz de la conciencia (el perro); y no serán las únicas voces, también las asesinadas tienen mucho que decir a la hora de aprobar o afear la conducta del joven. Lo que podía haber sido una historia de psychokillers al uso, se convierte en un jolgorio fantástico y colorido.

voices-1

El color tiene valor narrativo en la película de Satrapi, es un medio para sumergirnos en el desdoblamiento esquizofrénico del protagonista. La realidad es que el entorno de Jerry es gris, además de su trastorno psicótico, padece todo un síndrome de Diógenes que le lleva a vivir rodeado de mugre y descomposición, nada mantiene equilibrio en su verdadero mundo (lo descubrimos a través de terceras miradas). En verdad, el estado psicótico libra al protagonista de ver lo sórdido de su situación. La iraní ofrece un retrato empático del psicópata para hacernos ver el drama de la locura, su retrato bizarro es más efectivo para ello que el habitual tono dramático. Maestra en el arte de la viñeta, usa la paleta cromática para hacernos entrar en la visión deformada del enfermo sin emitir juicios de valor sancionadores.

En The Voices la autora de Persépolis (que por primera vez parte de un guión ajeno) juega a reinterpretar claves del género demostrando su capacidad para entonar una voz personal y propia. Si el asesino múltiple nos ha llegado siempre desde el prisma del terror, Satrapi lo desplaza al fantástico, añadiéndole gotas de comedia gamberra, desde un humor que no es negro sino multicolor, y no dudando en acercarlo al musical, muy meritorias y desternillantes son las coreografías que abren y cierran la cinta (y no son los únicos números musicales que contiene). Supone todo un cambio de registro respecto a Pollo con ciruelas la última película suya que hemos podido ver en España, pero no abandona, sin embargo, el aura mágica que ha impregnado muchas de sus historias. A conseguir esa magia contribuye grandemente el trabajo actoral de Ryan Reynolds, el actor está sobresaliente tanto en la composición del amable e ingenuo piscópata, como en el trabajo con la voz, él es quien dobla tanto al bonachón Bosco (la voz de la conciencia) como al quisquilloso Mr. Whiskers (la pulsión asesina).

Voices-3

Por su originalidad, por su alucinado bizarrismo y su personal retrato de la locura, The Voices se contará siempre entre nuestras películas favoritas, aunque seamos conscientes de que es un plato que no se va a adaptar a todos los paladares. Aquí somos amantes de los productos inclasificables y siempre estamos dispuestos a romper una lanza por ellos.

Categorías:Festival de Sitges

Sitges 2014, licántropos en el festival, Late Phases y Der Samurai

24 octubre 2014 Deja un comentario

acróteraContra el orden regular de la naturaleza se erige el monstruo. Como sustantivo deriva del vocablo latino ‘monstrum‘,  con un significado inquietante: ‘aviso de los dioses'; el monstruo advierte de lo sobrenatural. Ahora bien, el monstruo no sólo muestra a, también es mostrado por el hombre para otros hombres con la finalidad de conjurar los miedos. El monstruo causa espanto y el espanto aviva la prudencia. Adversarios por excelencia de los héroes, nos repelen, y, sin embargo, también nos atraen; lo explicaba ya Friederich Schiller en Del arte trágico (1792): “es un fenómeno general en nuestra naturaleza que lo que es triste, terrible y hasta horrendo nos atrae con una fascinación irresistible; que las escenas de dolor y de terror nos repelen y nos atraen con la misma fuerza.” Es la atracción por lo desmesurado, por aquello que rompe con los límites e invita a la transgresión. Por lo sublime. En el monstruo se refleja también, pues, nuestra voluntad de contravenir nuestra condición finita y mortal, nuestra necesidad de asaltar el cielo y pensarnos dioses.

Máscaras de inmortalidad, los monstruos han poblado nuestras lecturas del mundo, primero en el mito, en la literatura después y en el cine más tarde. Su figura se ha convertido en ítem clásico de nuestro imaginario fantástico. Es por eso que cada año se dan cita en el Festival de Sitges un buen número de ellos. Desde los más modernos, zombies, asesinos seriales, a los más Hombre Lobotradicionales como son los vampiros o los hombres lobo. En el licántropo nos vamos a entretener. El lobisón es probablemente la criatura legendaria que está presente en más culturas, hombre bestia, a través de él nos contamos el poder de los instintos y la necesidad de controlarlos. La naturaleza como mal frente a lo civilizado humano como bien, esa es la premisa que subyace en su articulación, pero estableciendo que esa naturaleza está también en la esencia de lo humano. Así el licántropo es manifestación del bifrontismo de nuestra especie. Leyenda arcana, el cine es el que ha armado los rasgos con los que nos lo representamos revitalizando el mito (poco presente en la literatura) y manteniendo su popularidad hasta nuestros días. A lo largo de la historia del séptimo arte se han dado diferentes versiones sobre la licantropía desde las más románticas (el hombre que se transforma en lobo está afectado por una maldición y sólo se librará de ella si se le da muerte por amor, Waldemar Daninsky por excelencia) hasta las más brutales (Un hombre lobo americano en Londres, la saga Aullidos iniciada por Joe Dante como ejemplos), pero el cine no ha agotado aún las representaciones sigue siendo posible acercarse al mito y darle una nueva interpretación. Muestra de ello son las desiguales Late Phases y Der Samurai, más convencional la primera, más particular la segunda.

