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Sitges 2014: Muy buen cine y para todos los gustos

29 octubre 2014 Deja un comentario

Sitges 2014

Serendipia pudo disfrutar de otra edición del festival de Sitges, y eso en estos tiempos de estrecheces es algo que celebramos. Especialmente si el festival ha contado con una intensa y fresca programación que, a pesar de que a bote pronto no contaba con ningún título que llamara especialmente la atención, fuera de las ya tradicionales entregas de Miike (bastante inspirado en ambas) y el último Cronenberg, se tornó en un festival de sorpresas para todos los paladares en el que se hizo difícil escoger una favorita: siempre nos venía más de una a la memoria por diversas razones.

Rodrigo Cortés y Manuela Vellés.

Rodrigo Cortés y Manuela Vellés.

También los fallos técnicos que ensombrecieron la edición de 2013 fueron subsanados, y los pocos y breves cortes que se produjeron durante las proyecciones fueron generales y responsabilidad de la compañía eléctrica. Quizás se echó en falta algún invitado estrella, ya que Joe Dante había estado recientemente y quizás el peso específico de Roland Emmerich o del entrañable Dick Miller no era suficiente. Y  bueno, Antonio Banderas fuera de la difusión televisiva y el ‘glamour’ que ofreció al festival, poco o nada aportó al público de Sitges. Pero tuvimos amplia presencia estatal: además del mediático Banderas se contó con otros amigos del festival como Álex de la Iglesia, Carolina Bang, Carlos Areces, Rodrigo Cortés, Macarena Gómez, Manuela Vellés y las estrellas de [REC]4 así como de los directores de la saga, entre muchos otros, de modo que quien quiso cazar autógrafos y tomar fotografías, tuvo donde escoger. Hubo clases magistrales, DSC_0130exposiciones, series de televisión, mesas redondas, libros, cómic, Cine basura con Fox y Viruete y sobre todo cine, mucho cine. Tanto que no pudimos abarcar todos los títulos que hubiéramos deseado, dejando en el tintero algunos que esperamos recuperar. También hubo lo más importante: muchos amiguetes con los que comentar la jugada. Nuevos y viejos. Además, pudimos ser testigos del  nacimiento de una nueva especie autóctona: el Freakpster. Si en la edición de 2013 sorprendió el desembarco de los Hipsters,  que si no saben lo que son es que no han vivido en la tierra durante los últimos años, este año nos ha llamado mucho la atención la afluencia al festival de un nuevo ser híbrido entre el tradicional Freak de camiseta fandom y el Hipster de corte a navaja,  raya al lado, pobladísima barba y gafas oscuras, al que hemos bautizado como Freakpster. Una especie de temporada que no teman, es totalmente inofensiva. También hubo molestas moscas pegajosas de las que zumban en los oídos y mosquitos de esos que te pillan y te acribillan. Sin olvidar al individuo que hace el efecto grillo durante los silencios del Auditori. Todo un mago del humor.  Pero todo esto fue totalmente ajeno a la organización, así que no hace falta que salgan las ya molestas voces pidiendo dimisiones.

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Demos un somero repaso a lo que  Sitges 2014 nos ofreció:

DIARIO DE SERENDIPIA EN SITGES 2014: LAS PELÍCULAS

Si el anterior año la programación la definimos como correcta, lisa y sin sobresaltos, más sorprendente, variopinta y heterogénea nos ha parecido la de esta edición. Con nueva sección, Fantàstic Òrbita, en la que se incluyen todos esos títulos que de fantástico tienen poco o nada, pero que tantas alegrías han despertado en el espectador, como ha sido el caso en esta edición del drama carcelario Starred Up o el thriller Cold in July. Una forma de abrir oficialmente el festival hacia otros géneros que puede molestar a unos pero que sin duda dará pié a dar  más heterogeneidad a la ya de por si variada programación de Sitges.

Quizás sería de agradecer que hubiera un número menor de títulos y más posibilidad de verlos mediante más pases. Es imposible abarcar todo, y aunque se ponga voluntad en ello siempre quedan buenas películas en cartera que uno desearía haber visto, así como propuestas minoritarias ajenas a la sección oficial que apetece revisar.

INAUGURACIÓN

La esperada [REC]4 (2014, Jaume Balagueró) abrió el festival ofreciendo un digno final a la serie. Más centrada en la acción, al igual que la segunda entrega de la que es continuación directa, desecha 7900_poster_iphoneteorías y orígenes, ofrece respuestas a algunas de las claves de la saga y un final un tanto abierto a pesar de que Balagueró ha jurado y perjurado que con esta cuarta entrega finaliza la saga. El tiempo dirá.

SECCIÓN OFICIAL FANTÁSTICO

Babadook es el hombre del saco de los miedos infantiles. El que acecha en los armarios, bajo la cama o en las sombras que se proyectan en la pared. The Babadook (Australia, 2013, Jennifer Kent), film basado en un corto de la misma directora rodado en 2005, fue uno de los títulos clave del festival, que recompensó el film, opera prima de su directora, con un premio especial del jurado, además de otro a la mejor interpretación femenina para Essie Davis. Una muestra, de las varias que nos ofreció el festival de Sitges de que el cine fantástico australiano ha venido para quedarse, y que a tenor de la mayoría de los films de esa procedencia que tuvimos la fortuna de disfrutar, estamos de suerte.

Les ofrecemos Monster, el cortometraje dirigido en 2005 por Jennifer Kent que dio pié a The Babadook:

The Quiet Ones (UK, 2014, John Pogue) es un relato de posesión ambientado en los años setenta producido por la nueva Hammer Films. Un film menor basado en un hecho real que no desaprovecha la  moda ‘found footage’ recurriendo a tomas en 16 mms. Es el segundo trabajo de su director tras la innecesaria Quarantine 2: Terminal (2011). Más interesante resultó la áspera Young Ones (USA, 2014, Jake Paltrow) un western apocalíptico ambientado en un desértico y polvoriento futuro más o menos cercano en el que el bien más valioso es el agua. Dividida en tres capítulos, uno por cada personaje protagonista, la película cuenta con unos actores eficaces encarnando personajes con aristas, entre ellos el joven (y autraliano)  Kodi Smit-McPhee,  habituado desde niño a los paisajes apocalípticos a juzgar por su labor en La carretera (The Road, John Hillcoat, 2009) película que, al igual que Déjame entrar (Let me In, 2010, Matt Reeves), interpretó antes de pegar el estirón. También sorprende una antipática Elle Fanning alejada de su registro habitual y una mula cibernética con la que es difícil no llegar a encariñarse. El guión, escrito por su director  Jake Paltrow, se llevó el premio del jurado.

Cartel internacional de Musarañas con Carolina Bang sentando la cabeza

Cartel internacional de Musarañas con Carolina Bang sentando la cabeza

La producción de Álex de la Iglesia, Musarañas (Juanfer Andrés y Esteban Roel, 2014) habría merecido mejor suerte en el palmarés que la que corrió. Un spanish gothic esperpéntico con desenlace grand guignol. Una hermana (que no lo es), solitaria y reprimida en luto perpetuo interpretada por una inmensa Macarena Gómez en la que es posiblemente su mejor interpretación. Con algunas (más bien pocas) gotas de humor negro y una ambientación años cincuenta inmejorable para este film detallista que tiene cuatro únicos escenarios: tres interiores (la casa de las hermanas, la vivienda del piso superior y el rellano) y un único exterior pero visto desde la ventana. Algo muy buscado para reflejar el encierro en el que se encuentra el personaje interpretado por Macarena, afectado de agorafobia. Además de la gran protagonista, tenemos otros personajes que completan el reparto, como la televisiva Silvia Alonso, la hermana que parece no poseer nombre; Hugo Silva, como el catalizador que hace aflorar la verdad  (así como el deseo de las hermanas) ocultos en el interior claustrofóbico del hogar; Luis Tosar y la escultural Carolina Bang. Aunque hay algunos errores en el guión (¿Por qué no huyen los personajes cuando pueden?) es la primera producción de Álex de la Iglesia que no ha dirigido él mismo y que esperamos obtenga el éxito que sin duda se merece. Una de esas película que uno desea volver a ver.

Pos Eso (Esp, 2014) es el primer largometraje de animación stop motion de Sam tras el exitoso corto Vicenta (2010), que llegó a estar nominado a los Goya. Un detallado trabajo de artesanía que cuida tanto los fondos como a los personajes principales, a los que prestan su voz, entre otros, Santiago Segura, Carlos Areces, Álex Angulo, Anabel Alonso y Mariví Bilbao. Exorcismos, folklore, toreros y mucho humor con gotas de actualidad bizarra y guiños cinéfilos para un film que obtuvo una merecida mención especial del jurado.

El equipo de Pos eso presentando el film en L'Auditori. Carlos Areces se dirige al público con Sam, su director, tras él acompañado de los  productores.

El equipo de Pos eso presentando el film en L’Auditori. Carlos Areces se dirige al público con Sam, su director, tras él acompañado de los productores.

Los castores zombis de Zombeavers (USA, 2014, Jordan Rubin) resultaron menos ridículos de lo que esperábamos gracias a no tomarse en serio a si mismos, y ofrecer una propuesta divertida hasta el descacharre con unos castores tipo muppet, víctimas estúpidas, transformaciones absurdas y unas protagonistas muy sexys. El  público cómplice (entre ellos un divertido Carlos Areces) disfrutaron de esta propuesta que pronto podrán ver en sus pantallas de la mano de A Contracorriente Films.

Muy diferente es lo que nos propuso la marciana La distancia (Esp., 2014, Sergio Caballero). Si les digo que sus protagonistas son tres enanos y una actriz porno y la localización una fábrica abandonada en un desolado paisaje invernal, les dejo unas expectativas que no se producen. La distancia es uno de los perros verdes del festival, aunque agradecido, ya que cuando uno se deja llevar y desiste de entender algo de lo que nos quiere contar Sergio Caballero, se encuentra ante una hipnótica trama que se desarrolla en una inhóspita y bella localización. La actriz porno Sophie Evans sale muy poco, aunque muestra su gran flexibilidad. Presente en el festival, fue de las más buscadas por los aficionados a hacerse fotos con famosos. Saquen sus propias conclusiones. Por su parte, Sergio Caballero sigue siendo el chico raro de la clase, como ya demostró en su anterior largo, Finisterrae (2010)

Sergio Caballero, con los actores Sophie Evans, Alberto Martínez y Michal Lagosz  tras la proyección de 'La distancia' (Foto: El periódico)

Sergio Caballero, con los actores Sophie Evans, Alberto Martínez y Michal Lagosz tras la proyección de ‘La distancia’ (Foto: El periódico)

I Oringins (USA, 2014, Mike Cahill), que obtuvo el premio a la mejor película del festival, no pasaba de ser un film mainstream sobre la reencarnación con viaje a la India incluido y estreno garantizado de la mano de Fox. Correcta y olvidable. Una de esas películas que no se perderá tu cuñada aficionada a la espiritualidad New Age que gusta de ir al cine los domingos. Mike Cahill ya presentó en Sitges 2011 su anterior película, Otra tierra (Another Earth), con la que su protagonista, Brit Marling obtuvo el premio a la mejor actriz.

