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Se cumplirá el deseo de Naschy: por fin existirá el documental “El Hombre que vio llorar a Frankenstein” (The Man who Saw Frankenstein Cry)

Bajo el poético título Cuando las luces se apagan (T&B 2008)Naschy nos regalaba una condensación actualizada de  su autobiografía Memorias del hombre lobo (Alberto Santos 1997).  Con su léxico arcaizante que le daba aires de señor decimonónico como aquellos que protagonizan los films de terror gótico que tanto amaba, Paul compartía con nosotros en sus memorias, el lado más humano de sus recuerdos cinematográficos.   Entre sus evocaciones emotivas, probablemente la más querida por él fue haber visto llorar a uno de los mayores monstruos del cine, tanto es así que le dedica todo un capítulo. Naschy podía decir que fue el único hombre que vio llorar a Frankenstein.

Boris Karloff y Bill Cosby en las inmediaciones de Madrid.

Todo empezó la madrugada del 25 de febrero de 1966.  Una productora estadounidense estaba rodando en España uno de los episodios de la serie  I Spy (1965-68), concretamente el capítulo 22 de la segunda temporada llamado  Mainly on the plain , y necesitaba algunos figurantes para su reparto y ahí es donde entra Naschy, que fue contratado para una minúscula aparición. En ese capítulo Boris Karloff, encarna a Don Ernesto Silvando, ciéntifico español especializado en misiles (¡!) que se cree una reencarnación del Quijote,  y entre otras peripecias confunde lo que es una merienda campestre con una dama  en peligro a la que al intenta “salvar”, provocando que tres lugareños (que lucen todos boina) manteen al pobre anciano. Uno de esos mozalbetes agrestes es nuestro Paul Naschy, en  una aparición que la censura de la época no permitió, ya que cuando la serie se programó  en nuestras pantallas, este capítulo se lo saltaron  por no dejar en buen lugar a la Benemérita. Esta serie mi memoria catódica la recuerda más que nada por  las imágenes de sus protagonistas, Bill Cosby y Robert Culp en un álbum de cromos, pero se trató de una serie muy popular, realizada en plena moda de los agentes secretos y sobre todo porque el rodaje fue muy internacional, rodando episodios en Roma, Atenas, Tokio, Hong-Kong, Marruecos o este capítulo del que hablamos,  que se desarrolló en Madrid.

Aquella madrugada de febrero fue el primer día en que Paul llegó al rodaje; en aquel contexto que reunía todas las trazas de lo sombrío: paisaje nocturno, frío espantoso… Naschy cruzó su mirada con la de Boris Karloff:  “Cuando alzó la mirada y clavó sus penetrantes e hipnóticos ojos verdes en mí, un escalofrío me recorrió la columna vertebral.  Hablaba con voz profunda, y se mostraba entrañablemente amable.(…)Al verle en acción comprendí lo que la mirada significa para un actor de cine.”   Karloff se movía trabajosamente, unas prótesis metálicas le permitían caminar a duras penas y el frío le caló durante todo el rodaje, entonces fue cuando: “Una tarde vi a Boris Karloff llorar, el anciano se quejaba del lacerante frío y estaba muy cansado; el coche de producción se retrasaba y las gélidas rachas de viento cortaban como cuchillos.  Sorprendente: debí de ser uno de los pocos, tal vez el único, que vio llorar al monstruo de Frankenstein.

Años después Emilio Pina quiso llevar al cine la vida de nuestro hombre lobo, el guión tomó su título de ese momento tan íntimo que acabamos de reproducir, se iba a llamar El Hombre que vio llorar a Frankenstein. El proyecto le fue ofrecido a Bajo Ulloa pero éste lo rechazo.  Sin embargo, Naschy fue un hombre inaccesible al desaliento, recibió con estas palabras ese rechazo: “sinceramente, creo que fue lo mejor que pudo pasar.  Tarantino me ha hablado del tema, hace muy poco y existe otro proyecto.  Ya veremos.”