Late Phases es el primer largometraje de Adrián García Bogliano rodado en inglés, el autor argentino nacido en Madrid debuta en el mercado de EE.UU. con este filme de hombres lobo. Esta vez no ha estado al cargo del guión sino que ha partido del trabajo de Eric Stolze (escritor del Under the Bed de Steven C. Miller), de ahí que pueda ser considerada como la más impersonal de sus obras. Pero impersonal no significa despreciable, Bogliano ha sabido trabajar como buen artesano y aprovechar los recursos con los que ha contado, superiores a sus anteriores producciones pero lejos de ser desorbitados.

LP_Posters11x17.inddEl filme nos enfrenta de entrada a la vejez, esa última fase de la vida en la que se nos considera casi incapacitados para cuidar de nosotros mismos, a veces incluso poco menos que una carga para los demás. Probablemente así vea Will (Ethan Embry) a su padre Ambrose ( Nick Damici) militar retirado ciego, excombatiente de Vietnam, al que prácticamente obliga a vivir en Crescent Bay un barrio residencial, vigilado e idílico en apariencia, donde viven sólo ancianos. Pronto descubrimos que no es tan paradisíaco, la promesa de tranquilidad desaparece cuando unas criaturas extrañas atacan el complejo. Los ataques coinciden con la luna llena y no son los primeros que han tenido lugar. Nuestro veterano de guerra, tocado por todos los estigmas que asociamos a tal figura (amargado, casi borde, pero con un punto entrañable), va a ser el que se les enfrente.  Sus deducciones apuntan a que se trata de unas criaturas enormes, demasiado grandes para ser alimañas, la coincidencia con la luna llena (la última fase de la luna) le hace sospechar que se trata de licántropos. Ambrose confirmará sus sospechas, desvelará la identidad (previsible) del hombre lobo, y acabará con las criaturas en un tercer acto en el que se saca todo el jugo a unos efectos voluntariamente artesanales, con transformaciones propias de la vieja escuela orquestadas por Robert Kurtzam.

Adrián García Bogliano es un autor que va madurando con cada nuevo filme, lejos de encorsetarse, a lo largo de su obra ha ido recorriendo los distintos subgéneros del terror y los ha ido abordando, además, desde diversas narrativas y estilos cinematográficos. Late Phases supone su incursión en el terreno de las monster movies, de la que cabe destacar su elección de un personaje central atípico en este tipo de películas, su protagonista es un anciano que se revela todo un héroe otoñal, un sosias del Eastwood actual metido a cazador de licántropos. Esto permite darle a la cinta una dimensión peculiar, la caza del monstruo está puesta al servicio de la dignificación de la vejez tratada además con mucho humor (cosa esta última en la que coincide con otros retratos de personajes similares, un ejemplo sería  El anciano que saltó por la ventana y se largó). Valor que quizás no sea apreciado por todos, pero que la hace ser distinta sin tener que apartarse de los estándares de los relatos licantrópicos.

late-phases

La cinta del argentino no deja de tener toques peculiares, pero no tantos como para ser arriesgada. Sí lo es y mucho la propuesta de Till Kleinert, Der Samurai. Producción de bajo coste, financiada mediante crowdfunding, está ópera prima busca ser una rareza en toda la polisemia del término, extraña y singular. Su historia nos lleva a una aldea alemana que está samurai cartelsiendo amenazada por los lobos, Jakob (Michel Diercks), jefe de la policía local, con la intención de apartar las fieras de las viviendas, deja cada día carne en el bosque. Jakob es un hombre taciturno y apocado, apenas respetado como autoridad por sus convecinos (especialmente por los jóvenes). Un día llega a comisaría un extraño paquete destinado a “Lobo Solitario”, ese mismo día más tarde recibe una extraña llamada pidiéndole que lleve personalmente el paquete a una casa abandonada en el bosque. Jacob, después de finalizar la jornada, se dispone a cumplir el encargo. En la casa se encuentra con un enigmático personaje: un hombre ataviado de mujer con un vestido blanco (semejante al de una novia), él es el destinatario del paquete, que contiene una katana. A partir de ese momento empieza un juego sádico entre los dos personajes, el travestido samurai (Pit Bukowski) emprende una espiral de violencia contra el pueblo a la que trata de arrastrar a Jacob, quien se ve desbordado por la incontrolable situación.

La película aparenta a primera vista ser una historia de suspense de policía persiguiendo a psicópata asesino tocada con una estética queer. Pero es mucho más que eso. Der Samurai es toda una exploración de los impulsos reprimidos. La odisea de Jacob persiguiendo y combatiendo al travestido es un paralelismo de su autonegación, de esa contención que cree necesaria para integrarse en su medio, una sociedad pequeñoburguesa, rural y pacata (que bien pudiera trasponerse a  cualquier otra sociedad occidental) en la que el diferente no es bien visto. Los atropellos del travesti semejan actos de venganza contra ese orden represor y censurador, la desinhibición airada y justiciadora. Es la rebelación de la naturaleza. El samurai es el trasunto del lobo, un lobo que como el de Caperucita representa la pulsión sexual. Personaje sin nombre, es el alter ego del propio Jacob. Si alimentando al lobo conseguía alejarlo del pueblo, del orden castrador, para liberarse de esa carga habrá de darle muerte. Matar la fiera es tanto como asumirla (todo un acto de entrega la escena final).

der-samurai-5

Conceptualmente rompedora, Der Samurai viene de la mano de una puesta en escena elegante en la que es especialmente reseñable la paleta cromática de su fotografía. La peripecia nocturna viene retratada con una luz dorada que resalta los colores haciendo cada vez más presente el rojo sangre. Esa fotografía ayuda a crear el ambiente misterioso y dramático, a la vez que (simultánea y paradojicamente) consigue la distanciación irónica que le da un áurea de exageración caricaturesca. Sin ser totalmente redonda, la propuesta de Till Kleinert es de las que nos agrada ver en un festival, pues una de las funciones de un certamen es descubrir nuevos discursos y nuevos valores.