Otra cosa fue la celebrada The Guest (USA, 2014, Adam Wingard) con la que su director sigue chapoteando en el terror de los ochenta como ya hiciera con Tú eres el siguiente (You’re Next, 2011) y los slashers. En esta ocasión da otra vuelta de tuerca al casi nano subgénero del súper soldado que se escapa de las manos de sus creadores o instructores . Si entonces (en los ochenta) habría retornado de Vietnam, ahora lo hace de Oriente Próximo y saturado de mala leche y humor, pasando de ángel de la guarda a ángel exterminador y consiguiendo que el público se rinda ante este atractivo y simpático tipo que cualquier suegra querría como yerno o retozando entre sus sábanas. A destacar su joven protagonista Maika Monroe, a la que también veremos en la remarcable It Follows.

Maika Monroe en The Guest.

Maika Monroe en The Guest.

Home/At the Devil’s Door  (USA, 2014, Nicholas McCarthy) es un correcto film que combina en su guión posesiones diabólicas y fantasmas. Su director ya presentó su primera película, The Pact, en Sitges 2012. Home hace pasar un buen rato y después se esfuma rápidamente de nuestra memoria de camino a casa. Mucho más difícil de olvidar resulta The Voices (USA-Alemania, 2013) una inesperada propuesta de la iraní  Marjane Satrapi con la que nos sorprende tras Persépolis (2007) y Pollo con ciruelas (Poulet aux prunes, 2011). Su nueva película es irónica y petarda sin caer en histrionismos. Evita hacer  juicios de valor sobre los actos de su protagonista Jerry, interpretado por un fantástico Ryan Reynolds, víctima de unos desórdenes mentales (reflejados con el color y la iluminación), que terminarán convirtiéndolo en un asesino múltiple, pero que también le liberarán de su solitario y sórdido mundo. Vinculado siempre al terror, el asesino múltiple que nos muestra Satrapi es un pobre diablo al que nos es imposible odiar. Un ser similar al Elwood P. Dowd que interpretó James Stewart en la memorable El invisible Harvey (Harvey, 1950, Henry Koster) solo que en lugar de ser un loco inofensivo que solo ve a su amigo imaginario, el conejo Harvey, nuestro Jerry ve un mundo totalmente imaginario limpio y de vivos colores en el que todos son amables y en el que incluso sus mascotas hablan con él  haciendo  las veces de ángel y diablo, como si de su propia conciencia se tratara. The Voices es  El invisible Harvey del nuevo milenio, mucho más truculenta, sí, también bastante más oscura, en sintonía con los tiempos que nos han tocado,  pero al igual que aquella, con un fondo amable. Y es que Jerry, al igual que Harvey y tantos otros, tan solo tiene un problema de soledad.

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That Demon Within (Mo Jing, Hong-Kong/China, 2014) es la nueva propuesta de Dante Lam tras la fantástica Umbeatable (Ji Zhan, 2013) que se pudo disfrutar en la última edición de las Nits de Cinema Oriental de Vic obteniendo el premio del festival. Se trata de una operística historia policíaca con las dosis acostumbradas en el cine de Hong-Kong de venganzas, traiciones y, por supuesto, acción. Otro viaje a la locura aunque en esta ocasión afecta al ‘bien’ representado por el policía incorruptible que encarna Daniel Wu. Un film elegante y con la cadencia que caracteriza este tipo de producciones orientales.

La distancia (Esp., 2014, Sergio Caballero) es una película futurista que denuncia la falta de solidaridad con los refugiados provenientes de otros países por conflictos bélicos o sociales. En la trama del film, estos refugiados tendrán que participar en un reality show para conseguir el visado salvador. El film aprovecha para mostrar como las desgracias ajenas  son noticiables y tratadas frívolamente como recurso para general audiencia. L’altra frontera se muestra a veces demasiado obvia, pero bien intencionada, aprovechando los pocos recursos con los que parece contar y ofreciendo una buena interpretación de Ariadna Gil y la veterana Mireia Ros. Su director debuta en el largo con este film.

MV5BMjA1ODE1MjQ5OF5BMl5BanBnXkFtZTgwMjk4NzkxMjE@__V1_SX214_AL_Jamie Marks is Dead (USA, Carter Smith) tiene un buen arranque, pero termina siendo una ñoña historia adolescente de fantasmas y salidas de armario, en alguna escena, textualmente. Conflictos, complejo de culpabilidad, amor, crisis de identidad sexual… un concepto interesante pero que en algún momento de la narración pierde fuerza. Es el segundo largometraje del director tras la también terrorífica Las ruinas (The Ruins, 2008) y en él destaca la presencia de la joven y prometedora Morgan Saylor y de una irreconocible Liv Tyler como madre del protagonista, que mantiene  una ambigua relación con la causante del accidente automovilístico que la dejó paralítica. El film obtuvo el premio a la mejor fotografía.

These Final Hours, de Zak Hilditch es otra producción australiana de peso. Un relato apocalíptico con una historia en la línea de la clásica La hora final (On the Beach, 1959, Stanley Kramer). El fin del mundo se aproxima irremediablemente y diferentes son las  opciones que pueden tomarse ante esas últimas horas. Una propuesta dura pero con final, nunca mejor dicho, esperanzador. Su notable These Final Hoursprotagonista, Nathan Phillips, que obtuvo un merecido premio a la interpretación masculina, y que es recordado además por su participación en la memorable Wolf Creek (2005, Greg McLean), tiene que competir con su maravillosa co-protagonista, la niña Angourie Rice, auténtica actriz revelación a la que el director descubrió en su anterior, y en este caso post-apocalíptico corto, Transmission (2012). Pero These Final Hours es más que un relato apocalíptico, es una historia de crecimiento que demuestra que nunca es tarde para madurar.

En Oculus (USA, 2014, Mike Flanagan), filme de fantasmas de corte clásico a la manera de James Wan, encontramos más desórdenes mentales. La película, basada en un corto que dirigió su director en 2006,  funciona en su objetivo de producir miedo, tal y  como pudimos comprobar observando a parte de la platea, atemorizada por los sustos producidos por este espejo maldito, auténtica puerta de entrada al mundo sobrenatural. El film destaca también por su forma de narrar la acción en dos tiempos trenzando y cruzando pasado y presente. Y entre sus actores tenemos a la pelirroja Karen Gillan que, aunque no lo parezca, es la misma actriz que encarna a Nebula en Los Guardianes de la Galaxia (Guardians of the Galaxy, 2014, James Gunn). Sin ser excepcional, cumple su objetivo superando con creces a la decepcionante Annabelle, una propuesta similar de la que hablaremos más adelante.

Incluímos también el corto Oculus: Chapter 3 -The Man with the Plan (Mike Flanagan, 2006):

Aux yeux des vivants (2014) es el nuevo trabajo de los franceses Julien Maury y Alexandre Bustillo. Un film eficaz y con trasfondo de humor negro, ya que no es otra cosa que una versión perversa de la  empalagosa The  Goonies (1985, Richard Donner), pero aquí con unos pequeños protodelincuentes  y un monstruo, Klarence, que es todo un paradigma del mal rollo. Una película que va directa al hueso y que decepcionó a los que querían volver a ver À l’intérieur (2007) y se sintieron frustrados con la también magnífica  Livide (2011). Estos podrán al menos consolarse viendo sufrir de nuevo a una madre gestante a manos de los simpáticos directores galos. Buena imaginería visual, mal rollo y una bocanada de aire fresco (o pútrido).

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Mauri y Bustillo presentando su película en l’Auditori

Over Your Dead Body (Kuime, 2014) la propuesta ‘seria’ de Takashi Miike es un film que mezcla los ensayos de una obra teatral con la vida real de los actores protagonistas, trenzando ambas acciones hasta confundirse. Algo similar, con sus naturales variaciones,  a lo que nos ofreció George Cukor en Doble vida (A Double Life, 1947), conjugando asimismo dos lenguajes expresivos hermanos como son los del teatro y los del cine, todo ello con una preciosista puesta en escena, como es habitual en el director japonés.

Una de las propuestas más terroríficas que ofreció el festival, sino la que más, fue It Follows (2014), un film de David Robert Mitchell turbador y atmosférico protagonizado por adolescentes reales con ausencia total de adultos. Como nos comentó Antonio Trashorras, en uno de esos corrillos que se hacen en las colas de los cines, funciona como una novela clásica juvenil en la línea de Enid Blyton, aunque con elevadas dosis de horror sobrenatural y el proverbial terror al sexo y a la enfermedad, inevitable metáfora del Sida. De estupenda puede tacharse también la labor de su joven protagonista, Maika Monroe, presente también, tal y como hemos comentado, en The Guest. Para Serendipia uno de los platos fuertes de Sitges 2014 y hubiera merecido más suerte en el palmarés. Uno de esos films que se quedan en la memoria.

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La dosis vampírica del festival llegó con A Girl Walk Home Alone at Night, dirigida en recurrente blanco y negro (me viene a la memoria The Addiction de Abel Ferrara) por  la iraní Ana Lily Amirpour, un film con ínfulas artys que encantó a unos, desagradó a otros y que era totalmente opuesto a la comedia neozelandesa What we do in the Shadows (Jemaine Clement, Taika Waititi), reconocida unánimemente como una propuesta brillante y muy divertida, que se alzó con el premio del público. Con estructura de documental, el film nos narra el vivir cada día de cuatro vampiros muy distintos entre sí: del anciano Nosferatu Petyr (Ben Fransham) hasta el dandy Viago, interpretado por el propio Taika Waititi. Muy eficaz y bien documentada, la película brinda una propuesta similar a la que ofreciera la belga Vampires (2010, Vincent Lanno), aunque mucho más divertida.

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Terminando ya esta sección, no nos olvidamos de R100, un descerebre dirigido por Hitoshi Matsumoto , un realizador veterano en Sitges, pues ha presentado todas sus obras en el festival. Su última propuesta está repleta de humor, acción y dominatrix. Están locos estos japoneses y así es como nos gustan. También vimos otros títulos de los que ya hablamos detenidamente con anterioridad,  como las británicas How I Live Now (2013, Kevin Macdonald), con una cada vez más solicitada Saoirse Ronan y la raruna The Double (2013, Richard Ayoade), que cuenta con la cada vez más popular Mia Wasikowska, a la que también pudimos ver en el film de Cronenberg, Maps to the Stars.

SECCIÓN OFICIAL FANTÀSTIC ÒRBITA

Tal y como les indicamos ya tenemos una sección nueva que pretende englobar película que, están en el linde del fantástico (en la órbita) para los responsables del festival. Y totalmente fuera de ese género para los que estos escriben. En todo caso se trata de películas agradecidas, adscritas en su mayoría al thriller y al policíaco. Buenos títulos de los que pudimos disfrutar los siguientes:

Kim Seong-hun presentando su película, otra de las agradables sorpresas del festival.

Kim Seong-hun presentando su película, otra de las agradables sorpresas del festival.

A Hard Day cinta coreana dirigido por Kim Seong-hun que resultó ser toda una sorpresa: humor negro,  mala leche y acción a ritmo endiablado  en un film sobre corrupción policial. Filth (2013, John S. Bird) es una producción al alimón entre Inglaterra, Bélgica, Alemania y Suecia escrita por la calenturienta mente que perpetró la recordada Trainspotting (Dany Boyle, 1996), el escocés Irvine Welsh, y que reincide temáticamente en las drogas, el sexo y la violencia, pautas que marcan el día a día de un detective de policía interpretado por un  soberbio James McAvoy, deseoso de trepar a lo más alto por la vía rápida y sin ningún tipo de escrúpulo. Un aprendiz aventajado del teniente STARRED-UP-1sheetcorrupto que interpretara Harvey Keitel en el  clásico de Abel Ferrara pero entrando de nuevo en juego los desórdenes mentales ¿Cómo que Sitges 2014 iba sobre los sueños?: De eso nada amigos,  si algo ha dejado claro este festival es lo peligroso que puede ser dejar de tomar la medicación prescrita por nuestro psiquiatra.