Y en la próxima edición del Festival de Sitges se estrenará en primicia el documental El hombre que vio llorar a Frankenstein (The man who saw Frankenstein cry, fuera de España).  No, no será Tarantino quien lo filme, sino otro hombre que admiró a Paul, que le acompañó hasta sus últimos momentos y que puso su grano de arena para inmortalizarle: Ángel Agudo, autor de la biografía definitiva de Naschy, Paul Naschy: La Máscara de Jacinto Molina (Scifiworld 2009) ,que fue presentada también en Sitges en octubre del año pasado con la presencia de Naschy, que aunque ya estaba siendo devorado por la enfermedad no dio su brazo a torcer y hasta el último momento quiso estar con sus fans. El documental está producido por Scifiworld (con la colaboración de La Cruzada Entertainment -José Luis Alemán- y Waldemar Media -Sergio Molina-), tendrá aproximadamente una hora de duración y desde ya estamos deseando verlo.  Scifiworld daba la noticia la pasada semana del inicio del rodaje.  Concretamente el equipo se ha desplazado a Londres donde han entrevistado a John Landis a quien debemos otro

Caroline Munro: Gran dama del fantástico...

memorable hombre lobo y a manos de quien Naschy recibió el premio Máquina del Tiempo en el Festival de Sitges y a Caroline Munro, que colaboró con Paul en la más polémica de sus películas, El Aullido del diablo (1987, Jacinto Molina).Una inglesita con muy interesante carrera y de la que me enamoré perdidamente tras ver sus ojos en El viaje fantástico de Simbad (The Golden Voyage of Simbad, 1974 Gordon Hessler) y poco más tarde alimento mis más bajos instintos con los modelitos que lucía en Starcrash (1978 Luigi Cozzi), pero que entre otros títulos clásicos del fantástico colaboró en El abominable Dr. Phibes (The Abominable Dr. Phibes, 1971 Robert Fuest) y su secuela El retorno del Dr. Phibes (Dr. Phibes Rises Again) dirigida por el mismo director y estrenada al año siguiente; tardíos Hammer como Drácula 73 (Dracula A.D. 1972, 1972 Alan Gibson) o Captain Kronos: Vampire Hunter (1974, Brian Clemens); fue chica Bond en La espía que me amó (The Spy who Loves Me, 1977 Lewis Gilbert); tampoco se cortó en enfrentarse al temible Joe Spinell en la enfermiza Maniac (1980, William Lustig), además de haber trabajado para Paul Naschy en El Aullido del Diablo y con Jesús Franco en uno de sus films más bien rodados, Los depredadores de la noche (Faceless, 1987).

... de sobrenatural belleza.

De la actriz, Naschy no conservó más que buenos recuerdos, tal y como escribió en sus Memorias del hombre lobo: “La más bella de todas las actrices que he conocido, una auténtica profesional y un ser humano extraordinario. Se hizo amiga y cómplice de mi hijo pequeño, Sergio, y siempre estaban juntos”. Después de Londres el equipo recorrerá España (Madrid, Barcelona, Burgos…) y cruzará después el Atlántico para recalar en Los

Paul Naschy y Don F. Glut.

Ángeles, donde presumiblemente entrevistarán a los dos directores con los que realizó sus dos únicos fims americanos, Fred Olen Ray (Tomb of the Werewolf) y Don F. Glut (Countess Dracula’s Orgy of Blood) sobre cuyos rodajes pueden ver un extenso artículo en este, su blog.  En cada una de esas ciudades se entrevistará a las muchas personalidades que intervendrán en el documental, como Jordi Grau, Nacho Cerdá, Angel Sala o Sir Christopher Lee, entre otros que  Scifiworld irá desvelando poco a poco. Como narrador el director Mick Garris (lástima, nosotros hubiéramos apostado por la voz de Christopher Lee)

Habremos de estar muy pendientes del portal de Scifiworld para ir descubriendo todo lo que nos va a deparar este film.  También aprovechamos para recordar el otro documental pendiente de estreno oficial o, al menos distribución, La sonrisa del lobo de Javier Perea, un interesante repaso a la filmografía de Waldemar Daninsky de mano del propio Naschy.

Allá dónde esté nuestro hombre lobo, nuestro querido Paul, seguro que está complacido con esta noticia y este homenaje. Naschy vio llorar a Frankenstein y se emocionó, a nosotros nos emocionó no verle llorar a él, en palabras de Ángel Mora (que nos cedía en la entrevista que le realizamos): “Paul en su libro de memorias describe bajo el título “El hombre que vio llorar a Frankenstein”,  como en el rodaje en España de un episodio de la serie I Spy con Boris Karloff , encontró a éste, muy anciano y enfermo sollozando de frío y de dolor en una pausa del rodaje -sólo, ausente, triste-. Yo he de decir que pese al dolor que sentía (físico, psíquico), pese a la cercanía de su muerte,  Paul murió sin miedo, murió como quería, con su familia, con las botas puestas (hablando de cine) y que ni yo ni nadie podré/podrán decir aquello de que “Vieron llorar al hombre lobo”.”


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