Der Samurai es un canto a la liberación de los corsés castradores de la sociedad conservadora que nos rodea. Como dijo el propio Kleinert al presentarla, es una invitación a bailar. A bailar con lobos.

Categorías:Festival de Sitges

Sitges 2014: objetos malditos, Annabelle y Oculus

20 octubre 2014 Deja un comentario

Annabelle cartelSi en el panorama actual del terror estamos asistiendo al renacimiento de sus manifestaciones más clásicas (casas encantadas, fantasmas, ambientes góticos… ), no podían faltar en Sitges buenos ejemplos de ello. Ejemplos que han resultado de factura y acogimiento (por parte del público) dispares. Uno de los autores que más ha contribuido a ese renacimiento es James Wan, con sus dos entregas de Insidious y, sobre todo, con The Conjuring. Es por eso que Annabelle era una de las películas que más interés había generado a priori. No en vano venía dirigida de la mano del director de fotografía de las aclamadas cintas de James Wan, John R. Leonetti, avalada por la producción del propio Wan y con el reclamo de la muñeca Annabelle (que ya tenía un papel episódico pero intenso en The Conjuring). Tal vez era esperada también porque la pediofobia, ese miedo irracional a las muñecas, es uno de los temores más extendidos. Todas esas expectativas se vieron frustradas: la película no pasó de ser una exploit desleída del subgénero y el público la despidió (en el auditorio) con la pitada más unánime. Abucheo no totalmente justo porque no deja de jugar honestamente con las claves de la serie B.

Annabelle 1

Annabelle es un producto pop que busca calar en el segmento más joven del público, terror para adolescentes como se ha puesto de manifiesto en Francia, altercados incluidos. Como tal no carece de las típicas escenas de impacto (lamentablemente desveladas casi todas en el trailer), algunos sustos bien filmados y bien coreografiados que podrían redimirla si no fuera por el exceso de ingredientes que se dan cita en su guión. Efectivamente, el argumento de Annabelle resulta complicado (que no complejo) con una sobrecarga de elementos que no acaban de tener buena resolución. En Annabelle se dan la mano sectas destructivas (con la sombra de Manson en el horizonte), asesinatos brutales (en fuera de campo), invocaciones satánicas, posesiones diabólicas y hasta inmolaciones altruistas para salvar a la protagonista. Acumulación de tópicos que acaba empañando el esperado protagonismo de la muñeca maldita, que era lo que a priori prometía este filme concebido como spin off (y a la vez especie de precuela) de The Conjuring. Y, por si fuera poco, el cóctel viene aderezado por un mensaje moralista y conservador.

DSC_0073

Annabelle en Sitges (Foto: Serendipia)

En resumen, sin que pueda considerarse como despropósito, Annabelle tiene (casi)todos los números para acabar decepcionando. Mucho más redonda resulta Oculus (Mike Flanagan), aunque dividió al público en dos grupos irreconciliables: los que le dedicaron grandes, y hasta excesivos, elogios y los que prácticamente la abominaron. Entre los comentarios positivos el más exagerado fue el de un espectador que la calificó de nuevo hito del terror como en su día fuera El exorcista (William Friedkin), basando su juicio en las reacciones de pánico que había observado durante la proyección. Podemos testimoniar que parte de la platea disfrutó pasándolo verdaderamente mal, pero Oculus no pasa de ser oculus carteluna película efectiva que (para nosotros) tiene su mejor baza en la perspectiva narrativa bajo la que se desarrolla. Su argumento no es original (ni lo pretende): tiempo atrás, un asesinato dejó dos niños huérfanos. Las autoridades culparon al hermano, mientras que la hermana creció creyendo que el verdadero culpable fue un antiguo espejo maldito. Ahora, completamente rehabilitado y con veinte años, el hermano está listo para empezar de nuevo, pero la hermana está decidida a demostrar que fue el espejo lo que destrozó a su familia (FILMAFFINITY). No es, pues, más que una típica historia de objetos encantados que extienden su maldición a lo largo de los tiempos en la que se mezcla terror y suspense a partes iguales. No es un hito ni va a serlo. Ahora bien, sí tiene suficientes valores como para merecer ser bien considerada dentro del subgénero al que se adscribe.