Starred Up (UK, 2013, David Mackenzie) es un potente drama carcelario perfectamente construido que muestra,  al igual que Welcome to New York (y otra vez sale a colación Abel Ferrara), un ingreso en prisión a tiempo real, aunque en aquella ocasión se trataba de un banquero corrupto (¿hay de otros?) y ahora de un vulgar delincuente común. En todo caso, la cárcel solo es el escenario y sirve de fondo para el reencuentro entre padre e hijo. Áspera, sin recurrir a manidos tópicos carcelarios (drogas, violaciones…), el film avanza con el ritmo exacto ofreciendo el arco de transformación de sus personajes impecablemente trazado. Un film memorable. Al igual que Cold in July (USA, 2014, Jim Mickle) cuyas impresiones ya dejamos vertidas aquí.

SECCIÓ OFICIAL FANTÀSTIC ESPECIALS

The Boxtrolls (USA, Anthony Stacchi y Graham Annable) es una fantasía stop motion en impecable 3D que a pesar de estar dirigida al público infantil propone temas adultos, como el de la corrupción del poder, los límites entre el bien y el mal y el ansía de aparentar algo que no se es a toda costa, incluso aunque ello nos perjudique. Los Boxtrolls del título son una especia de duendes inofensivos que viven bajo tierra cuya supuesta maldad es utilizada como pantalla de humo para esconder males superiores causados por los propios gobernantes, que alimentan el odio hacia los Boxtrolls incentivando su captura. Ambientada en un oscuro siglo XIX de aires expresionistas, se vale también de parafernalia steampunk para logran impacto visual. Una delicia.

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Maps to the Stars (Canadá-Alemania, 2014), el último film de David Cronenberg, es un lúcido y ácido alegato sobre el estrellato en el Hollywood actual protagonizado por una magnífica y ascendente Mia Wasikovska, actriz australiana (¿Qué les dije sobre la cinematografía de ese país?) que está de racha (también la vimos en The Double durante el festival) y cuyo personaje ofrece un guiño cronenberiano con las cicatrices que luce y sus, lo han adivinado, desórdenes mentales. Formula a la que se le añaden unas gotas de incesto. ¿Quién da más? Pues Maps to the Stars que cuenta también con la participación de Robert Pattinson, lejos de sus escarceos vampírico-descafeinados en su segundo trabajo con el director canadiense tras la magistral Cosmópolis (2012), y sobre todo  una Julianne Moore más en estado de gracia si cabe,realizando una actuación que obtuvo el premio del jurado. Hay quien sigue echando de menos al Cronenberg de los inicios, pero soy incapaz de decir una de sus últimas obras que nos haya defraudado.

Annabelle (USA, 2014, John Leoneti) cuenta con el protagonismo de la enigmática muñeca que

Annabelle también se paseó por Sitges...

Annabelle también se paseó por Sitges…

vimos en el sótano de los Warren en la magnífica The Conjuring (2013, James Wan). Y como todos nos quedamos con ganas de saber más sobre esa horrible muñeca, la maquinaria de Hollywood no ha tardado en ofrecernos este spin-off de serie-B que, si bien es bastante pobre, tiene el atractivo de la propia muñeca, todo un acierto. Con trama más centrada en el terror satánico que en los fantasmas y un conservador discurso moral sobre la maternidad y el matrimonio, comete el error de mostrarnos al demonio que anima a Annabelle, con sus cuernos, rabo y toda la iconografía clásica. A pesar de todo, no deja de ser una película disfrutable que contó con un gimmick añadido: al igual que hace cinco años con La huérfana (2009, Collet-Serra), la distribuidora tuvo la feliz idea de repartir máscaras de Annabelle  a todos los asistentes.

Yo no sé que esperaba el público de Adieu au langage (2014), el film rodado en 3D por Jean-Luc Godard. Yo algo muy, muy marciano, muy, muy pedante e ininteligible para una mente tan limitada como el que esto les narra. Y bien, así fue, por lo que no hubo sorpresa,  pero al ser en 3D pues como que no se hicieron muy pesados los escasos 70 minutos del experimento de Godard, que metió en su película fragmentos de conocidos films, bonitas melodías, un perrete, Roxy,  que pasea por diferentes escenarios, experimentos visuales (que llegan a molestar a la vista), sonoras ventosidades y bastantes planos de los pechos y el frondoso sexo de la protagonista, no olvidemos, en 3D. ¿Aburrida? No. Una hazaña que contar a los nietos que nunca tendré. Por cierto, les emplazo a que lean el artículo pormenorizado sobre el film que ha escrito la otra parte de Serendipia en la que les cuenta de que va, pues afirma que ha entendido su significado.

under-the-skin-posterUnder the Skin (Jonathan Glazer, 2013) es un film que unánimemente nos han definido de dos maneras: como ‘rarilla’ o como ‘mierda’. Los dos epitetos resultan válidos, aunque Serendipia no se ha puesto de acuerdo entre sí. Para una de sus partes resulta ser una propuesta de estética pretenciosa, algo que la otra parte no niega, al contrario, lo admite,  pero el ser fan incondicional de la protagonista, Scarlett Johansson,  que además tiene el detalle de mostrar toda su lozanía al desnudo, pues como que le hace sentirse más compasivo con lo que el director nos propone. ¿Qué es un ladrillo? pues como que sí. ¿Qué tiene demasiado metraje para lo que a fin de cuentas narra? Sin lugar a dudas. Juzguen si no: alienígena llega a la tierra, conoce y comienza a comprender y ansiar poseer lo mejor de la naturaleza humana siendo esta su perdición. Con un seis y un cuatro te hago tu retrato. Algo muy sencillo pero narrado de la forma más aburrida posible por un director en el que parecen confiar las estrellas, a juzgar por las que pueblan sus films: Ben Kingsley, Nicole Kidman, Lauren Bacall, Anne Heche y ahora una Scarlett que no ha dudado en poner toda su carne  en el asador (de acuerdo, mal chiste).

relatos-salvajesOtra de las varias sorpresas que nos ofreció el festival fue la producción hispano-argentina Relatos Salvajes (2014, Damián Szifron), que a pesar de sus dos horas de duración no solo no se hace pesada, sino que uno lamenta que se termine. Titulada como una colección de tebeos editada en España por Vértice que servía de cajón de sastre para diferentes series Marvel dirigidas a un publico lector más adulto, el film es una recopilación de historias con el nexo común de la venganza, que mediante un humor negrísimo denuncia a la absurda sociedad occidental. Siendo de episodios, ninguno desmerece o baja el listón cualitativo consiguiendo, con el último, dejarnos un atisbo de esperanza dentro del caos. Toda una delicia ver a  Leonardo Sbaraglia y Ricardo Darín en dos de los episodios más divertidos, así como a Rita CorteseJulieta Zylberberg en el magnífico corte del restaurante. De reciente  estreno, a poco que funcione bien el boca-oreja se vaticina un merecido  éxito popular. No les digo más que no se pierdan estos Relatos Salvajes, continuadores de la rica tradición literaria argentina de relatos breves que tan bien cultivaran Cortázar o Borges. Y es que hay muchos mundos pero están en este, a  pesar de que algunos se empeñen en  levantar más fronteras.

Del tan bien intencionado como fallido Asmodexia, debut en el largo de Marc Carreté, tan solo

Marc Carreter presentando Asmodexia.

Marc Carreté presentando Asmodexia.

comentar que quizás no estuvo bien escogida la sección, el espacio y la hora en el que se pasó: Auditori a las 17.15. Un caramelo envenenado para un director cuyo film, de temática satánica, pasó a ser uno de los más comentados en los corrillos y en la red, siendo objeto de sangrantes wassaps. Todo lo contrario que Autómata (2014, España/Bulgaria, Gabe Ibáñez) que venía precedido de pésimas críticas provenientes del Festival de San Sebastián y que no es, ni de lejos, un producto desdeñable. Muy al contrario, se trata de una película de ciencia-ficción muy digna y pródiga en referencias, puede que excesivas, a títulos señeros de los años setenta y sesenta que el director ya enumeró durante su presentación.  Una interesante producción de Antonio Banderas que apoya así al cine español ofreciendo una oportunidad a un director novel aunque con las ideas muy claras. Autómata cuenta con un excelente diseño de producción en sus dos contrastados escenarios: el desierto y la ciudad tipo Blade Runner. Puestos a buscar un pero, nos chirría la escena ‘Único testigo’ entre Banderas y la autómata Cleo, pero en general el film tiene un muy buen tono y nos parece una loable apuesta de Banderas por los nuevos valores del cine español y, de rebote, por el cine de género.

De Dead Snow 2: Red Vs. Dead (Noruega/Islándia y 2014, Tommy Wirkola) y Goal of the Dead (Francia, 2014,  Benajamin Rocher y Thierry Poiraud) ya les hablamos en sus respectivos artículos. Si  a priori nos daba pereza ver la francesa, por la indiferencia que Serendipia siente por el llamado deporte rey, finalmente resultó una obra interesante, entre otras cosas por la equiparación que hace entre hinchas e infectados. Además de que profundiza en los personajes, algo casi inaudito en este tipo de películas. Y a todo ello le pone humor. Francia sigue apostando por el cine de terror y lo celebramos.

El Ardor (Argentina/México/Brasil/Francia, 2014, Pablo Fendrik) es una denuncia ecológica a los estragos que el hombre perpetra en la selva amazónica. Para narrarnos la venganza de  Kaï (Gael García Bernal) contra unos violentos mercenarios, el director no duda en utilizar el lenguaje del spaguetti western homenajeando, concretamente, a Sergio Leone y ofreciendo como resultado un film entretenido con la nota fantástica puesta en Kaï, como supuesto espíritu protector.

GiovannisIsland2

La exquisita Giovanni’s Island (Japón, 2014, Mizuho Nishikubo) sirvió como muestra de la buena salud que goza la animación nipona a la hora de abordar historias adultas. Ambientada en una pequeña isla de pescadores ocupada por las tropas  soviéticas y sus familias tras la derrota japonesa en la segunda guerra mundial, se centra en las pequeñas historias de una familia japonesa y su convivencia con los recién llegados. Veremos como el protagonista abandonará su niñez al ser golpeado por la muerte de su hermano y el internamiento de su padre en un campo de concentración,  refugiándose para paliar el dolor en la fantasía que le ofrece un libro, Tren nocturno a la Vía Láctea. La narración se aleja del revanchismo y mantiene la esperanza de que los diferentes pueblos pueden vivir en armonía.

Monsters: Dark Continent (UK, 2014) es el primer largometraje de Tom Green, un director curtido en cortos y series de televisión, y representa una vuelta al universo creado por Gareth Edwards antes de resucitar a Godzilla. Evitando realizar una secuela al uso, se ha escogido otro escenario en el que situar la invasión alienígena, Oriente Medio, en pleno conflicto contra las fuerzas de occidente, dando como resultado un eficaz film repleto de acción y mensajes pacifistas en el que los invasores de otras galaxias pasan a ser elementos secundarios en un paisaje apocalíptico.

Muy bizarra y petarda es la última propuesta de Kevin Smith, Tusk (USA, 2014) de la que recomendamos no lean nada ya que se arriesgan a perder el factor sorpresa, una de sus mejores bazas. Tras la galardonada Red State (2011), Tusk representa el retorno del Smith más corrosivo y cómico,  ofreciéndonos en esta ocasión una inesperada y en el fondo triste historia con la soledad como protagonista. Su argumento atiza a esos podcasters que se mofan de los solitarios que universalizan su torpeza o su falta de talento mediante ridículos videos en YouTube. Para disfrutar. Un Michael Parks de altura y Johnny Deep irreconocible.

OTRAS SECCIONES

Teniendo que escoger, ya que es prácticamente imposible ver todos los films proyectados durante el festival, uno ve limitada su vena descubridora escarbando en secciones como Noves Visions o Panorama. Así como obligado  a perderse los varios y apetitosos documentales. También, porque no tenemos edad para trasnochar  y por la mañana hay que madrugar (¿O que se creen? Serendipia se levantó cada día a las 6.45) tuvimos que dejar de lado los maratones nocturnos de la sección Midnight X-treme. No hay más cera que la que arde y los experimentos se hicieron con gaseosa, así que las escapadas a otras secciones fueron contadas, pero afortunadamente interesantes:

La alemana Der Samurai (2014, Till Kleinert) era extravagante, pero no tanto como nos esperábamos. Cuenta como el protagonista acepta su propia homosexualidad enfrentándose a un licántropo travesti vestido de novia y con katana. ¿Rebuscado?: Ciertamente. Pero no por ello desdeñable. Siendo un filme de bajo presupuesto destaca por su fotografía, ocre con atmósfera de cuento de hadas y un argumento sí, estrafalario, pero interesante y que no alcanza las cotas de rareza de, por ejemplo, La distancia. Uno de los títulos que había que ver.

El director de Der Samurai, Till Kleinert (izq.) junto a uno de los productores del film, Linus de Paoli.

El director de Der Samurai, Till Kleinert (izq.) junto a uno de los productores del film, Linus de Paoli.

Por su parte 2030 (Vietnam, 2014, Nguyên-Võ Nghiêm-Minh) era otra parábola apocalíptica con escasez de agua potable de por medio, al igual que Young Ones, aunque si allí el escenario era desértico, en esta producción vietnamita el paisaje está anegado por agua salada, producto del calentamiento global. Denuncia ecológica al canto. Aunque todo esto es casi un elemento secundario que sirve para enmarcar una romántica historia con sus traiciones, desengaños y un final ‘amor fou’.

Late-PhaseswebNo queríamos perdernos la primera incursión de Adrián García Bogliano en la industria norteamericana, Late Phases (USA, 2014), una película de licántropos que homenajea los efectos especiales tradicionales a base de látex (no en vano está por medio Robert Kurtzman), aunque la sensación que nos quedó tras verla es la de un encargo eficientemente realizado. Entres sus varios aciertos se encuentra su protagonista, Ambrose (Nick Damici), militar retirado ciego y viudo con reminiscencias al Eastwood más quisquilloso, que será el encargado de enfrentarse a una comunidad de hombres lobo instalada en Crescent Bay, zona residencial para la tercera edad en la que Ambrose ha sido confinado por su hijo. Por cierto, Nick Damici también figura en el reparto de Cold in July. Finalmente la neozelandesa Housebound (Gerard Johnstone) mezclaba falsos fantasmas y casas encantadas con truco junto altas dosis de humor y acción. Un film ideal para desengrasarse tras varias horas viendo películas.

La retrospectiva, como por desgracia va siendo habitual, constó de muy pocos títulos, aunque hay que decir que muy ilustres. Wake in Fright, estrenada en su momento en España con el muy descriptivo título Despertar en el infierno, es una pesadilla australiana dirigida en 1971 por Ted Kotcheff, director que puso en circulación con Acorralado (First Blood, 1982) al prolífico Rambo de Sylvester Stallone. Wake in Fright es un descenso etílico  a los infiernos protagonizado por un profesor de escuela. Una aventura salvaje que demuestra que el infierno existe, está en este planeta y se llama Bundanyabba. Sin lugar a dudas el reverso tenebroso de The Hangover. No apta para almas sensibles a la crueldad animal, cuenta  con un, como siempre, magnífico Donald Pleasence. También pudo, quien tuvo la suerte de conseguir tickets,  disfrutar de la magnífica copia restaurada de Carga maldita (Sorcerer, 1977, William Friedkin) versión a su vez del gran clásico de Clouzot El salario del miedo (Le salaire de la Peur, 1953) así como de Gremlins (1984) que se proyectó por gentileza de Phenomena. La copia estaba prístina y la muchachada disfrutó de lo lindo en compañía de sus muñecos Gizmo, desempolvados para la ocasión. Joe Dante estuvo presente junto a su actor fetiche Dick Miller, que recibió el premio Máquina del tiempo de manos del subdirector del festival Mike Hostench. Y precisamente Joe Dante fue el encargado de cerrar esta 47 edición del Festival de Sitges con su último filmBurying the Ex,  una magnífica comedia repleta de cinefilia que narra como una promesa de amor eterno puede tornarse en pesadilla si una de las partes muere y se resiste a seguir su camino hacia la otra vida. Una premisa que  habíamos visto igualmente en tono de comedia,  aunque más amable, en la española ¿Estás ahí? (Roberto Santiago, 2011) y con mala leche en el corto Quédate conmigo (Zoe Berriatúa, 2010).

Joe Dante y Dick Miller.

Joe Dante y Dick Miller.

Un buen broche para un festival que resultó más redondo de lo que a primera vista aparentaba.

OTRAS ACTIVIDADES

Pero pocas, ya que en esta ocasión Serendipia ha visto la escalofriante cifra de 49 títulos. Cifra en la que debe influir el no trasnochar ni beber espirituosos, aunque por otra parte el ver tanto cine ha contribuido a que no se pudiera acudir a otras actividades que también apetecían, como son ruedas de prensa, Master Class, mesas redondas, presentaciones y más visitas al Brigadoom. Aún así pudimos acudir al encuentro con Joe Dante y Dick Miller; a la presentación del corto 1:58,  patrocinado por Gas Natural, dirigido por nuestro admirado Rodrigo Cortés y protagonizado por la radiante Manuela Vellés; presentaciones de libros como el de [REC], un lujoso volumen que salía ciertamente caro pero que tuvimos ocasión de llevarnos a casa firmado por un buen montón de participantes de la saga; la puesta de largo de la novela de nuestro amigo Daniel Ausente, Mataré a vuestros muertos, presentada por el autor y los capos de la nueva editorial Prosa inmortal, John Tones y Francisco Serrano; y el nuevo y voluminoso Exhumed Movies/Killer Toons, un tomo con 264 páginas a todo color editado en formato A4 que mezcla cómic y reseñas de película “oscuras y de culto” y que endulzará la espera hasta el nuevo Exhumed Movies a publicarse en febrero. Disfrutamos también de una nueva edición en directo de Cinebasura con Paco FoxJosé Viruete, a los que se les sumó como invitado Manuel Bartual. En esta ocasión, que contó con mucho más público que el pasado año, nos lo pasamos más que bien viendo Zombie 3 (Lucio Fulci y Bruno Mattei, 1983). Puro delirio. Asimismo rocuramos hacer las visitas obligadas a exposiciones, entre ellas una muy vistosa dedicada a la saga [REC] en la Casa Bacardí, así como a los puestos de venta del paseo marítimo, entre ellos el más que goloso ’79’. Finalmente Serendipia también consiguió hacerse con una buena serie de autógrafos con los que alimentar su fetichismo coleccionista.

Parte de los integrantes de Exhumed Movies y Killer Toons tras presentar el libro que han editado conjuntamente (foto gentileza de Alfredo Orive)

Parte de los integrantes de Exhumed Movies y Killer Toons tras presentar el libro que han editado conjuntamente (foto gentileza de Alfredo Orive)

CONCLUSIÓN Y PALMARÉS PARTICULAR

Para Serendipia la edición 47 del Festival de Sitges ha contado con los suficientes títulos memorables como para considerar que tuvo un buen nivel. Naturalmente teníamos, como todo el mundo, nuestras favoritas, y como suele suceder el palmarés del jurado no nos ha convencido, ya que ha relegado películas que, a nuestro parecer, tenían méritos más que suficientes como para reclamar la atención del jurado. En todo caso les ofrecemos nuestro particular top 10:

SERENDIPIA’S  TOP 10+1  SITGES 2014

IT FOLLOWS (David Robert Mitchell)

MUSARAÑAS (Esteban Roel y Juanfer Andrés)

THE VOICES (Marjane Satrapi)

THE DOUBLE (Richard Ayoade)

THE BABADOOK (Jennifer Kent)

RELATOS SALVAJES (Damián Szifron)

THESE FINAL HOURS (Zak Hilditch)

STARRED UP (David Mackenzie)

AUX YEUX DES VIVANTS (Alexandre Bustillo y Julien Maury)

WHAT WE DO IN THE SHADOWS (Jemaine Clement y Taika Waititi)

YOUNG ONES (Jake Paltrow)

Hay que indicar que varios de los títulos exhibidos durante el certamen se han estrenado o pronto pasarán por las carteleras españolas. Es el caso de Magical Girl (Carlos Vermut), La distancia (Sergio Caballero), Relatos Salvajes (Damián Szifron), Annabelle (John R. Leonetti), Mi vida ahora (How I Live Now, Kevin MacDonald), Cuando despierta la bestia (When Animals Dream, Jonas Alexander Arnby), [REC]4 (Jaume Balagueró), Los Boxtrolls (Graham Annable y Anthony Stacchi), Filth (Jon S. Baird), Orígenes (I Origins, Mike Cahill), Cold in July (Jim Mickle) y  Musarañas (Esteban Roel y Juanfer Andrés) que se estrenará el 25 de diciembre. Ya en 2015 lo harán, de momento, The Babadook (Jennifer Kent) y Autómata  (Gabe Ibáñez), el 16 y el 23 de enero respectivamente.

Y ya vamos cerrando esta crónica de unos días, como siempre, mágicos. En los que lo mejor fue saludar a viejos y nuevos amigos, hablar de cine y compartir películas, cenas y buenos momentos. Y es que sin ustedes  no habría sido los mismo.

¡NOS VEMOS EN SITGES 2015!

(Todas las fotos realizadas durante el festival menos la que se indique lo contrario: Serendipia)

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Categorías:Festival de Sitges

Sitges 2014: entre nuestras favoritas, Musarañas y The Voices

29 octubre 2014 Deja un comentario

Deponer el gusto y buscar la objetividad debiera ser la premisa de todo crítico. Y no sólo a la hora de escribir, esa debiera ser ya la actitud en la hora de ponerse a visionar el filme. Porque los gustos son como los culos, cada uno tiene uno; son personales e intransferibles, así que de poco le va a servir al espectador saber si le ha agradado o no al comentarista. Se trataría de analizar no de emitir juicios de valor. Sin embargo, es bastante difícil olvidar el yo a la hora de entablar diálogo con el objeto y más aún de no acudir al bagaje propio para interpretar lo visto. Toda lectura acaba por ser personal porque el objeto no dice lo mismo para todos los receptores, así que hay que rebajar el presupuesto y aspirar a alcanzar únicamente el mayor grado de intersubjetividad posible en nuestras conclusiones.

musarañas cartelEsta petición de principio podría haber precedido a cualquier comentario tecleado por nuestras manos, si lo hago expreso aquí es porque en esta ocasión traigo dos películas que figurarán siempre en nuestro listado de preferidas. Nos gustaron y por eso hubiéramos querido que figuraran en el palmarés. Para nosotros tanto Musarañas como The Voices hubieran merecido más. Y no pretendo la objetividad aquí, me conformo con dar razón de mi gusto y que algún otro pueda coincidir con él. Dicho esto, procedo.