Lugar común en este tipo de relatos es que los hechos terribles sucedan en dos momentos distintos del tiempo, uno pasado en el que se gesta la maldición y otro presente en el que se repite el embrujo pudiendo quedar resuelto o, al contrario, reforzado para seguir dándose. Del pasado se puede dar noticia en una secuencia inicial que funcione a modo de prólogo o mediante una serie de flashbacks; Oculus opta por lo segundo. Lo que la hace peculiar es que los flashbacks no suponen una ruptura del tiempo de narración sino que se trenzan totalmente con el presente al estar montados en paralelo y secuenciados a la par. El espectador va descubriendo a la vez el antecedente y la peripecia actual, coincidiendo, además, su descubrimiento con el del propio protagonista que va rescatando sus recuerdos mientras vuelve a pasar por situaciones parejas. Flanagan sabe desarrollar las dos tramas haciendo coincidir sus clímax y consiguiendo que la intriga se extienda por igual a ambas. Recurso que consigue por sí mismo crear la atmósfera y la tensión. Los sobresaltos no dejan de estar en un segundo plano respecto a la estratagema narrativa, pero ello no los desmerece sino que los coloca en el punto de mira exacto para que resulten efectivos y no chirríen (ni siquiera son vergonzantes las apariciones fantasmales).

oculus2

Oculus confirma a su director como hábil orquestador capaz de dar un toque personal a materiales usados muchas veces antes. Y sin duda fue el mejor filme adscrito al terror clásico de los que se presentaron en la 47 edición del Festival. A tener en cuenta.

Categorías:Festival de Sitges

Sitges 2014: propuestas extravagantes, La distancia y Adieu au langage

18 octubre 2014 Deja un comentario

Pese a todas las críticas que pueden hacérsele (y que iremos enumerando en nuestras crónicas), el Festival de Sitges es fantástico. Lo es, pero no por centrarse en un género, en verdad la acumulación de secciones hace que cada vez haya más piezas que no se pueden incluir en los cánones del mismo. Lo es porque su abigarrada (e inabarcable) programación permite la cohabitación de cintas muy dispares entre sí que van desde lo más comercial a lo más experimental y bizarro. Y así se tiene oportunidad de ver obras que difícilmente van a poder verse en las salas, bien porque directamente no se estrenen, bien porque aunque lleguen a los cines permanecerán muy efímeramente en la cartelera. Dos claras candidatas a tal destino son La distancia del poco pródigo Sergio Caballero y Adieu au Langage de esa vaca sagrada que es Jean Luc Godard. Las dos propuestas más insólitas de esta edición.

La-distancia-2014Extravagante se dice de lo raro, extraño, desacostumbrado, excesivamente peculiar u original (en definición de la Rae). El matiz del exceso de originalidad se ajusta como un guante a la segunda obra de Caballero (quien debutó con esa otra excentricidad que es Finisterrae), porque desde luego no es disfrutable por todos los paladares, de hecho tras el pase de prensa (un domingo a las 8,30 de la mañana) hubo un tímido intento de pitada. Para algunos La Distancia (y con permiso de Asmodexia) fue una de las peores cintas de esta edición. Sin embargo, quien esto escribe, celebró y celebra haberla visto. Porque La Distancia más que un relato es toda una experiencia.

Al segundo largometraje de Caballero no le falta argumento, nos lo resumen bien en Filmaffinity: un artista confinado en una central térmica de Siberia encarga a tres enanos con poderes sobrenaturales que planifiquen y roben algo que denomina “la distancia”.   Otra cosa es que ese argumento vaya a alguna parte, nos genere intriga, nos conduzca a un desenlace después de haber tramado un nudo. En verdad, toda la trama funciona a modo de MacGuffin, el problema, si se quiere, es determinar de qué lo es. La película nos desafía, tiende un pulso a nuestro intelecto, si pretendemos analizarla desde el punto de vista del discurso enunciativo perderemos el tiempo. Para gozarla, la estrategia es renunciar a entenderla, porque esa es la única forma de comprenderla. Si nos dejamos llevar, disfrutaremos, de entrada, de la acumulación de detalles bizarros que contiene y que componen una melodía delirante que puede arrebatarnos: esos enanos telépatas, ese gritar Pluto tras alcanzar el orgasmo practicando el onanismo, ese bidón humeante que (¡agarrense fuerte!) recita haikus en japonés…

Abandonados al placer de ser mirones, La Distancia no nos cuenta pero sí nos habla.  Casi parece un ejercicio de “escritura” automática propio del surrealismo, su propósito también cabe bajo el espectro de la comparación de Lautremont que los surealistas hicieron suya: La Distancia es un filme que se pretende “bello como el encuentro fortuito, sobre una mesa de disección, de una máquina de coser y un paraguas”. Tras esa superficie de elementos bizarros que citábamos  se esconde todo un retrato sobre la extrañeza, la del arte, la de la vida. Retrato en el que resulta fundamental la localización. La acción se enmarca en un paisaje a la vez inhóspito y subyugante, un entorno que nos atrae y nos excluye simultáneamente. Paisaje que resulta de la intersección de una naturaleza feroz, devoradora, y el vestigio de lo humano representado por las restos de la central térmica abandonada (Siberia en la ficción, en realidad se trata de un paraje turolense). La_distancia_Film_still_4En ese dominio, en nuestro hoy postmoderno, se reavivan las nociones románticas asociadas al concepto de ruinas:  nostalgia, evocación, soledad, belleza. Los restos industriales se tiñen de melancolía y nos sumergen en una plácida nostalgia que nos enfrenta a la soledad que nos provoca  ver concluido el pasado mientras ignoramos el futuro. Las ruinas, como decía Georg Simmel, son los restos arrojados por la gran contienda del hombre con la naturaleza. Y en medio de ellas se esconde el artista olvidado, el de la ficción que no deja de ser un remedo de Joseph Beuys, y su obra dadaísta que se esfuerza baldíamente en intencionar la vida. La Distancia es, pues, una película sin sentido que nos habla del poder del sinsentido. Esa es nuestra lectura, que no nos planteamos en ningún momento hacer coincidir o no con la del cineasta. Cosa que no habría de importarle si, como afirma en una entrevista, es cierto que para él “da igual de qué vaya la película, lo que hago es mostrar personajes y un lugar donde pasan una serie de cosas”. Como decíamos, toda una experiencia estética.