Las musarañas viven más tiempo en cautividad que en libertad, son asustadizas y poco dadas a vivir en comunidad. Con ellas son comparadas por Carlos (Hugo Silva) Montse (Macarena Gómez) y su hermana “la niña” (Nadia de Santiago), porque las dos hermanas también viven como escondiéndose, sobre todo Montse que sufre agorafobia. La niña acaba de cumplir 18 años y Montse empieza a temer que se marche del nido dejándola todavía más aislada junto a sus fantasmas, ya que su única conexión con el mundo es su hermana pequeña. Estamos en la España de los cincuenta, una España que no acaba de despegar de su posguerra ni de recuperarse de sus traumas de guerra. Ambas hermanas son fruto de su época, la mayor es un reflejo del oscurantismo, de esa España que se ha encerrado sobre sí misma y de paso trata de clausurar a los demás, la niña quiere volar, refleja la incipiente voluntad de recuperación de un pueblo que ha sufrido mucho, pero todavía está demasiado atada al pasado. En su presentación, Musarañas parece llevarnos al drama social de la España profunda, nos hace que la emparentemos con la excelente Una vela para el diablo de Eugenio Martín. Pero la cinta avanza y habremos de cambiar de referente.  Todo cambia cuando entra en escena su vecino Carlos. Carlos es un hombre todavía joven, despreocupado y poco responsable, parece estar huyendo (aunque no sabemos hasta más tarde de qué) cuando cae por las escaleras. La única puerta a la que puede llamar es a la de las hermanas y Montse habrá de hacer un esfuerzo para conseguir entrarle y darle cobijo. La presencia masculina en esa casa va a resultar todo un catalizador que hará aflorar la verdad oculta que no pasa del dintel de la puerta. El comportamiento de Montse cada vez va a ser más enfermizo y la situación va volviéndose cada vez más esperpéntica. Si comparábamos Musarañas con la película de Eugenio Martín al principio, conforme avanza la trama la reconocemos deudora del universo del Fernán Gómez de El extraño Viaje o de Siete mil días juntos. Referencias que se pueden poner en contacto pero que no agotan la ópera prima de Juanfer AndrésEsteban Roel. En su tercer acto la película se distancia de sus precedentes y nos regala un festín de hemoglobina con ritmo envidiable que arropa todo un impacto final.

musaranas

En Musarañas se dan la mano el costumbrismo, el esperpento y el humor negro para traernos un soplo de aire fresco y una mirada nueva sobre temáticas que no lo son tanto, pero que a la luz del filme cobran nuevas dimensiones. Escasas son las localizaciones de la acción: la calle vista desde la ventana (desde la mirada de Montse), el rellano, límite del territorio de la mayor de las hermanas, y el piso del que no va a salir Montse, (otro espacio es el piso del vecino, que sale en una sola escena). Un espacio limitado e interior que fuerza la pericia de los directores para construir los encuadres más certeros y los fuera de campo más efectivos. Si la labor de los directores es meritoria, magistral es la interpretación de Macarena Gómez. La actriz demuestra su capacidad para el drama sin renunciar a la vis cómica a la que debe su popularidad televisiva; combinando ambos registros construye un personaje con alma, lleno de matices que despierta ternura incluso cuando se hunde en la espiral de desquiciamiento que conduce al turbulento y sangriento final. La Montse de Macarena es un ser a la vez fuerte y desvalido, con una sensualidad reprimida y un pasado que no deja de torturarla, la actriz le comunica al personaje un perfil psicológico complejo que será el motor de toda la trama, sabe convertirse en el epicentro de la acción sin caer en ningún momento en el hsitrionismo. Posiblemente sea su mejor papel y su mejor interpretación.

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En el apartado actoral, Macarena está bien acompañada por Hugo Silva y Nadia de Santiago, pero nuevamente es Luis Tosar el que llena con su presencia la pantalla en las contadas ocasiones que entra en acción. Luis Tosar interpreta al padre “desaparecido” de Montse al que ésta, sin embargo, ve como aparición (alucinación, si se prefiere); funciona en ella como voz de la conciencia (semejante al caso de la serie Dexter), una conciencia que la reprende y casi ridiculiza en sus intentos por cambiar su situación. Es este personaje el que introduce muchas de las notas cómicas del filme. Pese a lo opresivo de la situación que se plantea, Juanfer Andrés y Esteban Roel saben dar a la cinta un clima ágil y distendido, la película se hizo con el fervor del público que se deshizo en aplausos tras la proyección vespertina. Al final no obtuvo ningún premio, pero seguramente va a ser de las más recordadas. Esperamos que el público general (el de Sitges no deja de ser el target más específico al que va dedicada) la acoja con el mismo entusiasmo y llegue a ser el éxito de taquilla que deseamos para esta producción de Álex de la Iglesia.

Recordaré siempre la frase de un amigo al salir del pase de Musarañas que afirmaba que había que darle un premio ya sin esperar el resto del festival. Con la misma sensación de que había que galardonar la película recién vista, salimos del Retiro tras ver The Voices. La última cinta de Marjane Satrapi (que no procede de un cómic de la autora) nos arrebató por su habilidad a la hora de mezclar diversos ingredientes narrativos (fantasía, comedia, drama y hasta musical) y conseguir un filme redondo (o casi) en el que el retrato de un psychokiller no conduce al terror sino a un universo fantástico donde hasta las mascotas hablan.

Voices cartelRyan Reynolds es Jerry Hickfang, mozo de almacén en una empresa de recambios sanitarios. Es un chico especial, siempre de buen humor y con un halo de ingenuidad extrema, casi demasiado extrema. Vive solo en compañía de sus mascotas, un perro, Bosco, y un gato, Mr. Whiskers, y está enamorado de Fiona (Gemma Arterton), que trabaja en el departamento de contabilidad. Todo parece dispuesto para que se nos cuente una historia romántica en la que el chico ha de conquistar a la chica que de entrada tiene reparos hacia él. Pero no, Satrapi (que debutó adaptando su cómic en Persépolis) nos tiene preparada toda una caja de sorpresas. Y no por el giro que toman los acontecimientos cuando de forma accidental Jerry acaba con la vida de Fiona, giro que hará que lo que parecía una comedia romántica pase a entrar en el slasher, porque hasta ahí tampoco habría habido novedad. Lo que hace especial The Voices es el tono narrativo que va a elegir la iraní para desarrollar la trama. De entrada las mascotas de Jerry hablan, jugando a ser su particular demonio que le impele a profundizar en el mal (el minino) y su ángel portavoz de la conciencia (el perro); y no serán las únicas voces, también las asesinadas tienen mucho que decir a la hora de aprobar o afear la conducta del joven. Lo que podía haber sido una historia de psychokillers al uso, se convierte en un jolgorio fantástico y colorido.

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El color tiene valor narrativo en la película de Satrapi, es un medio para sumergirnos en el desdoblamiento esquizofrénico del protagonista. La realidad es que el entorno de Jerry es gris, además de su trastorno psicótico, padece todo un síndrome de Diógenes que le lleva a vivir rodeado de mugre y descomposición, nada mantiene equilibrio en su verdadero mundo (lo descubrimos a través de terceras miradas). En verdad, el estado psicótico libra al protagonista de ver lo sórdido de su situación. La iraní ofrece un retrato empático del psicópata para hacernos ver el drama de la locura, su retrato bizarro es más efectivo para ello que el habitual tono dramático. Maestra en el arte de la viñeta, usa la paleta cromática para hacernos entrar en la visión deformada del enfermo sin emitir juicios de valor sancionadores.

En The Voices la autora de Persépolis (que por primera vez parte de un guión ajeno) juega a reinterpretar claves del género demostrando su capacidad para entonar una voz personal y propia. Si el asesino múltiple nos ha llegado siempre desde el prisma del terror, Satrapi lo desplaza al fantástico, añadiéndole gotas de comedia gamberra, desde un humor que no es negro sino multicolor, y no dudando en acercarlo al musical, muy meritorias y desternillantes son las coreografías que abren y cierran la cinta (y no son los únicos números musicales que contiene). Supone todo un cambio de registro respecto a Pollo con ciruelas la última película suya que hemos podido ver en España, pero no abandona, sin embargo, el aura mágica que ha impregnado muchas de sus historias. A conseguir esa magia contribuye grandemente el trabajo actoral de Ryan Reynolds, el actor está sobresaliente tanto en la composición del amable e ingenuo piscópata, como en el trabajo con la voz, él es quien dobla tanto al bonachón Bosco (la voz de la conciencia) como al quisquilloso Mr. Whiskers (la pulsión asesina).

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Por su originalidad, por su alucinado bizarrismo y su personal retrato de la locura, The Voices se contará siempre entre nuestras películas favoritas, aunque seamos conscientes de que es un plato que no se va a adaptar a todos los paladares. Aquí somos amantes de los productos inclasificables y siempre estamos dispuestos a romper una lanza por ellos.

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Sitges 2014, licántropos en el festival, Late Phases y Der Samurai

24 octubre 2014 Deja un comentario

acróteraContra el orden regular de la naturaleza se erige el monstruo. Como sustantivo deriva del vocablo latino ‘monstrum‘,  con un significado inquietante: ‘aviso de los dioses'; el monstruo advierte de lo sobrenatural. Ahora bien, el monstruo no sólo muestra a, también es mostrado por el hombre para otros hombres con la finalidad de conjurar los miedos. El monstruo causa espanto y el espanto aviva la prudencia. Adversarios por excelencia de los héroes, nos repelen, y, sin embargo, también nos atraen; lo explicaba ya Friederich Schiller en Del arte trágico (1792): “es un fenómeno general en nuestra naturaleza que lo que es triste, terrible y hasta horrendo nos atrae con una fascinación irresistible; que las escenas de dolor y de terror nos repelen y nos atraen con la misma fuerza.” Es la atracción por lo desmesurado, por aquello que rompe con los límites e invita a la transgresión. Por lo sublime. En el monstruo se refleja también, pues, nuestra voluntad de contravenir nuestra condición finita y mortal, nuestra necesidad de asaltar el cielo y pensarnos dioses.