adieuEn la misma dialéctica entre naturaleza y cultura se instala Adieu au Langage.  El último trabajo de Godard tampoco es un relato, su discurso no es narrativo sino poético. Adieu au Langage nos pone frente a un poema visual dividido en cinco estrofas : naturaleza, metáfora, naturaleza, metáfora, 3D memoria histórica, con el anagrama fonético de su título (Ah, Dieu! Oh, Langage!) a modo de estribillo. Godard usa el 3D para componer un recital de efectos plásticos (celebrados algunos con aplausos por parte del público), el recurso de la tridimensionalidad le sirve como paleta con la que experimentar y anonadar, es el fondo sobre el que destaca como figura el ensayo repleto de citas literarias, filosóficas, musicales y cinematográficas (entre ellas Sólo los ángeles tienen alas, El hombre y el monstruo, Metrópolis, La condesa descalza). Todo un ejercicio de intertextualización que bombardea al espectador con tal número de conceptos y efectos que se hace imposible captar en su totalidad. Pero Godard ya cuenta con ese anonadamiento porque no quiere transmitir sólo ideas, o mejor dicho, quiere que esas ideas se formen en el espectador a través de lo sensorial. Habla a la razón, sí, pero para despertar el sentimiento desde el que el pensamiento quede fijado en nuestro yo más íntimo. El suyo es un trabajo subliminal.

Adieu au Langage son setenta minutos intensos en los que el artista nos asoma al abismo de nuestra condición. A los humanos nos está negado aquello que Kafka en uno de sus relatos definió como “la alegría de vivir entre las plantas”: nos es imposible ya vivir sin la mediación del lenguaje. Nuestra experiencia nunca es directa, no podemos asomarnos a la naturaleza más que a través de la metáfora. adieu3 Metafórico es el can que centra buena parte del filme: a través de su imagen Godard apela a nuestra intuición para mostrarnos a la naturaleza entregada a sí misma, ese perro habita la inmediación que nos está vedada y de la que sólo podemos atisbar reflejos en su ausencia. El hombre está condenado a debatirse entre la naturaleza y la metáfora, la cultura nos escinde del entorno al hacerse autoconsciente en nosotros. La conciencia nos hace percibir el límite, sólo el hombre sabe que muere, y a la vez nos instiga a transgredirlo, nos incita a superarnos a través de la creación. Nuestro yo escindido nos impele a jugar a pretendernos dioses, ahí está como muestra de ese anhelo el mito de Frankenstein que Godard cita expreso. Crear desde la nada para evitar la nada. La criatura de Frankenstein es un monstruo en su sentido etimológico, algo digno de mostrarse, pero también en su acepción de ser fantástico que causa espanto.

El lenguaje nos aboca a la maravilla y al horror. Ese es en esencia el discurso de Godard, pero el francés, ya anciano, aprovecha ese marco para acumular denuncias a los males de nuestro hoy: la crisis, la victoria solapada del totalitarismo (la corrección política es una de las máscaras del pensamiento único), la (im)posibilidad de la igualdad entre los sexos (ante la que casi literalmente se caga el artista), el abandono de la lectura y el conocimiento enciclopédico sustituidos por la dependencia de las TICs… Godard carga con todo y contra todo en un alarde de desparpajo, de fresca mala leche, que ya quisieran muchos para sí.

adieu-au-langage-de-jean-luc-godard-cannes,M151183

Tanto Sergio Caballero como Jean Luc Godard juegan a épater les bourgeois, y aunque la transgresión ya esté domesticada y su utilidad sea más que discutible, siempre es sano ejercerla.

Categorías:Festival de Sitges

Sitges 2014, las ganadoras: I Origins y The Babadook

14 octubre 2014 Deja un comentario

La 47 edición del Festival de Sitges que ha tocado a su fin deja tras de sí varios títulos memorables, no todos ellos reconocidos en el palmares. Entre las injustamente ignoradas por el jurado, a gusto de quien escribe, figuran Musarañas (Juanfer Andrés), con la notable interpretación de Macarena Gómez, e It Follow (David Robert Mitchell), la más terrorífica de las cintas visionadas. Olvido que resulta más lamentable si tenemos en cuenta que el palmares ha estado muy repartido gracias en buena medida a la profusión de menciones especiales. Del mismo modo que lamentamos estas ausencias, estamos en desacuerdo con la concesión del mayor galardón al segundo largometraje de Mike Cahill, una película que, sin carecer de interés, no pasa de ser una obra pensada para el disfrute del público más general y menos exigente.

I OriginsI Origins, la ganadora, ofrece una reflexión (de poco calado) sobre la dialéctica entre la fe y la razón. La complejidad del ojo humano es aducido por los creacionistas como muestra de diseño inteligente que probaría la existencia de Dios. Ian Gray (Michael Pitt), un estudiante de biología molecular, busca la prueba que demuestre que nuestro ojo es fruto de la evolución y no de un diseño predeterminado, se opone, por tanto, a los argumentos religiosos en nombre de la razón y la ciencia. Ian compatibiliza sus estudios con su afición a fotografiar ojos, esa afición le llevará a conocer a Sofi (Astrid Bergès-Frisbey) atraído por su iris multicolor, pronto entrará en debate con las creencias de la joven que defiende la existencia de un trasfondo espiritual en nuestras vidas. Pese a sus discrepancias, Ian y Sofi vivirán un intenso romance que acabará bruscamente con la trágica muerte de la joven, muerte que coincide con el descubrimiento del componente que demostraría las tesis evolutivas de Ian. Años más tarde su teoría será puesta a prueba tras el hallazgo de un nuevo dato: los ojos humanos no son exclusivos de cada individuo como había supuesto nuestro científico. El nuevo giro de su investigación le llevará a viajar a la India en busca de la persona cuyo iris coincide con el de Sofi y los datos encontrados serán suficientes como para establecer una duda razonable que hace tambalear su creencia. La cinta de Cahill, con tintes de ciencia ficción, expone, pues, una resolución de la dialéctica ciencia-religión que apuesta por la defensa de una espiritualidad edulcorada propia de la literatura new age.

I Origins se pretende relato de ciencia ficción con fondo metafísico, pero se pierde en los derroteros del drama romántico y la exaltación facilona de la emotividad del espectador. Pese a ello y a su desarrollo plano y nada arriesgado, la película funciona manteniendo el interés del público hasta el final, en buena medida por unas interpretaciones más que plausibles por parte de todo el elenco. Filme amable, bendecido por una parte de la crítica americana tras su paso por Sundance, no es más que un producto mainstream tan fácilmente ingerible como olvidable.

Insuficientes méritos, los de I Origins, como para alzarse con el premio a la mejor película, máxime cuando en esta edición se presentaban títulos mucho más redondos. Ese es el caso de The Babadook, que se ha tenido que conformar con el premio especial del jurado pese a que había sido celebrada con honores en las redes sociales. Y es que Jennifer Kent, su directora, sabe aprovechar los lugares comunes de los relatos de fantasmas imprimiéndoles un toque babadookoriginal y personal. Nos cuenta la historia de una joven viuda que perdió a su marido cuando la llevaba al hospital para dar a luz. Seis años después de esa trágica muerte,  Amelia (Essie Davis) continúa perdida intentando educar a Samuel (Noah Wiseman), su hijo de seis años, que vive aterrorizado por un monstruo que se le aparece en sueños y amenaza con matarlos. La situación se complica cuando aparece un extraño libro que parece escribirse mientras se lee (como en La historia interminable ellos parecen formar parte de la narración) y cuenta la historia del Babadook (una especie de hombre del saco). El niño ve en el Babadook la manifestación del monstruo de sus pesadillas y eso le hace caer en conductas violentas e impredecibles. Amelia, muy asustada por el comportamiento de su hijo, se ve forzada a medicarle. Pero cuando comienza a vislumbrar una presencia siniestra a su alrededor, Amelia poco a poco se da cuenta de que aquello sobre lo que Samuel la ha estado advirtiendo puede ser real…

wall_1024x768_01The Babadook es presentada por sus productores como un “thriller sobrenatural en la tradición de los clásicos horrores domésticos de Polanski, tales como La semilla del diablo, El quimérico inquilinoRepulsión”. Han creado, pues, unas grandes expectativas que la película supera con nota. Su puesta en escena es impecable, utilizando el fuera de campo como elemento de intriga y dosificando con buen tino los momentos más impactantes. Kent se adentra en la tradición más clásica del terror y alumbra un cuento sombrío sobre los miedos de la infancia, combinando elementos de la tradición de casas encantadas, aquí más bien del objeto maldito (ese libro de cuentos del que es imposible deshacerse), y las apariciones fantasmagóricas. En The Babadook el componente sobrenatural es usado para hablar de los traumas de la pérdida y la dificultad para superar los duelos. Es la sombra del padre muerto la que planea sobre la relación madre-hijo, la que está en la raíz de los miedos del niño y en el sentimiento de culpa de la madre. El monstruo funciona a modo de catalizador que permite resolver los complejos, proporciona una catarsis en la que se verán superados los fantasmas del pasado y permitirá librarse del peso que oscurece los lazos maternofiliales. Dominar al Babadook supone tanto como conjurar el dolor para poder desarrollarse con normalidad (bien jugado ese fuera de campo del final).

baba

La película australiana es un filme atmosférico que tiene una de sus mejores bazas en el magistral desarrollo del arco de transformación de los personajes y la perfecta interpretación de sus actores principales (el trabajo de Essie Davis se vio recompensado con el premio a mejor actriz ex aequo con Julianne Moore). Meritoria es también la labor de Jennifer Kent que se muestra capaz de darle la vuelta a los lugares comunes (algunos usados hasta la extenuación a lo largo de la historia del cine) y mostrarlos como novedosos, ello se da gracias a como sabe jugar sus cartas en un exquisito despliegue de las formas. El esmerado desarrollo de los personajes se ve arropado por un dominio total del ritmo narrativo (sorprendente en una debutante) y un acertadísimo sentido del montaje. A The Babadook no le falta nada, esperemos que sean ciertos los rumores de que tendrá estreno comercial en nuestras salas.