Máscaras de inmortalidad, los monstruos han poblado nuestras lecturas del mundo, primero en el mito, en la literatura después y en el cine más tarde. Su figura se ha convertido en ítem clásico de nuestro imaginario fantástico. Es por eso que cada año se dan cita en el Festival de Sitges un buen número de ellos. Desde los más modernos, zombies, asesinos seriales, a los más Hombre Lobotradicionales como son los vampiros o los hombres lobo. En el licántropo nos vamos a entretener. El lobisón es probablemente la criatura legendaria que está presente en más culturas, hombre bestia, a través de él nos contamos el poder de los instintos y la necesidad de controlarlos. La naturaleza como mal frente a lo civilizado humano como bien, esa es la premisa que subyace en su articulación, pero estableciendo que esa naturaleza está también en la esencia de lo humano. Así el licántropo es manifestación del bifrontismo de nuestra especie. Leyenda arcana, el cine es el que ha armado los rasgos con los que nos lo representamos revitalizando el mito (poco presente en la literatura) y manteniendo su popularidad hasta nuestros días. A lo largo de la historia del séptimo arte se han dado diferentes versiones sobre la licantropía desde las más románticas (el hombre que se transforma en lobo está afectado por una maldición y sólo se librará de ella si se le da muerte por amor, Waldemar Daninsky por excelencia) hasta las más brutales (Un hombre lobo americano en Londres, la saga Aullidos iniciada por Joe Dante como ejemplos), pero el cine no ha agotado aún las representaciones sigue siendo posible acercarse al mito y darle una nueva interpretación. Muestra de ello son las desiguales Late Phases y Der Samurai, más convencional la primera, más particular la segunda.

Late Phases es el primer largometraje de Adrián García Bogliano rodado en inglés, el autor argentino nacido en Madrid debuta en el mercado de EE.UU. con este filme de hombres lobo. Esta vez no ha estado al cargo del guión sino que ha partido del trabajo de Eric Stolze (escritor del Under the Bed de Steven C. Miller), de ahí que pueda ser considerada como la más impersonal de sus obras. Pero impersonal no significa despreciable, Bogliano ha sabido trabajar como buen artesano y aprovechar los recursos con los que ha contado, superiores a sus anteriores producciones pero lejos de ser desorbitados.

LP_Posters11x17.inddEl filme nos enfrenta de entrada a la vejez, esa última fase de la vida en la que se nos considera casi incapacitados para cuidar de nosotros mismos, a veces incluso poco menos que una carga para los demás. Probablemente así vea Will (Ethan Embry) a su padre Ambrose ( Nick Damici) militar retirado ciego, excombatiente de Vietnam, al que prácticamente obliga a vivir en Crescent Bay un barrio residencial, vigilado e idílico en apariencia, donde viven sólo ancianos. Pronto descubrimos que no es tan paradisíaco, la promesa de tranquilidad desaparece cuando unas criaturas extrañas atacan el complejo. Los ataques coinciden con la luna llena y no son los primeros que han tenido lugar. Nuestro veterano de guerra, tocado por todos los estigmas que asociamos a tal figura (amargado, casi borde, pero con un punto entrañable), va a ser el que se les enfrente.  Sus deducciones apuntan a que se trata de unas criaturas enormes, demasiado grandes para ser alimañas, la coincidencia con la luna llena (la última fase de la luna) le hace sospechar que se trata de licántropos. Ambrose confirmará sus sospechas, desvelará la identidad (previsible) del hombre lobo, y acabará con las criaturas en un tercer acto en el que se saca todo el jugo a unos efectos voluntariamente artesanales, con transformaciones propias de la vieja escuela orquestadas por Robert Kurtzam.

Adrián García Bogliano es un autor que va madurando con cada nuevo filme, lejos de encorsetarse, a lo largo de su obra ha ido recorriendo los distintos subgéneros del terror y los ha ido abordando, además, desde diversas narrativas y estilos cinematográficos. Late Phases supone su incursión en el terreno de las monster movies, de la que cabe destacar su elección de un personaje central atípico en este tipo de películas, su protagonista es un anciano que se revela todo un héroe otoñal, un sosias del Eastwood actual metido a cazador de licántropos. Esto permite darle a la cinta una dimensión peculiar, la caza del monstruo está puesta al servicio de la dignificación de la vejez tratada además con mucho humor (cosa esta última en la que coincide con otros retratos de personajes similares, un ejemplo sería  El anciano que saltó por la ventana y se largó). Valor que quizás no sea apreciado por todos, pero que la hace ser distinta sin tener que apartarse de los estándares de los relatos licantrópicos.

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La cinta del argentino no deja de tener toques peculiares, pero no tantos como para ser arriesgada. Sí lo es y mucho la propuesta de Till Kleinert, Der Samurai. Producción de bajo coste, financiada mediante crowdfunding, está ópera prima busca ser una rareza en toda la polisemia del término, extraña y singular. Su historia nos lleva a una aldea alemana que está samurai cartelsiendo amenazada por los lobos, Jakob (Michel Diercks), jefe de la policía local, con la intención de apartar las fieras de las viviendas, deja cada día carne en el bosque. Jakob es un hombre taciturno y apocado, apenas respetado como autoridad por sus convecinos (especialmente por los jóvenes). Un día llega a comisaría un extraño paquete destinado a “Lobo Solitario”, ese mismo día más tarde recibe una extraña llamada pidiéndole que lleve personalmente el paquete a una casa abandonada en el bosque. Jacob, después de finalizar la jornada, se dispone a cumplir el encargo. En la casa se encuentra con un enigmático personaje: un hombre ataviado de mujer con un vestido blanco (semejante al de una novia), él es el destinatario del paquete, que contiene una katana. A partir de ese momento empieza un juego sádico entre los dos personajes, el travestido samurai (Pit Bukowski) emprende una espiral de violencia contra el pueblo a la que trata de arrastrar a Jacob, quien se ve desbordado por la incontrolable situación.

La película aparenta a primera vista ser una historia de suspense de policía persiguiendo a psicópata asesino tocada con una estética queer. Pero es mucho más que eso. Der Samurai es toda una exploración de los impulsos reprimidos. La odisea de Jacob persiguiendo y combatiendo al travestido es un paralelismo de su autonegación, de esa contención que cree necesaria para integrarse en su medio, una sociedad pequeñoburguesa, rural y pacata (que bien pudiera trasponerse a  cualquier otra sociedad occidental) en la que el diferente no es bien visto. Los atropellos del travesti semejan actos de venganza contra ese orden represor y censurador, la desinhibición airada y justiciadora. Es la rebelación de la naturaleza. El samurai es el trasunto del lobo, un lobo que como el de Caperucita representa la pulsión sexual. Personaje sin nombre, es el alter ego del propio Jacob. Si alimentando al lobo conseguía alejarlo del pueblo, del orden castrador, para liberarse de esa carga habrá de darle muerte. Matar la fiera es tanto como asumirla (todo un acto de entrega la escena final).

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Conceptualmente rompedora, Der Samurai viene de la mano de una puesta en escena elegante en la que es especialmente reseñable la paleta cromática de su fotografía. La peripecia nocturna viene retratada con una luz dorada que resalta los colores haciendo cada vez más presente el rojo sangre. Esa fotografía ayuda a crear el ambiente misterioso y dramático, a la vez que (simultánea y paradojicamente) consigue la distanciación irónica que le da un áurea de exageración caricaturesca. Sin ser totalmente redonda, la propuesta de Till Kleinert es de las que nos agrada ver en un festival, pues una de las funciones de un certamen es descubrir nuevos discursos y nuevos valores.

Der Samurai es un canto a la liberación de los corsés castradores de la sociedad conservadora que nos rodea. Como dijo el propio Kleinert al presentarla, es una invitación a bailar. A bailar con lobos.

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Sitges 2014: objetos malditos, Annabelle y Oculus

20 octubre 2014 Deja un comentario

Annabelle cartelSi en el panorama actual del terror estamos asistiendo al renacimiento de sus manifestaciones más clásicas (casas encantadas, fantasmas, ambientes góticos… ), no podían faltar en Sitges buenos ejemplos de ello. Ejemplos que han resultado de factura y acogimiento (por parte del público) dispares. Uno de los autores que más ha contribuido a ese renacimiento es James Wan, con sus dos entregas de Insidious y, sobre todo, con The Conjuring. Es por eso que Annabelle era una de las películas que más interés había generado a priori. No en vano venía dirigida de la mano del director de fotografía de las aclamadas cintas de James Wan, John R. Leonetti, avalada por la producción del propio Wan y con el reclamo de la muñeca Annabelle (que ya tenía un papel episódico pero intenso en The Conjuring). Tal vez era esperada también porque la pediofobia, ese miedo irracional a las muñecas, es uno de los temores más extendidos. Todas esas expectativas se vieron frustradas: la película no pasó de ser una exploit desleída del subgénero y el público la despidió (en el auditorio) con la pitada más unánime. Abucheo no totalmente justo porque no deja de jugar honestamente con las claves de la serie B.

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Annabelle es un producto pop que busca calar en el segmento más joven del público, terror para adolescentes como se ha puesto de manifiesto en Francia, altercados incluidos. Como tal no carece de las típicas escenas de impacto (lamentablemente desveladas casi todas en el trailer), algunos sustos bien filmados y bien coreografiados que podrían redimirla si no fuera por el exceso de ingredientes que se dan cita en su guión. Efectivamente, el argumento de Annabelle resulta complicado (que no complejo) con una sobrecarga de elementos que no acaban de tener buena resolución. En Annabelle se dan la mano sectas destructivas (con la sombra de Manson en el horizonte), asesinatos brutales (en fuera de campo), invocaciones satánicas, posesiones diabólicas y hasta inmolaciones altruistas para salvar a la protagonista. Acumulación de tópicos que acaba empañando el esperado protagonismo de la muñeca maldita, que era lo que a priori prometía este filme concebido como spin off (y a la vez especie de precuela) de The Conjuring. Y, por si fuera poco, el cóctel viene aderezado por un mensaje moralista y conservador.

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Annabelle en Sitges (Foto: Serendipia)

En resumen, sin que pueda considerarse como despropósito, Annabelle tiene (casi)todos los números para acabar decepcionando. Mucho más redonda resulta Oculus (Mike Flanagan), aunque dividió al público en dos grupos irreconciliables: los que le dedicaron grandes, y hasta excesivos, elogios y los que prácticamente la abominaron. Entre los comentarios positivos el más exagerado fue el de un espectador que la calificó de nuevo hito del terror como en su día fuera El exorcista (William Friedkin), basando su juicio en las reacciones de pánico que había observado durante la proyección. Podemos testimoniar que parte de la platea disfrutó pasándolo verdaderamente mal, pero Oculus no pasa de ser oculus carteluna película efectiva que (para nosotros) tiene su mejor baza en la perspectiva narrativa bajo la que se desarrolla. Su argumento no es original (ni lo pretende): tiempo atrás, un asesinato dejó dos niños huérfanos. Las autoridades culparon al hermano, mientras que la hermana creció creyendo que el verdadero culpable fue un antiguo espejo maldito. Ahora, completamente rehabilitado y con veinte años, el hermano está listo para empezar de nuevo, pero la hermana está decidida a demostrar que fue el espejo lo que destrozó a su familia (FILMAFFINITY). No es, pues, más que una típica historia de objetos encantados que extienden su maldición a lo largo de los tiempos en la que se mezcla terror y suspense a partes iguales. No es un hito ni va a serlo. Ahora bien, sí tiene suficientes valores como para merecer ser bien considerada dentro del subgénero al que se adscribe.