Categorías:Festival de Sitges

Sitges 2014: The Double, un Dostoievski retrofuturista y kafkiano

orson-welles-the-trial-kafka-13¿Quién no ha pensado alguna vez que Kafka fue el escritor realista del siglo XX, y de lo que llevamos del XXI también? El checo se nos representa en ocasiones como todo un profeta de lo que iba a ser (y está siendo)  la (post) modernidad occidental: este mundo nuestro circundado por parajes laberínticos que parecen interponerse entre el sujeto y su vida. Y no es necesario siquiera referirnos a lo trascendente, lo kafkiano aparece en las situaciones más cotidianas, basta por ejemplo pensar en nuestras “charlas” con los contestadores automáticos que pretenden descongestionar los servicios de atención al cliente (“si su consulta es por otras causas diga, otras causas o marque 4″) y que terminan de agotar nuestros nervios ya exhaustos por la emergencia que queremos comunicar y resolver (“disculpe, no le he entendido. Si su consulta es sobre…”). El hombre occidental contemporáneo no se las tiene que haber con hambrunas ni con epidemias ni con guerras, no, pero lo violento sigue hydependiendo sobre él, aunque sublimado en actividades y relaciones de apariencia civilizada. Una violencia con piel de cordero que se filtra por las rendijas de nuestros perfiles más vulnerables y que no puede ser sojuzgada por la corrección política (antes al contrario, pero ese ya sería otro debate). Una violencia tan punzante como familiar e inane. Así resultamos sujetos desorientados, perdidos en la anodina ferocidad de nuestras existencias rutinarias, asaetados además por la dominante cultura del éxito (desde el famoseo de papel couché a las primas por resultados, pasando por el simple pretender ser el más ejemplar en todo momento y lugar), y rodeados de burocracia por todos los flancos.

No es difícil imaginar que bajo cualquiera de nosotros, siempre tan domesticados y tan presionados, viva agazapado un reverso virulento presto a transgredir las reglas y a erigirse en amo, suele aflorar en nuestros devaneos etílicos y suele quedarse ahí en nuestras aventuras de barra de bar (si es posible la revolución es también otro debate). Stevenson se nos aparece igualmente como pronosticador de nuestro hoy. ¿Y qué ocurre si cruzamos al Jekill de Stevenson con el Joseph K de Kafka? Sencillo, se manifiesta ante nosotros Goliadkin, el protagonista de El Doble de Dostoievski, todo un avance del psicoanálasis. Y si a ese entramado lo vestimos con un ropaje retrofuturista, para dotarle de un aire de atemporalidad universal a la vez que de proyección del presente en un futuro indefinido, y lo alimentamos  con grandes dosis de humor absurdo, para generar ese extrañamiento que paradójicamente nos hace la trama más cercana, entonces nos encontramos con The Double la película de Richard Ayouade que es una adaptación puesta al día de la novela del ruso.

the-double-uk-poster

Jesse Eisenberg (a quien recordarán por su papel en La red social) es Simon James, un gris oficinista de carácter apocado que es ninguneado en todos los entornos, ya en el arranque del filme le vemos acosado en el metro por un pasajero que le obliga a cederle su asiento aunque el vagón está vacío. No le van mejor las cosas cuando llega a la empresa, su tarjeta de identificación se ha extraviado y el conserje se niega a reconocerle (pese a que le ve todos los días), ese será su primer tropiezo con el orden burocrático opresivo que le envuelve. Enamorado de Hannah, una bella Mia Wasikowska (a la que vimos en Stoker), es incapaz de abordarla para mostrarle sus sentimientos. Tampoco destaca ante el jefe de su sección (Wallace Shawn en el papel de Mr Papadopoulos) , pese a que es eficiente (quizás el que más en la oficina). Condenado a una existencia solitaria, ocupa su tiempo de ocio observando desde su casa con un telescopio la intimidad de Hannah. En una de esas noches es testigo de un suicidio: un hombre, al que no vemos el rostro, salta desde el edificio donde vive la joven, pero antes de lanzarse saluda con la mano a Simon. Parece toda una premonición de lo que espera al protagonista. Esas son las condiciones en las que vive nuestro (anti) héroe cuando irrumpe en escena James (segundo nombre de Simon). James es todo lo que no es Simon, aclamado en la oficina como el mejor empleado de la empresa pronto se hará con las simpatías de Hannah y se irá adueñando del espacio de Simon. La particularidad de James es que es idéntico a Simon, es su reverso perfecto, la cara del éxito que contrasta con su condición de perdedor.

The-Double-Credit-Dean-Rogers-6649

En el filme de Ayouade el doppelgänger actúa a modo de superyo del protagonista (del ello si lo queremos en terminología freudiana), una versión superior de sí mismo caracterizada por no tener ningún tipo de cortapisa moral. Este yo superior irá barriendo del mapa a Simon hasta convertirlo en nada. Si Simon es un nadie, James es un yo pleno ensalzado por el establishment. Cuanto más se engrandece James en su entorno, más se reduce Simon hasta que llega a desaparecer completamente del sistema. Memorable escena la de Simon enfrentándose al encargado de personal que le impide el acceso pues no tiene carta de identidad porque, literalmente, ha desaparecido de la base de datos; todo un diálogo absurdo que nos recuerda la parábola Ante la ley de Kafka. La maquinaria de la burocracia arrolla a Simon, mientras que enaltece a un James en el que nadie, menos él, reconoce su doble.

thedouble

Esa maquinaria en el filme está representada por la empresa de la cual su fundador, The Colonel, es epítome. El motivo del éxito de esa industria es haber sabido lanzar un discurso dedicado a “la gente” entendida como masa en la que ningún individuo es diferenciable. Una invitación a deponer la voluntad de ser uno mismo para vernos satisfechos en la uniformización, donde seremos más felices como afirma la consigna, donde destacaremos precisamente por no destacar. En este marco, la figura de James se ilumina como el objeto de deseo del inadaptado que es Simon, como la proyección de sus anhelos, su aventura revela que los sueños pueden resultar peligrosos y es mejor acabar con ellos para poder ser nosotros mismos. Donde otros ven optimista la lectura de Ayouade, nosotros vemos un mensaje aciago que nos alerta sobre los males de nuestra sociedad presente: ese mundo que anima a la masificación, a la deshumanización,  no es otro que el nuestro.