Lugar común en este tipo de relatos es que los hechos terribles sucedan en dos momentos distintos del tiempo, uno pasado en el que se gesta la maldición y otro presente en el que se repite el embrujo pudiendo quedar resuelto o, al contrario, reforzado para seguir dándose. Del pasado se puede dar noticia en una secuencia inicial que funcione a modo de prólogo o mediante una serie de flashbacks; Oculus opta por lo segundo. Lo que la hace peculiar es que los flashbacks no suponen una ruptura del tiempo de narración sino que se trenzan totalmente con el presente al estar montados en paralelo y secuenciados a la par. El espectador va descubriendo a la vez el antecedente y la peripecia actual, coincidiendo, además, su descubrimiento con el del propio protagonista que va rescatando sus recuerdos mientras vuelve a pasar por situaciones parejas. Flanagan sabe desarrollar las dos tramas haciendo coincidir sus clímax y consiguiendo que la intriga se extienda por igual a ambas. Recurso que consigue por sí mismo crear la atmósfera y la tensión. Los sobresaltos no dejan de estar en un segundo plano respecto a la estratagema narrativa, pero ello no los desmerece sino que los coloca en el punto de mira exacto para que resulten efectivos y no chirríen (ni siquiera son vergonzantes las apariciones fantasmales).

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Oculus confirma a su director como hábil orquestador capaz de dar un toque personal a materiales usados muchas veces antes. Y sin duda fue el mejor filme adscrito al terror clásico de los que se presentaron en la 47 edición del Festival. A tener en cuenta.

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Sitges 2014: propuestas extravagantes, La distancia y Adieu au langage

18 octubre 2014 Deja un comentario

Pese a todas las críticas que pueden hacérsele (y que iremos enumerando en nuestras crónicas), el Festival de Sitges es fantástico. Lo es, pero no por centrarse en un género, en verdad la acumulación de secciones hace que cada vez haya más piezas que no se pueden incluir en los cánones del mismo. Lo es porque su abigarrada (e inabarcable) programación permite la cohabitación de cintas muy dispares entre sí que van desde lo más comercial a lo más experimental y bizarro. Y así se tiene oportunidad de ver obras que difícilmente van a poder verse en las salas, bien porque directamente no se estrenen, bien porque aunque lleguen a los cines permanecerán muy efímeramente en la cartelera. Dos claras candidatas a tal destino son La distancia del poco pródigo Sergio Caballero y Adieu au Langage de esa vaca sagrada que es Jean Luc Godard. Las dos propuestas más insólitas de esta edición.

La-distancia-2014Extravagante se dice de lo raro, extraño, desacostumbrado, excesivamente peculiar u original (en definición de la Rae). El matiz del exceso de originalidad se ajusta como un guante a la segunda obra de Caballero (quien debutó con esa otra excentricidad que es Finisterrae), porque desde luego no es disfrutable por todos los paladares, de hecho tras el pase de prensa (un domingo a las 8,30 de la mañana) hubo un tímido intento de pitada. Para algunos La Distancia (y con permiso de Asmodexia) fue una de las peores cintas de esta edición. Sin embargo, quien esto escribe, celebró y celebra haberla visto. Porque La Distancia más que un relato es toda una experiencia.

Al segundo largometraje de Caballero no le falta argumento, nos lo resumen bien en Filmaffinity: un artista confinado en una central térmica de Siberia encarga a tres enanos con poderes sobrenaturales que planifiquen y roben algo que denomina “la distancia”.   Otra cosa es que ese argumento vaya a alguna parte, nos genere intriga, nos conduzca a un desenlace después de haber tramado un nudo. En verdad, toda la trama funciona a modo de MacGuffin, el problema, si se quiere, es determinar de qué lo es. La película nos desafía, tiende un pulso a nuestro intelecto, si pretendemos analizarla desde el punto de vista del discurso enunciativo perderemos el tiempo. Para gozarla, la estrategia es renunciar a entenderla, porque esa es la única forma de comprenderla. Si nos dejamos llevar, disfrutaremos, de entrada, de la acumulación de detalles bizarros que contiene y que componen una melodía delirante que puede arrebatarnos: esos enanos telépatas, ese gritar Pluto tras alcanzar el orgasmo practicando el onanismo, ese bidón humeante que (¡agarrense fuerte!) recita haikus en japonés…

Abandonados al placer de ser mirones, La Distancia no nos cuenta pero sí nos habla.  Casi parece un ejercicio de “escritura” automática propio del surrealismo, su propósito también cabe bajo el espectro de la comparación de Lautremont que los surealistas hicieron suya: La Distancia es un filme que se pretende “bello como el encuentro fortuito, sobre una mesa de disección, de una máquina de coser y un paraguas”. Tras esa superficie de elementos bizarros que citábamos  se esconde todo un retrato sobre la extrañeza, la del arte, la de la vida. Retrato en el que resulta fundamental la localización. La acción se enmarca en un paisaje a la vez inhóspito y subyugante, un entorno que nos atrae y nos excluye simultáneamente. Paisaje que resulta de la intersección de una naturaleza feroz, devoradora, y el vestigio de lo humano representado por las restos de la central térmica abandonada (Siberia en la ficción, en realidad se trata de un paraje turolense). La_distancia_Film_still_4En ese dominio, en nuestro hoy postmoderno, se reavivan las nociones románticas asociadas al concepto de ruinas:  nostalgia, evocación, soledad, belleza. Los restos industriales se tiñen de melancolía y nos sumergen en una plácida nostalgia que nos enfrenta a la soledad que nos provoca  ver concluido el pasado mientras ignoramos el futuro. Las ruinas, como decía Georg Simmel, son los restos arrojados por la gran contienda del hombre con la naturaleza. Y en medio de ellas se esconde el artista olvidado, el de la ficción que no deja de ser un remedo de Joseph Beuys, y su obra dadaísta que se esfuerza baldíamente en intencionar la vida. La Distancia es, pues, una película sin sentido que nos habla del poder del sinsentido. Esa es nuestra lectura, que no nos planteamos en ningún momento hacer coincidir o no con la del cineasta. Cosa que no habría de importarle si, como afirma en una entrevista, es cierto que para él “da igual de qué vaya la película, lo que hago es mostrar personajes y un lugar donde pasan una serie de cosas”. Como decíamos, toda una experiencia estética.

adieuEn la misma dialéctica entre naturaleza y cultura se instala Adieu au Langage.  El último trabajo de Godard tampoco es un relato, su discurso no es narrativo sino poético. Adieu au Langage nos pone frente a un poema visual dividido en cinco estrofas : naturaleza, metáfora, naturaleza, metáfora, 3D memoria histórica, con el anagrama fonético de su título (Ah, Dieu! Oh, Langage!) a modo de estribillo. Godard usa el 3D para componer un recital de efectos plásticos (celebrados algunos con aplausos por parte del público), el recurso de la tridimensionalidad le sirve como paleta con la que experimentar y anonadar, es el fondo sobre el que destaca como figura el ensayo repleto de citas literarias, filosóficas, musicales y cinematográficas (entre ellas Sólo los ángeles tienen alas, El hombre y el monstruo, Metrópolis, La condesa descalza). Todo un ejercicio de intertextualización que bombardea al espectador con tal número de conceptos y efectos que se hace imposible captar en su totalidad. Pero Godard ya cuenta con ese anonadamiento porque no quiere transmitir sólo ideas, o mejor dicho, quiere que esas ideas se formen en el espectador a través de lo sensorial. Habla a la razón, sí, pero para despertar el sentimiento desde el que el pensamiento quede fijado en nuestro yo más íntimo. El suyo es un trabajo subliminal.

Adieu au Langage son setenta minutos intensos en los que el artista nos asoma al abismo de nuestra condición. A los humanos nos está negado aquello que Kafka en uno de sus relatos definió como “la alegría de vivir entre las plantas”: nos es imposible ya vivir sin la mediación del lenguaje. Nuestra experiencia nunca es directa, no podemos asomarnos a la naturaleza más que a través de la metáfora. adieu3 Metafórico es el can que centra buena parte del filme: a través de su imagen Godard apela a nuestra intuición para mostrarnos a la naturaleza entregada a sí misma, ese perro habita la inmediación que nos está vedada y de la que sólo podemos atisbar reflejos en su ausencia. El hombre está condenado a debatirse entre la naturaleza y la metáfora, la cultura nos escinde del entorno al hacerse autoconsciente en nosotros. La conciencia nos hace percibir el límite, sólo el hombre sabe que muere, y a la vez nos instiga a transgredirlo, nos incita a superarnos a través de la creación. Nuestro yo escindido nos impele a jugar a pretendernos dioses, ahí está como muestra de ese anhelo el mito de Frankenstein que Godard cita expreso. Crear desde la nada para evitar la nada. La criatura de Frankenstein es un monstruo en su sentido etimológico, algo digno de mostrarse, pero también en su acepción de ser fantástico que causa espanto.

El lenguaje nos aboca a la maravilla y al horror. Ese es en esencia el discurso de Godard, pero el francés, ya anciano, aprovecha ese marco para acumular denuncias a los males de nuestro hoy: la crisis, la victoria solapada del totalitarismo (la corrección política es una de las máscaras del pensamiento único), la (im)posibilidad de la igualdad entre los sexos (ante la que casi literalmente se caga el artista), el abandono de la lectura y el conocimiento enciclopédico sustituidos por la dependencia de las TICs… Godard carga con todo y contra todo en un alarde de desparpajo, de fresca mala leche, que ya quisieran muchos para sí.

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Tanto Sergio Caballero como Jean Luc Godard juegan a épater les bourgeois, y aunque la transgresión ya esté domesticada y su utilidad sea más que discutible, siempre es sano ejercerla.

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Sitges 2014, las ganadoras: I Origins y The Babadook

14 octubre 2014 Deja un comentario

La 47 edición del Festival de Sitges que ha tocado a su fin deja tras de sí varios títulos memorables, no todos ellos reconocidos en el palmares. Entre las injustamente ignoradas por el jurado, a gusto de quien escribe, figuran Musarañas (Juanfer Andrés), con la notable interpretación de Macarena Gómez, e It Follow (David Robert Mitchell), la más terrorífica de las cintas visionadas. Olvido que resulta más lamentable si tenemos en cuenta que el palmares ha estado muy repartido gracias en buena medida a la profusión de menciones especiales. Del mismo modo que lamentamos estas ausencias, estamos en desacuerdo con la concesión del mayor galardón al segundo largometraje de Mike Cahill, una película que, sin carecer de interés, no pasa de ser una obra pensada para el disfrute del público más general y menos exigente.

I OriginsI Origins, la ganadora, ofrece una reflexión (de poco calado) sobre la dialéctica entre la fe y la razón. La complejidad del ojo humano es aducido por los creacionistas como muestra de diseño inteligente que probaría la existencia de Dios. Ian Gray (Michael Pitt), un estudiante de biología molecular, busca la prueba que demuestre que nuestro ojo es fruto de la evolución y no de un diseño predeterminado, se opone, por tanto, a los argumentos religiosos en nombre de la razón y la ciencia. Ian compatibiliza sus estudios con su afición a fotografiar ojos, esa afición le llevará a conocer a Sofi (Astrid Bergès-Frisbey) atraído por su iris multicolor, pronto entrará en debate con las creencias de la joven que defiende la existencia de un trasfondo espiritual en nuestras vidas. Pese a sus discrepancias, Ian y Sofi vivirán un intenso romance que acabará bruscamente con la trágica muerte de la joven, muerte que coincide con el descubrimiento del componente que demostraría las tesis evolutivas de Ian. Años más tarde su teoría será puesta a prueba tras el hallazgo de un nuevo dato: los ojos humanos no son exclusivos de cada individuo como había supuesto nuestro científico. El nuevo giro de su investigación le llevará a viajar a la India en busca de la persona cuyo iris coincide con el de Sofi y los datos encontrados serán suficientes como para establecer una duda razonable que hace tambalear su creencia. La cinta de Cahill, con tintes de ciencia ficción, expone, pues, una resolución de la dialéctica ciencia-religión que apuesta por la defensa de una espiritualidad edulcorada propia de la literatura new age.

I Origins se pretende relato de ciencia ficción con fondo metafísico, pero se pierde en los derroteros del drama romántico y la exaltación facilona de la emotividad del espectador. Pese a ello y a su desarrollo plano y nada arriesgado, la película funciona manteniendo el interés del público hasta el final, en buena medida por unas interpretaciones más que plausibles por parte de todo el elenco. Filme amable, bendecido por una parte de la crítica americana tras su paso por Sundance, no es más que un producto mainstream tan fácilmente ingerible como olvidable.

Insuficientes méritos, los de I Origins, como para alzarse con el premio a la mejor película, máxime cuando en esta edición se presentaban títulos mucho más redondos. Ese es el caso de The Babadook, que se ha tenido que conformar con el premio especial del jurado pese a que había sido celebrada con honores en las redes sociales. Y es que Jennifer Kent, su directora, sabe aprovechar los lugares comunes de los relatos de fantasmas imprimiéndoles un toque babadookoriginal y personal. Nos cuenta la historia de una joven viuda que perdió a su marido cuando la llevaba al hospital para dar a luz. Seis años después de esa trágica muerte,  Amelia (Essie Davis) continúa perdida intentando educar a Samuel (Noah Wiseman), su hijo de seis años, que vive aterrorizado por un monstruo que se le aparece en sueños y amenaza con matarlos. La situación se complica cuando aparece un extraño libro que parece escribirse mientras se lee (como en La historia interminable ellos parecen formar parte de la narración) y cuenta la historia del Babadook (una especie de hombre del saco). El niño ve en el Babadook la manifestación del monstruo de sus pesadillas y eso le hace caer en conductas violentas e impredecibles. Amelia, muy asustada por el comportamiento de su hijo, se ve forzada a medicarle. Pero cuando comienza a vislumbrar una presencia siniestra a su alrededor, Amelia poco a poco se da cuenta de que aquello sobre lo que Samuel la ha estado advirtiendo puede ser real…

wall_1024x768_01The Babadook es presentada por sus productores como un “thriller sobrenatural en la tradición de los clásicos horrores domésticos de Polanski, tales como La semilla del diablo, El quimérico inquilinoRepulsión”. Han creado, pues, unas grandes expectativas que la película supera con nota. Su puesta en escena es impecable, utilizando el fuera de campo como elemento de intriga y dosificando con buen tino los momentos más impactantes. Kent se adentra en la tradición más clásica del terror y alumbra un cuento sombrío sobre los miedos de la infancia, combinando elementos de la tradición de casas encantadas, aquí más bien del objeto maldito (ese libro de cuentos del que es imposible deshacerse), y las apariciones fantasmagóricas. En The Babadook el componente sobrenatural es usado para hablar de los traumas de la pérdida y la dificultad para superar los duelos. Es la sombra del padre muerto la que planea sobre la relación madre-hijo, la que está en la raíz de los miedos del niño y en el sentimiento de culpa de la madre. El monstruo funciona a modo de catalizador que permite resolver los complejos, proporciona una catarsis en la que se verán superados los fantasmas del pasado y permitirá librarse del peso que oscurece los lazos maternofiliales. Dominar al Babadook supone tanto como conjurar el dolor para poder desarrollarse con normalidad (bien jugado ese fuera de campo del final).

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La película australiana es un filme atmosférico que tiene una de sus mejores bazas en el magistral desarrollo del arco de transformación de los personajes y la perfecta interpretación de sus actores principales (el trabajo de Essie Davis se vio recompensado con el premio a mejor actriz ex aequo con Julianne Moore). Meritoria es también la labor de Jennifer Kent que se muestra capaz de darle la vuelta a los lugares comunes (algunos usados hasta la extenuación a lo largo de la historia del cine) y mostrarlos como novedosos, ello se da gracias a como sabe jugar sus cartas en un exquisito despliegue de las formas. El esmerado desarrollo de los personajes se ve arropado por un dominio total del ritmo narrativo (sorprendente en una debutante) y un acertadísimo sentido del montaje. A The Babadook no le falta nada, esperemos que sean ciertos los rumores de que tendrá estreno comercial en nuestras salas.

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Sitges 2014: The Double, un Dostoievski retrofuturista y kafkiano

orson-welles-the-trial-kafka-13¿Quién no ha pensado alguna vez que Kafka fue el escritor realista del siglo XX, y de lo que llevamos del XXI también? El checo se nos representa en ocasiones como todo un profeta de lo que iba a ser (y está siendo)  la (post) modernidad occidental: este mundo nuestro circundado por parajes laberínticos que parecen interponerse entre el sujeto y su vida. Y no es necesario siquiera referirnos a lo trascendente, lo kafkiano aparece en las situaciones más cotidianas, basta por ejemplo pensar en nuestras “charlas” con los contestadores automáticos que pretenden descongestionar los servicios de atención al cliente (“si su consulta es por otras causas diga, otras causas o marque 4″) y que terminan de agotar nuestros nervios ya exhaustos por la emergencia que queremos comunicar y resolver (“disculpe, no le he entendido. Si su consulta es sobre…”). El hombre occidental contemporáneo no se las tiene que haber con hambrunas ni con epidemias ni con guerras, no, pero lo violento sigue hydependiendo sobre él, aunque sublimado en actividades y relaciones de apariencia civilizada. Una violencia con piel de cordero que se filtra por las rendijas de nuestros perfiles más vulnerables y que no puede ser sojuzgada por la corrección política (antes al contrario, pero ese ya sería otro debate). Una violencia tan punzante como familiar e inane. Así resultamos sujetos desorientados, perdidos en la anodina ferocidad de nuestras existencias rutinarias, asaetados además por la dominante cultura del éxito (desde el famoseo de papel couché a las primas por resultados, pasando por el simple pretender ser el más ejemplar en todo momento y lugar), y rodeados de burocracia por todos los flancos.

No es difícil imaginar que bajo cualquiera de nosotros, siempre tan domesticados y tan presionados, viva agazapado un reverso virulento presto a transgredir las reglas y a erigirse en amo, suele aflorar en nuestros devaneos etílicos y suele quedarse ahí en nuestras aventuras de barra de bar (si es posible la revolución es también otro debate). Stevenson se nos aparece igualmente como pronosticador de nuestro hoy. ¿Y qué ocurre si cruzamos al Jekill de Stevenson con el Joseph K de Kafka? Sencillo, se manifiesta ante nosotros Goliadkin, el protagonista de El Doble de Dostoievski, todo un avance del psicoanálasis. Y si a ese entramado lo vestimos con un ropaje retrofuturista, para dotarle de un aire de atemporalidad universal a la vez que de proyección del presente en un futuro indefinido, y lo alimentamos  con grandes dosis de humor absurdo, para generar ese extrañamiento que paradójicamente nos hace la trama más cercana, entonces nos encontramos con The Double la película de Richard Ayouade que es una adaptación puesta al día de la novela del ruso.

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Jesse Eisenberg (a quien recordarán por su papel en La red social) es Simon James, un gris oficinista de carácter apocado que es ninguneado en todos los entornos, ya en el arranque del filme le vemos acosado en el metro por un pasajero que le obliga a cederle su asiento aunque el vagón está vacío. No le van mejor las cosas cuando llega a la empresa, su tarjeta de identificación se ha extraviado y el conserje se niega a reconocerle (pese a que le ve todos los días), ese será su primer tropiezo con el orden burocrático opresivo que le envuelve. Enamorado de Hannah, una bella Mia Wasikowska (a la que vimos en Stoker), es incapaz de abordarla para mostrarle sus sentimientos. Tampoco destaca ante el jefe de su sección (Wallace Shawn en el papel de Mr Papadopoulos) , pese a que es eficiente (quizás el que más en la oficina). Condenado a una existencia solitaria, ocupa su tiempo de ocio observando desde su casa con un telescopio la intimidad de Hannah. En una de esas noches es testigo de un suicidio: un hombre, al que no vemos el rostro, salta desde el edificio donde vive la joven, pero antes de lanzarse saluda con la mano a Simon. Parece toda una premonición de lo que espera al protagonista. Esas son las condiciones en las que vive nuestro (anti) héroe cuando irrumpe en escena James (segundo nombre de Simon). James es todo lo que no es Simon, aclamado en la oficina como el mejor empleado de la empresa pronto se hará con las simpatías de Hannah y se irá adueñando del espacio de Simon. La particularidad de James es que es idéntico a Simon, es su reverso perfecto, la cara del éxito que contrasta con su condición de perdedor.

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En el filme de Ayouade el doppelgänger actúa a modo de superyo del protagonista (del ello si lo queremos en terminología freudiana), una versión superior de sí mismo caracterizada por no tener ningún tipo de cortapisa moral. Este yo superior irá barriendo del mapa a Simon hasta convertirlo en nada. Si Simon es un nadie, James es un yo pleno ensalzado por el establishment. Cuanto más se engrandece James en su entorno, más se reduce Simon hasta que llega a desaparecer completamente del sistema. Memorable escena la de Simon enfrentándose al encargado de personal que le impide el acceso pues no tiene carta de identidad porque, literalmente, ha desaparecido de la base de datos; todo un diálogo absurdo que nos recuerda la parábola Ante la ley de Kafka. La maquinaria de la burocracia arrolla a Simon, mientras que enaltece a un James en el que nadie, menos él, reconoce su doble.

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Esa maquinaria en el filme está representada por la empresa de la cual su fundador, The Colonel, es epítome. El motivo del éxito de esa industria es haber sabido lanzar un discurso dedicado a “la gente” entendida como masa en la que ningún individuo es diferenciable. Una invitación a deponer la voluntad de ser uno mismo para vernos satisfechos en la uniformización, donde seremos más felices como afirma la consigna, donde destacaremos precisamente por no destacar. En este marco, la figura de James se ilumina como el objeto de deseo del inadaptado que es Simon, como la proyección de sus anhelos, su aventura revela que los sueños pueden resultar peligrosos y es mejor acabar con ellos para poder ser nosotros mismos. Donde otros ven optimista la lectura de Ayouade, nosotros vemos un mensaje aciago que nos alerta sobre los males de nuestra sociedad presente: ese mundo que anima a la masificación, a la deshumanización,  no es otro que el nuestro.

En esta película, calificada por la crítica como hilarante, diabólicamente inteligente, especial y única, destaca también por su diseño de producción. La peripecia argumental está envuelta de un escenario oscuro, a menudo subterráneo, repleto de ruidosos ascensores, luces y televisores parpadeantes, fotocopiadoras y ordenadores prototipo de los años 50. Un universo lóbrego que le imprime carácter de distopía (en la que reconocemos influencias de Terry Gilliam aunque su paleta esté en el extremo opuesto). Richard Ayouade, pues, nos ofrece un filme ambicioso que supera con excelencia su propósito y le confirma como el gran director que se intuía ya en Submarine, su ópera prima. Para quien escribe pues, es una de las mejores cintas que compiten en esta edición.

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