En esta película, calificada por la crítica como hilarante, diabólicamente inteligente, especial y única, destaca también por su diseño de producción. La peripecia argumental está envuelta de un escenario oscuro, a menudo subterráneo, repleto de ruidosos ascensores, luces y televisores parpadeantes, fotocopiadoras y ordenadores prototipo de los años 50. Un universo lóbrego que le imprime carácter de distopía (en la que reconocemos influencias de Terry Gilliam aunque su paleta esté en el extremo opuesto). Richard Ayouade, pues, nos ofrece un filme ambicioso que supera con excelencia su propósito y le confirma como el gran director que se intuía ya en Submarine, su ópera prima. Para quien escribe pues, es una de las mejores cintas que compiten en esta edición.

Categorías:Festival de Sitges

Sitges 2014: Cold in July, suspense crepuscular

cold-in-july-quad-posterJim Mickle se está convirtiendo en una presencia habitual en Sitges desde que en la edición de 20o7 presentara su ópera prima Mulberry Street. En 2010 vino Stake Land (traducida como Vampiros del Hampa), obra con la que se dio a conocer internacionalmente. y en 2013 repetía cita con We Are What We Are,  remake de la mexicana Somos lo que hay (Jorge Michel Grau), cinta que contó con sus adeptos pero que, en nuestra opinión, no estaba a la altura de la pieza de Grau. En ambas ocasiones Mickle se internaba por el camino del terror, senda que, sin embargo, abandona en su última producción, Cold in July por la que participa en la presente edición del festival. Cold in July puede ser calificada como thriller, sobre todo ahora que dicha etiqueta se ha convertido en una especie de cajón de sastre en el que se engloban películas muy dispares entre sí. En Rotten Tomatoes la califican de misterio-suspense y no faltan listados en la que se la incluye en el drama independiente. Nos preguntamos si es justa su comparecencia en un certamen que se presenta como festival de cine fantástico. Cierto es que las fronteras del fantástico se han ampliado hasta abarcar no una temática sino una forma de narrar, pero, háganse los malabares que se hagan, Cold in July no se puede incluir en el género que da carácter (o debiera dar, al menos) al festival, sobre todo cuando este se pretende principal certamen internacional de cine fantástico.

Cold-In-July-1

La disquisición sobre el género es pertinente a la hora de valorar su inclusión en esta 47 edición, pero no es relevante para enjuiciar su calidad. El buen cine no entiende de fronteras ni taxonomías. Y Cold in July es la obra más redonda de su autor. No sólo por su trama original sino sobre todo por su pulso a la hora de narrar. El televisivo Michael. C Hall (al que le costará desprenderse de su personaje Dexter) interpreta en esta ocasión a Richard Dane un padre de familia corriente que se convierte en héroe local al abatir a un  ladrón que había allanado su domicilio. El filme se inicia como una historia de acoso y venganza, pues los Dane se verán amenazados por Russell (Sam Shepard) exconvicto padre del supuesto ladrón. Todo cambia cuando Dane descubre que la policía ha mentido sobre la identidad del asaltante. A partir de ahí la película se convierte en un relato de compañeros unidos por compartir una causa común. Y ahí es donde el filme toma carácter de naturaleza, en ese giro de guión que nos lleva a una historia de personajes extravagantes con un tratamiento igualmente extravagante de la trama.

Cold in July nos regala una galería de personajes que viene a sumarse a la colección de idiosincráticos pobladores de las narraciones de la américa rural. La película está dotada de un aura otoñal que incluso la aproxima al western crepuscular. Especial mención merece Jim Bob, interpretado por un Don Jhonson en estado de gracia; medio detective medio compinche, Jim Bob representa la amistad incondicional, la fidelidad y el código de honor entre la gente del hampa, y todo ello impregnado por la vis cómica que el actor sabe imprimirle. Aunque la historia que nos trae Mickle vaya cayendo en situaciones cada vez más sórdidas, una leve pátina Don-Johnson-in-Cold-in-July_131005de humor sobrevuela el filme, haciéndolo así todavía más atractivo. La película exhibe ante nosotros la corrupción policial, los miembros del cuerpo están más por figurar que por hacer servicio a la justicia. Paradójicamente serán los fuera de la ley (la tríada de protagonistas) quienes se encargarán de penalizar el delito, organizando la cacería y ejecución del delincuente que campa a sus anchas amparado por el programa de protección de testigos. El sistema hace la vista gorda y le deja actuar impunemente  a cambio de que testifique contra un malhechor más importante; los fuera de la ley no entienden de jerarquías entre delitos, sólo entienden que el mal merece el castigo y se ocuparán de ello aun poniendo su vida en juego. Una ácida conclusión que da razón del título: el desenlace del filme es capaz de dejarnos la sangre helada en las venas.

Categorías:Festival de Sitges
Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 1.270 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: