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Archive for the ‘Cine Club’ Category

Snowpiercer, una aventura distópica

guia.inddPuede leerse en la crítica americana que Snowpiercer es una obra maestra destinada a marcar un hito a la altura de Blade Runner y Mátrix. También aquí los primeros en verla (fundamentalmente críticos) no han vacilado en afirmar que acabará convirtiéndose en obra de culto. Estas afirmaciones ponen las expectativas muy altas, y a veces eso no es bueno para una película. A mayores expectativas, mayores   decepciones entre el público. No me gustaría contribuir a ello, pero lo cierto es que Snowpiercer es una de esas películas que te pueden solucionar un mal día, te hacen creer nuevamente en el cine y tienes muy claro que figurará en tu top ten cuando hagas recuento de lo visto a lo largo del año (esa práctica en la que todos caemos al llegar diciembre a la hora de los balances).

Y es que Snowpiercer es uno de esos filmes a los que te puedes acercar desde varias  perspectivas. Es una película de acción y como tal puede hacer las delicias de quienes buscan en el cine entretenimiento, pero no se queda ahí porque es también una profunda y poderosa distopia apocalíptica que nos enfrenta a nuestro mundo proyectándolo en un futuro (no demasiado lejano) sin caer nunca en lo panfletario. Es un debate sobre nuestro sistema y, más allá de ello, sobre la condición humana; ese bifrontismo que nos lleva a acometer los mejores y los peores actos, los cuales forman un círculo en el que ambos extremos parecen  inevitables e incluso necesarios. Snowpiercer, lo adelantamos ya, apuesta por afirmar la posibilidad de romper ese círculo, la posibilidad de alcanzar un nuevo origen aunque sea a  costa de la destrucción de todo lo conocido: la vida puede regenararse y construir un nuevo mundo en el que, tal vez,  el equilibrio no pase por las estructuras de dominación y la división de clases que hasta ahora hemos conocido.

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Bong Joon-Ho ( el autor de The Host) hace arrancar la acción en este nuestro 2014 preocupado por el cambio climático. Hoy, (14 de abril) y sin ir más lejos, un nuevo ultimátum de la ONU a los gobiernos ocupa la portada de los periódicos). En la ficción se anuncia la inminencia de la solución, basta con enviar a la atmósfera cargas de un nuevo producto capaz de hacer frenar el calentamiento global. Sin embargo el experimento resulta fallido y se desencadena una nueva era glaciar que acaba con la vida sobre el planeta. Sólo unos cuantos llegan a salvarse gracias a esa especie de arca mecánica que es el snowpiercer, el último tren diseñado por la empresa Wilford dotado de un motor capaz de permanecer en movimiento perpetuo y que viajará en círculos alrededor del planeta. La acción avanza diecisiete años y llegamos al 2031, y en el tren rompehielos se han reproducido las diferencias sociales de la tierra: los vagones de cola son ocupados por la clase baja, sometida y hambrienta; de los delanteros se sabe que es habitada por las clases altas donde viven con toda clase de privilegios y excesos, todo ello auspiciado por el propio Wilford que gobierna la máquina. No todo es sumisión en la sección de cola, hay voces que se alzan contra esa injusticia y planean el asalto de la máquina. Su líder espiritual es el anciano Gillian (John Hurt) que alienta al joven Curtis (Chris Evans) a organizar una revuelta.

snowpiercerLa aventura de Curtis, y de quienes se apuntan a seguirle, nos irá conduciendo a lo largo del tren revelando que hay en cada vagón. Que es tanto como ir descubriendo la organización del mundo y la arbitrariedad que lo gobierna. Si es habitual usar el tren como metáfora de nuestra vida, que es un transito, en la obra de Bong Joon-Ho lo es explícitamente: “El tren es el mundo y sus pasajeros la humanidad entera“, se dice en un momento del filme. El todo es un engranaje, en el que cada pieza es necesaria si cumple con su función; así, en el snowpiercer como ecosistema cerrado que es, todo está diseñado para mantener constantes las proporciones que garantizan su diversidad, si para ello es necesario que se mantengan las diferencias sociales se hará todo lo posible para que perduren. Así, hasta las revueltas están concebidas para conservar el particular statu quo que da naturaleza a ese ecosistema, son un medio que tiene como fin nivelar la población ya que a toda rebelión le sigue su sofocamiento.  El orden del sistema está calculado con detalle para evitar su aniquilación, está pensado para perpetuarse infinitamente. La única salida posible es romper el círculo, dinamitar las estructuras, aceptar el sacrificio apocalíptico y conservar la esperanza de que un segundo origen será posible tras la devastación. Así de rotunda es Snowpiercer.

Conceptualmente inquietante, su gran valor es que la idea de fondo no sobrepasa la forma de la exposición. La distopía es expuesta bajo el ropaje de la acción épica y funciona perfectamente en los dos planos, trenzándose el uno con el otro y dándose sentido mutuamente. El periplo de Curtis desde el vagón de cola hasta la máquina adopta la forma de sucesión de pruebas, siendo cada vagón la resolución de una misión, como si se tratará de una aventura gráfica. Mención especial merece el episodio en el que para acceder al vagón de distribución de agua, se dan de cara con un ejército de enmascarados provistos de hachas, es una secuencia cruenta que no está exenta de humor. Un humor propiciado por el planteamiento surreal de situaciones y personajes. Entre los personajes bizarros merece snowpiercer_tildaswinton_frikarte-e1394292692791ser destacado el papel interpretado por una irreconocible Tilda Swinton, la primera ministra del tren que es la encargada de trasladar las órdenes desde la máquina a el vagón de cola, la veladora del orden. Histriónica y despiadada, propicia algunos de los momentos más divertidos a la par de crueles (una crueldad que bebe directamente del espíritu del cartoon). Despiadada es la propia película, que no vacila en ir eliminando personajes conforme avanzamos en la aventura,  muertes nada teatrales (menos aún sensibleras) que obedecen a la lógica implacable del relato. De todos los sublevados sólo Curtis llegará a la máquina en la que se encontrará con Wilford, interpretado por Ed Harris, ahí es donde reconocemos que todo ha sido un viaje iniciático para llegar a enfrentarse a la fuente, al origen, de todo lo existente; el encuentro con Wilford se instala en la tradición que lleva a enfrentar la criatura con el creador. Así podemos evocar desde el Frankenstein de Mary Shelley, hasta el encuentro de Neo y el Arquitecto en Mátrix, pasando por el productor ejecutivo Christof de El show de Truman (también interpretado por Ed Harris)  con cuyo final no faltan las concomitancias (la solución pasa por la ruptura del círculo cerrado con todas sus consecuencias).

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Una película como Snowpiercer es también un prodigio de efectos especiales. En este apartado el mayor reto era darle fisicidad al tren, ya que después de todo tiene tanto protagonismo como los personajes. Tres artistas conceptuales, incluyendo a Jang Hee-chul, el diseñador de la criatura en The Host, trabajaron juntos en ello, incluso antes de escribirse el guión de Snowpiercer. El tren tenía que tener al menos 4 largos compartimentos para mostrar a los pasajeros de la sección de cola en su carga inicial, por lo que se escogió el Estudio Barrandov de la República Checa al tener, con sus 100 metros, el set más largo de Europa. snowpiercer arte conceptual 2Se diseñó y se construyó un gigantesco cardán para simular los movimientos realistas de un tren de alta velocidad. Un cardán es un mecanismo que se usa para similar el movimiento de enormes barcos o submarinos como Piratas del Caribe o Marea Roja, por lo que es también una herramienta crucial en la consecución de movimientos realistas de un tren. Sin embargo, nunca se había oído hablar de un cardán lo suficientemente grande para soportar 120 toneladas de tren, con vagones de unas 30-40 toneladas cada uno, y ocupando 100 metros de largo. El equipo de efectos especiales del Estudio Barrandov creó este cardán gigante con 6 cámaras de aire en cada vagón, que podían controlar la frecuencia y la intensidad del movimiento, además de situar un motor especial debajo del mismo, utilizando los planos del director Bong Joon-ho para la simulación del tren. El resultado fue un tren ficticio que se movía como un tren en unas vías reales, que se doblaba como una serpiente en las curvas, y que se sacudía de manera realista en su interior, prolongándose hasta muy lejos la mirada y perspectiva del movimiento interior. El cardán ayudó a los actores a sentir que estaban en un tren de verdad, y la misma sensación tendrá el público: sentirá también estar viajando dentro del tren.

El viento se levanta, il faut tenter de vivre

El_viento_se_levanta_The_Wind_Rises-603357491-largeSiempre tiene un punto de tristeza ver una película sabiendo que es la última de su director. En algunos ocasiones porque el artista ha seguido batallando con las imágenes hasta el final y dejan tras de sí una obra póstuma que constituye todo un legado; ocurría así con Dublineses (The dead) de John Huston que nos dejaba un fundido en negro profundo como el bajar de párpados final que era. En otras ocasiones porque el realizador decide retirarse cuando aún le asiste la lucidez y puede cerrar su obra con dignidad, fue así con Kieslowski que se puso tras las cámaras por última vez con el rojo de su trilogía de los colores (Tres colores: azul; Tres colores: blanco; Tres colores: rojo). Y ahora el que nos deja es Hayao Miyazaki a quien le debemos tantas obras maestras de la animación. Miyazaki se despide con El viento se levanta (Kaze Tachinu), nos regala un biopic impregnado por la melancolía de El cementerio marino  de Paul Valery del que toma prestado un verso para el título de este su último trabajo. Los tres filmes postreros que mencionamos tienen en común la suave melancolía de quien está degustando la finitud del tiempo y desde esa conciencia, sin darnos falsas esperanzas, nos alienta a aprovechar y gozar la vida, un trágico canto a la “joie de vivre” contenido e intenso a partes iguales.

El viento se levanta es un repaso sútil como la brisa  a la vida de Jirō Horikoshi el hombre que diseño los tristemente célebres cazas Zero (sí, los que usaban los kamikazes para sus ataques suicidas). De la mano de Miyazaki acompañamos a Jiro desde su niñez soñadora hasta su madurez, deteniéndonos en los momentos álgidos que atravesó  como el terremoto de Kanto de 1923, la Gran Depresión, la epidemia de tuberculosis y la entrada de Japón en la Segunda Guerra Mundial. Criticada en su país de origen tanto por los conservadores como por los izquierdistas lo que nos ofrece la película es una visión extendida de cómo la pasión de Horikoshi por volar fue atrapada por los avatares de la guerra y el militarismo. “No construimos armas, mejoramos aviones” dice un personaje en el filme, ese es el punto de vista desde el que se aborda este biopic, vemos a un hombre perseguir su sueño por encima de las circunstancias que le han tocado vivir. Y amar, porque esta es también una gran historia de amor. Es un gran canto a las aspiraciones de superación y a la necesidad de vivir aunque nos veamos rodeados por lo más adverso.

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Auténtico poema visual, es posiblemente la menos fantástica de las obras de Miyazaki, pero está llena de magia y de lirismo en el detallado trabajo de sus imágenes. De la mano de Miyazaki hasta las tragedias están armadas de un poderío visual que las vuelve poéticas: así ocurre con el terremoto de Kanto, por lo que se refiere a los dramas colectivos, o el vómito hemoptísico de Nahoko (la amada de Jiro) en lo más íntimo, en el que las gotas de sangre tiñen de rojo las flores componiendo una sinfonía de color delicuescente. El trabajo de los fondos está perfilado con una minuciosidad extrema y la animación dibuja con realismo todos los movimientos. Y aunque el tono general de la cinta sea el realismo no faltan los momentos oníricos que nos hacen elevarnos a otra dimensión. En ellos los sueños de Jiro entran en contacto con los de su  ídolo Caproni (ingeniero aeronáutico italiano que le sirvió de inspiración) tejiendo un espacio en el que la conciencia se funde con lo idealizado y en el que el protagonista halla los motivos para seguir viviendo.

El viento se levanta y Miyazaki enfila el camino del adiós, pero nos deja una carrera brillante con la que podremos gozar una y otra vez. Y nos anima a perseguir los sueños en nuestra fugaz existencia, una existencia abocada a desaparecer pero en la que vale la pena tratar de vivir. 

The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro y otras batallas

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Desde que el ente conocido como Serendipia creó este blog, hace casi 5 años y 825 artículos, muchos de ellos referentes al mundo del cómic y dentro de ese campo al protagonizado por súper-héroes, no había encontrado una excusa para hablar de uno de sus personajes favoritos, presente durante toda su vida y parte imborrable de su memoria sentimental. Así que, a propósito del estreno de Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro, se ha complacido en realizar su primer artículo sobre el lanzarredes,  así que sean indulgentes con él y permitan que se extienda un poco, deteniéndose en  las diferentes encarnaciones del trepamuros: desde el cómic, al merchandising de su infancia. Repasando la filmografía que ha generado y rememorando,  por el camino, alguna batallita personal de dudoso interés.

Avisados quedan…

TENGO 47 AÑOS Y SIGO LEYENDO SPIDERMAN

19He de confesarlo. Creo que deben saberlo antes de continuar. Desde que cayó en mis manos un desmoronado ejemplar del antiguo volumen uno de editorial Vértice, concretamente el 19, me sentí picado por esa araña radioactiva que también infectó a Peter Parker, aunque si a él le convirtió en el súper-héroe más importante del firmamento, a mí me transformó en un humilde lector de sus aventuras. Durante esa etapa infantil no paré hasta completar esa primera colección del trepamuros revolviendo en librerías de segunda mano y traperías acompañado de Enrique, compañero de aficiones (aunque a él le gustaban más los mutantes). La colección, a todo blanco y negro y en formato  librito, constaba de 59 números que desprendían un característico olor que todavía identifico con el de mi infancia, repleta de tebeos de terror y aventuras. Sí, cierto es que a la edición española de Spiderman (escrito todo junto) le llegó su decadencia cuando pasó a ser editada por Bruguera. Y cierto es que mi interés sobre el personaje decayó cuando el vello invadió ciertas zonas de mi anatomía y recibí la llamada de la música, el alcohol y las chicas pero… como cantaban Small Faces, “yesterday is dead but not my memory”, y un día al spiderman_228adquirir mi Spirit mensual -nunca abandoné la lectura de comics-  el viejo lanzarredes me saludó desde la portada de un cuadernillo, ahora editado por editorial Forum y dibujado por un tal Todd McFarlane. La verdad es que el dibujo me llamó la atención, así que decidí llevármelo conmigo reencontrándome de nuevo en esas páginas con Peter Parker. Aquel número 228 fue seguido de muchos otros, hasta conseguir reunir todas sus aventuras (y eso incluye varias cabeceras más y muchos, muchos extras, incluidos algunos inéditos en España). Y es que sí, Peter había vuelto para quedarse en mi vida. Y no como objeto intocable de culto, sino como algo vivo. No en balde y tras muchos años me encuentro disfrutando actualmente de la relectura cronológica de la colección.

Pero ¿Qué tiene este personaje para haberse convertido en uno de los iconos del siglo XX y parte del XXI? ¿Qué le hace incombustible? Por mi experiencia sólo puedo contarles lo que vio aquel niño en Spiderman: aventura, cercanía y cierta ¿verosimilitud? Pues si, ya que frente a otros niños que admiraban las aventuras imposibles de bárbaros, dioses y semidioses con Thor, Conan o el mismísimo Superman en cabeza, lo que me cautivó del personaje arácnido fue, más que las propias aventuras del enmascarado, de $(KGrHqF,!lUFJbtEMy0LBSei0p6Ebg~~60_35indudable atractivo y sólida construcción, la personalidad y el carisma de Peter Parker y su reparto de secundarios: Flash, el matón del colegio (ahora se le llamaría acosador); la tía May, madre protectora pero también castradora que no parece ver que su niño está creciendo; Harry, el amigo con problemas de adicción; J. J. Jameson, el jefe hijoputa pero necesario para conseguir dinero. Y las chicas, claro. Desde Betty, la primera novieta, a Gwen Stacy, el gran amor de la vida de Peter Parker cuya pérdida, en el número 121 USA de The Amazing Spider-Man (en España el 54 -Vol. 1- Vértice) recuerdo todavía con perplejidad y tristeza. Y Mary Jane Watson, esa mujer independiente y liberada que aparece y desaparece de la colección y de la vida del trepamuros. El caso es que a día de hoy, con 47 años que se me han pasado volando, sigo comprando y leyendo mes a mes las aventuras de Spiderman, superando temporadas anodinas que han puesto mi fidelidad al personaje al límite. Y es que, algo tendrá el mequetrefe de Parker.

AHORA A LOS MUÑECOS Y CROMOS SE LES LLAMA MERCHANDISING

1972_Mego_Window_BoxEsto de los personajes populares es lo que tienen: que cuando tienen éxito rápidamente se diversifica su figura en otros campos. Y los súper-héroes no iban a ser menos. Incluso en aquella España del DDT  algo parecido al merchandising se generó, y los niños más inquietos lo encontramos. Como esa colección de cromos de Cropán dibujados por el portadista de Vértice, López Espí; el muñeco Mego de Spiderman, uno de los pocos de la casa americana que se importaron en el país de los Madelman; los magníficos pósters que editaba Vértice, también ilustrados por López Espí y… la película de Spiderman. Porque sí señores, hubo una película de Spiderman en los años setenta que, naturalmente, tanto servidor como su amigo de aficiones Enrique procuraron no perderse. De hecho se trataba de una serie de televisión de finales de los setenta que constó de 15 episodios y que en 29153409este sacrosanto país se montó en forma de largometraje mediante la unión de varios de estos capítulos.  Pero aquello, que vimos en el cine, no nos convenció para nada. Y es que la tecnología de efectos especiales todavía se encontraba a años luz de poder afrontar el reto que representaba dotar de credibilidad al arácnido. En todo caso uno se consoló viendo esa aventura –hubo dos más, El hombre araña en acción y El desafío del Dragón, pero no nos atrevimos a verlas- y completando la colección de cromos que se lanzó en su momento. Poco después, la llegada del Superman de Richard Donnen a la pantalla grande abrió brecha para que los comics de súper-héroes fueran adaptados con dignidad al cine. Pero todavía deberían de pasar unos cuantos años para que, tanto Spiderman como el resto de los personajes Marvel, fueran llevados al cine con ciertas garantías de no hacer el ridículo.

EN EL PRINCIPIO FUE EL CÓMIC

El Spiderman de Ditko, menos musculoso y base de la versión Ultimate,  modelo de la última encarnación cinematográfica

El Spiderman de Ditko, menos musculoso y base de la versión Ultimate, modelo de la última encarnación cinematográfica

Retrocedamos a un pasado aún más remoto que la niñez de Serendipia. Estamos en 1962 y los súper-héroes andan de capa caída (nunca mejor dicho). Stan Lee, guionista de Marvel Comics, tiene en mente un nuevo concepto de héroe muy diferente a los tan manidos súper hombres. Un nuevo personaje que, a diferencia del resto, es un adolescente normal con el que los lectores en potencia pueden identificarse. Un joven acosado por los problemas habituales del cambio hormonal, pero multiplicados por mil al ser picado por una araña radioactiva que le da poderes. Así que para crear este nuevo concepto, Stan Lee cede la creación visual del personaje a Steve Ditko, en detrimento de Jack Kirby, creador gráfico de la mayor parte de los personajes de la “casa de las ideas”, entre ellos Thor, Capitán América, Los 4 Fantásticos, Los Vengadores y un larguísimo etcétera.  Y es que para Spiderman, Stan Lee tenía pensada una apariencia totalmente diferente a la de los hipermusculados modelos de Kirby. Así que con una primera historia que ya presentaba el origen de sus poderes, la muerte de tío Ben y el sacrosanto lema: “todo gran poder conlleva una gran responsabilidad”, se le dio la alternativa al personaje en una colección, Amazing Fantasy, que estaba condenada a desaparecer. Pero contra todo pronóstico dieron en el blanco, ya que las ventas de ese Amazing Fantasy 15 fueron lo suficientemente aceptables como para que la editorial decidiera, meses más tarde, iniciar la colección Amazing Spider-Man, cabecera que continúa publicándose en la actualidad.

El dúo formado por Stan Lee / Steve Ditko creó gran parte de los personajes y antagonistas de la serie hasta la marcha del dibujante en el número 38, momento en el que otro ilustrador, John Romita, se incorporaría a la colección, terminando de perfilar los personajes y creando otros nuevos, tanto para incorporarlos en la vida de Peter Parker como para relacionarlos con su personalidad enmascarada. Tras Romita ha habido un abultado ramillete de guionistas y dibujantes que han llevado al personaje por etapas más o menos brillantes, pero manteniendo el suficiente interés como para que haya llegado con tan buena salud a la actualidad, 52 años después de su creación.

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SPIDERMAN EN LA PANTALLA

Nuestro lanzaredes se ha resistido a ser trasladado al cine. Y es que traducir súper-héroes a imágenes en movimiento siempre ha estado peligrosamente cerca del ridículo. Tras los baratos pero eficaces seriales de los años cuarenta que mostraron las aventuras del Capitán Marvel, el Capitán América, Superman o un rechoncho Batman, hubo que esperar a la Batmanía,  provocada por la serie televisiva de los años sesenta para que un personaje de cómic se convirtiera en todo un icono pop, repleto de humor e ironía desmitificadora. Un tono en el que  tuvo mucho que ver, según su recientemente fallecido guionista, Lorenzo Semple Jr., la sangría, ya que recibió el encargo y comenzó a escribir sus guiones mientras residía en España, concretamente en Torremolinos.

peliculas-que-nunca-existieron-spiderman-03En los setenta y tras alguna olvidable serie televisiva, por fin el cine demostró que un hombre podía volar y se estrenó la mítica Superman (Richard Donner, 1978) una súper producción que fue degenerando en secuelas cada vez menos interesantes. Diez años después vino Batman (Tim Burton, 1989), que también dio la campanada pero, el cine continuaba sin ofrecernos esa películas que  Marvel comics y sus seguidores se merecían. Tras la recordada serie televisiva dedicada a La Masa (The Hulk, si prefieren); la fracasada serie del trepamuros que ya les hemos comentado más arriba; una fallida intentona de adaptar Los 4 fantásticos con Roger Corman de por medio que no se llegó a exhibir (por algo sería…); y algunas anodinas tv movies realizadas a finales de los setenta con el Capitán América, llegaría el primer intento [1] de llevar a un personaje Marvel a la pantalla con todo lujo. ¿Y quienes fueron los artífices? Pues inicialmente la productora Cannon, de ahí pasó el proyecto a manos de  James Cameron, que escribió un guión que comenzó a circular por productoras hasta llegar a Carolco, y llegándose a formar un reparto -o una idea del mismo- que incluyó durante una época a Leonardo DiCaprio como Peter/Spidey y Nikki Cox como Mary Jane pero… la cosa finalmente no llegó a buen puerto y ya pueden imaginarse que buque puso en marcha Cameron con DiCaprio como polizón.

Afortunadamente en el año 2000 el joven Bryan Singer demostró con X-Men que podía llevarse a la pantalla el universo Marvel de manera digna, dejando el terreno allanado para que Sam Raimi, fan confeso del lanzaredes, llevara el proyecto adelante. Spider-Man (2002) convenció al público en general y al fan del trepamuros en particular, a pesar de ciertas polémicas con los lanzarredes orgánicos y otras licencias respecto al cómic. El casting era bastante convincente, con Tobey Maguire como Peter/Spidey y la bella Kirsten Dunst como Mary Jane (ignorando a Gwen Stacy). Esta primera entrega, además de mostrarnos el origen del personaje, lo enfrentaba al maligno Duende Verde, encarnado por el siempre eficaz Willem Dafoe.

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Tan buenos resultados se obtuvieron con el film, que dos años después el mismo equipo creativo y artístico encaró una segunda parte en la que Spiderman medía fuerzas con el Dr. Octopus (Alfred Molina). Pero el bache de la serie llegó con la tercera entrega en 2007, que convenció a unos y enfureció a otros. Quizás tuvo la culpa la saturación de enemigos (Veneno, El hombre de arena, Duende Verde) o algunas imágenes poco afortunadas del ‘reverso tenebroso de Peter Parker’. En todo caso, mientras las sagas mutantes se superaban y nuevos personajes se sumaban a la serie de films con personajes Marvel (Iron Man, Hulk, Daredevil, Elektra, Capitán América, Thor o Los 4 Fantásticos), se decidió retroceder lo andado y ofrecer un nuevo comienzo para Spiderman, tomando como modelo la exitosa revisión (y actualización) del personaje que la editorial ofrecía en la serie Ultimate Spider-Man, y que tan buenos resultados estaba dando en la adaptación de Los Vengadores. Así que en 2012 llega a la pantalla The Amazing Spider-Man, dirigida por Marc Webb, que tan solo tenía un largometraje en su haber, además de varios documentales y video-clips, y producida de Avi Arad, responsable de la práctica totalidad de películas con personajes Marvel. Andrew Gardfield, encarna a un Peter más joven y enclenque que Tobey Maguire, mientras que en esta ocasión el interés sentimental del protagonista recae en Gwen Stacy, interpretada por la bella Emma Stone, que ya había demostrado su poderío en Zombieland (Ruben Fleischer, 2009). El guión se toma bastantes licencias con respecto al cómic, desde el propio origen de Spiderman a la ausencia de varios personajes carismáticos como J. J. Jameson, pero resulta muy eficaz y ofrece una buena y necesaria renovación del personaje,  acusando influencias de la muy interesante Kick Ass (Matthew Vaughn, 2010). El enemigo a combatir es El lagarto y el seguidor del personaje se encuentra con figuras familiares como el Capitán Stacy, Flash Thompson y una tía May de lo más atípica encarnada por Sally Field.

Y como la cosa funcionó recaudando más de 750 millones de dólares en taquilla, poco después nos llega:

AMAZING SPIDER-MAN 2: EL PODER DE ELECTRO

Ante todo no esperen que les desvele las numerosas sorpresas que nos depara esta película. Si buscan seguro que encontrarán información, por supuesto, pero les recomiendo, como fan de la serie, que se dejen sorprender por la acción y los personajes que van apareciendo en pantalla, así como sobre los seguros participantes de la tercera entrega. Dicho esto, vamos por ella.

Puede entenderse que hayan prescindido del diseño original del traje de Electro de Ditko.

Puede entenderse que en la película se hayan alejado del diseño original del Electro de Ditko. Definitivamente eran otros tiempos.

Sinopsis: A pesar de que antes de morir el capitán Stacy (Denis Leary) hizo prometer a Peter (Andrew Garfield) que se alejaría de su hija Gwen (Emma Stone) para que no peligrara por su doble identidad, Peter  se resiste a abandonar a su novia. También quiere averiguar más sobre sus desaparecidos padres. Pero vive su personalidad heroica plenamente. Es estupendo ser Spider-Man. Para Peter Parker no hay una sensación más increíble que la de deslizarse entre los rascacielos, aceptar el hecho de que se ha convertido en un héroe y pasar tiempo con Gwen. Pero ser Spider-Man tiene un precio: Spider-Man es el único capaz de proteger a sus conciudadanos neoyorquinos de los temibles villanos que acechan la ciudad. Con la aparición de Electro (Jamie Foxx), Peter tendrá que enfrentarse a un enemigo más poderoso que él. Y cuando su viejo amigo, Harry Osborn (Dane DeHaan) vuelve, Peter se da cuenta de que todos sus enemigos tienen una cosa en común: OsCorp.

Repitiendo el equipo técnico y artístico de Amazing Spider-Man nos llega su secuela, que profundiza en los personajes y nos presenta nuevos que sin duda tendrán relevancia en el futuro (léase nuevas entregas) de la franquicia arácnida. Conoceremos más intimamente a Peter y su sentido de la responsabilidad, sus problemas personales y su maduración como individuo, que le llevará a tomar decisiones que tendrán gran peso en el futuro, tal y como cuenta Jeff Pinkner, uno de los guionistas,  “La película refleja cómo va madurando Peter. No solo en su relación con Gwen, sino también en lo que supone pasar de chico joven a joven adulto. Entre otras cosas Peter tendrá que hacer frente al hecho de que la vida es corta y siempre cambia, las relaciones vienen y van, y lo mejor que puedes hacer es disfrutar el viaje y aprovechar al máximo el tiempo disponible.”

También seremos testigos de la vitalidad que le aporta la máscara, tras la que se siente tan seguro de sí mismo que no deja de bromear, casi fanfarronear, al enfrentarse con sus enemigos, conseguida referencia a una de las características que distingue al personaje desde su creación en 1962. “Queríamos aportarle a esta nueva entrega un punto más juguetón, más divertido,” dice Marc Webb, nuevamente en la silla de director, “Cuando lees los comics salta a la vista sus golpes de humor y sus respuestas, su gracia, su amenidad.  Todo ello explica parte de su atractivo y son motivos por los que tantos aman a Spider-Man. Y sin  duda es algo que a mí también me encanta.”

Y si ciertamente es inevitable un gran derroche de efectos especiales en las batallas contra poderosos enemigos, no piensen que estas ocupan la mayor parte del metraje, muy al contrario, se ha conseguido equilibrar la acción con las escenas que muestran la relación que une a los diferentes personajes. En definitiva, lo que hace que nos interesemos por ellos y por la suerte que puedan correr. Aunque  no es exagerado decir que posiblemente estamos ante las mejores escenas de acción y las más verosímiles que se han mostrado de Spider-Man en movimiento.  “Procuramos que fueran (…) reales, recurriendo a ordenadores sólo cuando fuera imposible hacerlas mejor en la vida real,” dice el coordinador de especialistas Andy Armstrong.  Y sin duda se capta la esencia del cómic, del que también ofrece el film algunos guiños para los seguidores, aunque sin ceñirse fielmente a lo que en ellos se narra. Asegura Webb que  “Nos hemos tomado alguna libertad creativa pero los comics son nuestra fuente de inspiración.  Amazing Spider-Man #121 es uno de los fascículos más profundos del canon – profundo por el impacto que tiene en Peter Parker. El destino de Gwen está directamente relacionado con las decisiones del héroe. Gracias a esa historia los cómics pudieron darle un giro más complejo y, a partir de ahí, le dimos un tono más Shakesperiano y operístico al filme.”

Andrew Garfield como Peter / Spiderman profundiza en la complejidad del personaje; Emma Stone como Gwen Stacy demuestra que es más que unos enormes y bellos ojos y nos ofrece un personaje dulce y a la vez fuerte, que en algunos momentos va por delante de Peter en cuanto a tomar decisiones sobre su futuro y el de la pareja:“Peter juró alejarse de Gwen – y ella lo sabe – pero ella está mucho más abierta a estar con él,” explica Stone.  “No sólo porque están enamorados. Su padre ha muerto y eso le hace comprender la urgencia del tiempo – que todo es pasajero. Para Peter no es tan fácil, y eso crea mucha tensión entre ellos durante toda la película.”

Electro, interpretado por Jamie Foxx (protagonista, entre otros muchos films,  de Django desencadenado de Quentin Tarantino),  resultará ser la cara opuesta del arácnido y, por esas paradojas que unen esa frontera tan liviana que  lleva del amor al odio resultará ser, inicialmente, uno de los mayores admiradores de Spider-Man: su ídolo.  “Spider-Man fue el único que aparentemente se fijó en Max y lo llamó por su nombre,” señala Foxx.  “Max siente que en realidad Spider-Man era su amigo y por eso se obsesiona – cuelga fotos en la pared, y cosas por el estilo. Se lo toma muy en serio. Pero luego, cuando Max recibe sus poderes y acude a Times Square, Spider-Man intenta evitar que Max se haga daño y que a su vez haga daño a los demás. Max se siente traicionado por su héroe. Trágicamente malinterpreta lo que Spider-Man intenta hacer.” El aspecto de Electro, muy diferente al original de los comics -que naturalmente ha evolucionado mucho desde su creación- es obra de los míticos Greg Nicotero y Howard Berger, de  KNB EFX .

Pero hay otro villano más importante que Electro en la función y de más peso en la historia del lanzaredes, tanto que estuvo presente en la trilogía de Sam Raimi : Harry Osborn, El Duende Verde. O mejor dicho, el segundo Duende Verde, ya que tanto en la historia original como en la primera adaptación cinematográfica, el villano original es el padre del personaje, Norman Osborn. Para encarnar a este importante antagonista se ha contado con Dane DeHaan, que ya con anterioridad se había acercado al universo de los súper-héroes en la muy recomendable Chronicle (Josh Trank, 2012). Con cierto parecido físico con un joven Leonardo DiCaprio, DeHaan se desenvuelve con soltura con este complejo personaje “Harry Osborn representa el singular y clásico conflicto entre Peter Parker y Spider-Man,” dice Arad.  “Harry era su mejor amigo y después, por circunstancias de la vida, Harry se torna en un enemigo dispuesto a destruir a Spider-Man.  Y para colmo, lo más duro para Spider-Man es sentir la necesidad de ayudar a su amigo y evitar que éste se convierta en un villano autodestructivo.

Repiten papel en esta segunda entrega de Spider-Man: Sally Field (tía May), Cambell Scott (Richard Parker) y Embeth Davidtz  (Mary Parker), entre otros.

Finalmente destacar que The Amazing Spider-Man 2: El Poder de Electro nos traslada al ambiente del cómic al ser la primera de la franquicia rodada íntegramente en New York, escenario original de la serie.  “Spider-Man es de Nueva York y su historia es una historia de la ciudad,” dice Webb. “Por lo que rodar en nuestra localización real, en lugar de duplicar un estudio de rodaje, fue realmente fascinante.”

 [1] Tras la olvidable The Punisher: el vengador (The Punisher, 1989, Mark Goldblatt).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Aventura Audiovisual nos trae un doble estreno: Los huéspedes y Seguridad no garantizada

Visitaba hace poco el nuevo multicine que han abierto en la barcelonesa calle Balmes con enorme felicidad, ya que pese a que van cerrando cines históricos de la ciudad todavía hay quien arriesga y nada contracorriente. Y lo evoco porque queremos felicitar a otros nadadores que se han lanzado al mar proceloso de la crisis del cine llevando la contraria: queremos felicitar a un nuevo sello, La Aventura Audiovisual, que iniciaba su singladura a finales del pasado año y que tras presentar en pantalla grande títulos del género que más amamos como The Woman (2011, Lucky McKee) -¿Quién de los presentes en el festival de Sitges no cayó rendido ante su protagonista, Pollyanna McIntosh?-  o la extraña Upstream Colors (2013, Shane Carruth),  nos ofrece ahora dos nuevos estrenos: The Innkeepers (Los huéspedes) y Seguridad no garantizada. Dos películas que al igual que las ya mentadas pudieron disfrutarse en festivales, como el de Sitges. Pero La Aventura Audiovisual no se detiene ahí, ya que durante mayo tienen previsto estrenar la trepidante  Snowpiercer (2013, Joon-ho Bong) y el polémico, y para nosotros muy válido, remake de  Maniac (2012, Franck Khalfoun), entre otras films más de género que seguro darán más de una alegría al espectador. No pensamos perder de vista a este nuevo sello.   

innkeepers cartelThe Innkeepers (2011) del talentoso Ti West llegará a las pantallas el próximo 25 de abril. Previamente pudo verse en diferentes festivales, donde llegó arropada con el elogio de Eli Roth (“Una de las películas de terror más entretenidas, inteligentes y terroríficas que he visto nunca”) y la propia fama de su director, que se había ganado al público con La casa del diablo (2009). Así que las expectativas eran altas y fácilmente se convirtió en una de las cintas más esperadas de la 44 edición del Festival de Sitges. Pero después de su proyección pasó a ser catalogada como la mayor decepción del festival, ante lo cual sólo cabe decir que a veces el fandom no es demasiado justo, porque no es en absoluto una producción despreciable.

Vayamos por partes y empecemos resumiendo su argumento: conocido por muchos como “el hotel encantado” y después de más de un siglo de servicio, el Yankee Pedlar Inn está a punto de cerrar sus puertas para siempre. Los últimos empleados –Claire (Sara Paxton) y Luke (Pat Healy)-  están decididos innkeepers 1a reunir las pruebas que demuestran el terrorífico pasado del hotel, y deciden pasar las últimas noches en vela con cámaras y magnetófonos con el ánimo de registrar actividad paranormal. Cuando la fecha de cierre se aproxima, extraños huéspedes empiezan a alojarse a la vez que los dos jóvenes comienzan a experimentar sucesos alarmantes e insólitos…

A la luz de la sinopsis diríamos que nos encontramos ante una incursión al subgénero de las casas encantadas, pero eso no es exactamente así: The Innkeepers es fundamentalmente una comedia que acabará teniendo un giro hacia la historia de fantasmas. Algunos de sus detractores le echaron en cara al director la ausencia de elementos sobrenaturales durante más de dos tercios de la cinta, cosa que les llevaba a afirmar que carecía de ritmo y acción. Consideramos que quienes así hablaron no supieron entrar en la lógica del relato: el filme está más  interesado en retratar a sus personajes humanos, solitarios y un tanto excéntricos, que en dar a luz un nuevo producto convencional de casas encantadas. Quien esto escribe se sitúa en las antípodas de esas críticas, pues según nuestro parecer habría sido más redonda aún si no hubiese habido ningún tipo de aparición.

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Fue precisamente durante el rodaje de La casa del diablo cuando Ti West concibió la idea de filmar la película que nos ocupa. Todo el equipo estuvo alojado en el hotel The Yankee Pedlar Inn y durante su estancia West empezó a tener noticia de la fama de casa encantada que tenía el viejo hotel, viviendo incluso algunas experiencias típicos de los relatos de fantasmasinnkeepers hotel: bombillas que explotan y se queman o una televisión que se enciende y apaga sola…“Había realmente un ambiente en general raro – como si alguien estuviera en la habitación conmigo”. Ti West tuvo claro que ese hotel era una localización de lujo para un filme de género, tanto que, de haber recibido una negativa para filmar en él, The Inkeepers no existiría. Afortunadamente le fue concedida la localización y su película vio la luz.

Ti West es un autor querido por el Festival de Sitges. Si en 2011 se proyectaba The Innkeepers, en la última edición (2013) otra obra suya fue elegida como película de clausura: The Sacrament (2013), una cinta inspirada en los sucesos de Guyana, uno de los mayores suicidios colectivos que ha dado la historia. Y si para este falso documental Ti West eligió el recurso de la cámara en mano, el found footage, la puesta en escena de The Innkeepers está justo en el polo contrario: se define por una planificación clásica y unos largos y elegantes travellings que marcan una coreografía visual que se basta para crear la atmósfera del filme.

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Y cuando hablamos de atmósfera no nos referimos a la acumulación de efectos asociados al terror gótico, muy al contrario, West no cae en ninguno de los tópicos ni construye la intriga apoyándose en continuos sustos. Del mismo modo no hay en la película el menor derroche de hemoglobina. Todo ello la convierte en una pieza única en la que no sería justo no mencionar la química que se desarrolla entre los dos protagonistas, que nos regalan una actuación convincente (especialmente Sara Paxton en el papel de Claire) y nos permiten empatizar con unos personajes que no dejan de tener un toque bizarro. Si bien el director ya conocía de unos años antes a  Pat Healy, que encarna al especialista de tecnología solitario, Luke, más tiempo le llevó encontrar a Claire, la entusiasta cazadora de fantasmas: “Mi mánager me llamó para decirme que un tal Ti West quería hablar conmigo y que leyera un guion”, cuenta Paxton. (…)”Me gustó el guión, me encantó la idea y que toda la película gire en torno a la cuestión de si hay fantasmas realmente. Lo que me atrajo de mi personaje es que ella era muy agradable”.

Bien dirigida, bien interpretada, con sentido del humor y alejada de los tópicos, consideramos que no mereció las descalificaciones de sus detractores. Esperamos que sea mejor comprendida en su estreno en salas.

SEGURIDAD NO GARANTIZADA preposterEn la misma dirección de The Innkeepers se desplaza Seguridad no garantizada (Safety Not Guaranteed, 2012) de Colin Trevorrow. Nuevamente nos enfrentamos a una comedia que acaba teniendo un giro hacia el fantástico. Sobre ella pudo leerse en Variety: “Una pequeña película con un gran corazón…’Safety Not Guaranteed’ es una excéntrica comedia teñida de ciencia-ficción sobre el amor como la última aventura arriesgada“. El sentimiento que este filme nos produjo es el de la satisfacción de haber descubierto una joyita donde no esperábamos encontrarla. Y es que, ¿Cómo no dar una oportunidad a un film con semejante punto de partida?: un estrambótico anuncio clasificado (el que pueden leer a su derecha) inspira a tres cínicos periodistas de Seattle a buscar la noticia que hay detrás. Así dan con el misterioso y excéntrico Kenneth, un agradable a la par que paranoico empleado de supermercado, que cree haber resuelto el enigma de los viajes en el tiempo y tiene la intención de partir pronto.  Juntos se embarcan en un hilarante e inesperadamente sincero viaje que revelará hasta dónde puede llevarnos un acto de fe. Bien, ya sabemos que en ocasiones hay argumentos que nos cautivan por su carácter delirante y luego acaban decepcionándonos, pero no es el caso del Seguridad no garantizada,  el debutante Trevorrow maneja perfectamente a sus cuatro bizarros personajes y los actores responden a lo exigido.

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El resultado es una película solvente que acaba enseñándonos con su humor grotesco que los diferentes, los no adaptados, también pueden acabar aceptándose y viendo cumplidos sus sueños. Y todo ello sin caer en el sentimentalismo ni la lágrima fácil. Para su director “era una oportunidad para contar una historia de un viaje en el tiempo de una manera metafórica y al mismo tiempo literal” (…) “En realidad no es una película sobre la máquina del tiempo. Y sí, sólo ves una parte de ella muy brevemente en el medio, pero podría ser cualquier cosa. Todos queríamos mantener la tensión en la película evitándola y dejando que el espectador se preguntase si realmente cree que hay una máquina del tiempo“. Su vertiente de ciencia ficción, pues, está puesta al servicio de la metáfora del reconocimiento de uno mismo y la apertura a los demás. Después de todo cualquier viaje tiene algo de reencuentro con el pasado, con la herencia que otros han dejado. Al igual que es también un encuentro con el yo y sus expectativas. En este sentido todos los personajes del filme viajan y acaban reconociendo la importancia de la fe en uno mismo y en los demás como único camino para dar salida a nuestros deseos.

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De bajo presupuesto, Seguridad no garantizada, destila ingenio e ingenuidad a partes iguales. Demuestra así que los grandes resultados no necesariamente surgen de grandes inversiones. Su grandeza le viene de saber utilizar todos los recursos humanos y de guión, apostando por lo modesto pero efectivo. Así, al igual que en Los huéspedes, esta película se beneficia de una reparto joven pero competente, recayendo en ambas el peso de la historia en la heroína, en los dos casos jóvenes y astutas next door girls (Sara Paxton y Aubrey Plaza, respectivamente) que aportan un buen grado de frescura al filme, sin ser solo meras comparsas del héroe de turno o pura carnaza para solaz visual, despertando simpatía y ternura. También ambos films coinciden en  no basar su eficacia en la pirotecnia, sino en sus ingeniosos guiones, que mezclan comedia y fantasía alejándose de escenarios trillados y visitados en infinidad de ocasiones, funcionando ambas historias en diversos campos. Precisamente el guión de Seguridad no garantizada le ha proporcionado al film dos importantes premios en 2012 en el  Independent Spirit Awards y en Sundance.

La Aventura Audiovisual demuestra buen tino escogiendo sus títulos y desde aquí les deseamos la mejor de las suertes.

Noé, diluvios apocalípticos y almas bellas

“(…) pase de la leve sorpresa a la frustración, de la frustración a la decepción y de la decepción a la indignación, al final quería irme del cine, pero lo único que me mantenía amarrado a mi silla era la idea de difundir esta información para denunciar esta película herética (o si, herejías hay varias) blasfema y vacía de toda fuerza proto-evangélica, en la esperanza de que eviten verla y ademas puedan entrar en contacto con una opinión católica al respecto“. Así de radical es la opinión del responsable del blog Extra Ecclesiam nulla salus, ya saben, si están fuera de la Iglesia no serán tocados con la bendición de la salvación y se perderán en el averno, con llanto y crujir de dientes. Si quieren saber que es lo que denuncia un católico ultramontano de la última de Aronofsky no duden en pinchar sobre el enlace. Allí lo encontrarán explicado con todo detalle, yo aquí me quedaré sólo con una de las consideraciones que en ese blog consideran blasfema: la figura de los que son llamados en la película, Los vigilantes. Vayamos a ello.

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Sin considerarme especialista, tengo la convicción de que El Señor de los Anillos marca un antes y un después en el cine de hazañas épicas y así me pareció detectarlo en Noé, especialmente en la figura de Los vigilantes, esas criaturas gigantescas, esas moles de barro que parecen rocas escarpadas y que dejan ver luz saliendo de sus ojos. ¿Quiénes son? Pues nada más ni nada menos que ángeles caídos (más bien nefilims) esos de los que se habla más en los apócrifos que en la biblia canónica (con gran detalle en el Libro de Enoc), pero convertidos aquí en titanes filántropos que han recibido castigo del creador, precisamente, por haber ayudado a los hombres después de haber sido expulsados del Edén. Aronofsky ha investigado lo escrito sobre Noé en los textos religiosos, pero a ello le ha sumado sus propias convicciones. Los vigilantes están más próximos a Prometeo que a Lucifer, por eso a un católico, especialmente si es de mira estrecha, le parecen blasfemos. Están más próximos a nuestra herencia griega que a la cristiana. Lo que les hace interesantes es precisamente esa carga sacrílega de ser piadosos en su sublevación contra el creador. Aronofsky nos deja vislumbrar la ligazón dialéctica que hay entre el bien y el mal: de un acto impío puede nacer la bondad, del mismo modo que del bien puede llegar un mal. Así la obsesión por la justicia de Noé le conduce a la hybris, la desmesura de pensar que debe aniquilarse todo lo humano sin distinción.

Noé 3 cartel chicaNoé, empujado por la fe de su corazón, llega a casi volverse contra los suyos. Noé se convierte en un Alma Bella en el sentido Hegeliano: “Vive en la angustia de manchar la gloria de su interior con la acción y la existencia; y, para conservar la pureza de su corazón, rehuye todo contacto con la realidad y permanece en la obstinada impotencia de renunciar al propio sí mismo llevado hasta el extremo de la última abstracción“. La misma fuerza que le lleva a querer salvar lo puro le hace sentir que todo lo humano está corrupto. Sólo puede esperarse un correctivo ejemplar: el tiempo de la piedad pasó y hay que doblegarse al castigo. Sus convicciones acaban llevándolo a abrazar la moral del resentimiento, la propia del nihilismo negativo según Nietzsche. Sólo el perdón de su víctima más indefensa le devuelve la lucidez, en una conversión que nos recuerda la de Ethan (John Wayne) en Centauros del desierto cuando este último llega a tomar entre sus brazos a su sobrina.

Noé 4 cartel russellNo se asusten de que cite tanto filósofo alemán, la película funciona también como espectáculo, como fiesta de efectos especiales. Y Aronofsky declara que su objetivo ha sido sobre todo la evasión:  “El corazón del filme es el entretenimiento, mi intención es presentar un drama perturbador, con grandes actuaciones, efectos visuales y música. Por supuesto, espero que a la salida la gente salga con más preguntas, charle sobre lo visto. Claro que necesito a alguien como Russell. Si en pantalla tienes milagros, ángeles convertidos en gigantes de piedra y otros seres no conocidos, debes de tener un actor que dé verosimilitud a su personaje. Russell es férreo y creíble”. Pero aunque afirme que sólo quiere hacer cine, no niega que haya querido darle un trasfondo de espiritualidad a su superproducción apocalíptica: “Defíneme espiritualidad. Bueno, entiendo lo que planteas. Sí que creo que falla nuestra conexión con el medio ambiente. Nuestro respeto a la creación. Hasta hace poco sabíamos que nuestra huella desaparecía del planeta: a duras penas quedan piedras, herraduras… Y desde hace un siglo hemos creado plásticos no biodegradables, gracias a productos químicos creados por nosotros. Tenemos un poder que estamos malgastando en estropear el lugar en que vivimos”.

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Donde algunos ven blasfemia y satanismo, sólo hay una toma de conciencia de la crisis de recursos a la que parecemos abocados si no cambiamos nuestros modelos de producción y consumo. La película tiene mensaje, pero un mensaje ecologista que se vale de la historia sagrada para ofrecer una lectura de nuestra condición actual a la que hemos llegado por nuestros propios poderes, que atacan a la naturaleza pero que acabarán pasando cuentas a nosotros los humanos. Después de todo la naturaleza tiene una capacidad de cambio superior a la nuestra, cuando algo amenaza al conjunto, acaba pereciendo él mismo. Ese apocalipsis antediluviano es nuestra propia realidad, el que trata de aprehender Aronofsky es el apocalipsis que venimos cerniendo sobre nuestras postindustriales cabezas. Sin embargo, el apocalipsis promete una regeneración, un mundo mejor, no la típica muerte y destrucción de Roland Emmerich. Pese a todo hay que seguir confiando en nosotros y nuestra capacidad de respuesta. O si no, al menos a seguir teniendo fe en el caos.

 

Enemy, de dobles y arañas

27 marzo 2014 8 comentarios

enemy-poster (1)Según leemos, Enemy fue uno de los títulos recurrentes en los corrillos de San Sebastián cuando se vio por primera vez en España. Es una de esas cintas propensas a sembrar el desconcierto y a ganarse amores u odios casi instantáneos. Sin ir más lejos, al salir del pase de prensa le hizo espetar a una de las cabezas pensantes de Serendipia, que  “Si cuando veo una película me pierdo o no la entiendo es que el director me la ha contado mal”. Esta sin duda es una de esas películas de la que nadie hablará mal por miedo a hacer el ridículo dados los orígenes literarios y el prestigio del director. Tras el pase de prensa, en el lavabo, lugar en el que además de aliviar la vejiga se liberan los comentarios sobre lo recién visto, hubo el característico silencio perplejo que siempre hay cuando no se sabe que decir y se teme quedar como un burro si deja entrever que no se ha entendido el final o se ha perdido a medio metraje. El film llama al engaño. Tras un ingenioso argumento lineal de intriga, con ciertas pinceladas surrealistas, termina desembocando en un final que desde ya formará parte de mi léxico particular. Me explico: si existe el socorrido final “todo era un sueño”, que no hace falta explicar; o el “Chaplin”, en el que el personaje o personajes siguen con su vida hacia un destino incierto, al igual que Charlot marchando hacia un punto del camino, desde ahora también hay una palabra para definir esos finales en los que uno se queda perplejo: El final araña. Ustedes ya me entenderán.

Así que ya ven que lo que más ampollas levantó a esa parte de mi ser fue el final. Cosa que me evoca el diálogo inicial de Dios (una comedia) de Woody Allen (incluida en Sin Plumas), y van a permitirme que se lo transcriba:

Actor: Nada… sencillamente nada…

Autor: ¿Qué?

Actor: No tiene sentido. Es vacío.

Autor: El final.

Actor: Naturalmente. ¿Qué estamos discutiendo? Estamos discutiendo el final.

Autor: Siempre estamos discutiendo el final.

Actor: Porque es imposible.

Autor: Reconozco que es poco satisfactorio.

Actor: ¿¡Poco satisfactorio!? Ni siquiera resulta creíble. Cuando se escribe una obra el truco está en empezar por el final. Se busca un final sólido y bueno, y luego se escribe hacia atrás.

Autor: Ya intenté eso. Me salió una obra que no tenía principio.

Sólido y bueno, parece que es la premisa que debe cumplir, ¿pero en qué consiste eso? Echemos mano de la teoría de la narración según la cual el final de un relato debe ser sorprendente, pero a la vez debe guardar coherencia con todo lo narrado hasta allí. Buen final es aquel que nos hace replantearnos todo lo leído (lo visto, en el caso de un filme) y encontrarle un sentido nuevo. ¿No cumple con ello Villeneuve? En mi opinión (soy la otra cabeza) sí, salvo que debo reconocer que va más allá de la sorpresa: nos conduce directamente a la perplejidad, su sinónimo, pero ya saben que los sinónimos no son idénticos, introducen siempre un matiz. Y ese matiz hará que guste o que se la considere un acto especulativo para gafapastas (por cierto, mis gafas son de pasta y las de mi alter ego, no).

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Si Villeneuve leyera este blog, se sentiría satisfecho por la polémica suscitada, y es que confesaba en San Sebastián que sus películas favoritas “son las que me han dejado más preguntas que respuestas, como ‘2001. Una odisea en el espacio': me gusta esa sensación, cómo se van abriendo puertas para ir descifrando el misterio, y eso he querido hacer yo“. Hay que reconocer que, en esta que según él mismo es su obra más personal, lo ha conseguido. Enemy, nos lleva al anonadamiento. Y es que “esta película hay que verla varias veces para entender su esencia, pero está todo en ella“, explicó rebuscando las palabras. Puede decirse, pues, que Enemy es un puzzle al que no le faltan piezas, pero en el que estaremos obligados a hacerlo y rehacerlo para vislumbrarlo y seguramente siempre nos quedará alguna zona muerta; pero eso es lo pretendido, que nos deje más interrogantes que respuestas.

Y después de hablar del final, cabe hablar sobre el principio. El origen de esta película hay que buscarlo en la lectura, por parte del canadiense, de la novela El hombre duplicado de José Saramago. “Sentía la necesidad visceral de hacer una película que quizá nadie más hubiera hecho, y lo que he hecho ha sido por un gran amor al cine; para mí, Enemy ha sido una ensoñación, mi secreto“. Se trata de una adaptación libre en la que el director ha volcado sus propias reflexiones, sobre todo la que atañe al poder del subconsciente, para Villeneuve el subconsciente es algo que tiene gran influencia en nuestras vidas y un impacto real en la sociedad. Si no somos conscientes de esa fuerza y de sus efectos colaterales, nunca sabremos quién toma en realidad las decisiones sobre nosotros mismos.

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Sin duda, el tema del doble es uno de los que mejor se presta para hablar de ello. Sobre todo tal como lo retrata el canadiense. La película está recorrida por tintes fantasmagóricos en lo que hace referencia al escenario, ese Toronto lleno de grises y de intrigantes edificios ultramodernos, clara metáfora del laberinto, de la tela de araña (sí, la araña tiene gran importancia en esta cinta) que nos pierden cuando queremos llegar al centro. Y también en lo que hace referencia a la exposición de la trama, la historia se va engranando con un cierto aire onírico, perdemos a veces los límites de la realidad. Todo ello le da un arrollador poder sensorial, en el que no tiene poca relevancia la actuación de Jake Gyllenhaal que borda su doble papel tanto como en su día lo hiciera Jeremy Irons en Ienemy chicanseparables. Y vieneenemy-2013-imagen-3 bien mencionar la película de Cronemberg, porque no es poco lo que guardan en común: ahí está el enigmático papel de la mujer (en este caso dos rubias frías como las hitchcockianas), a la vez fuente de deseo y de castración, y en ambos casos la pervivencia del otro exige la muerte del duplicado, aunque eso suponga la disolución de ambos. En ese último sentido se puede leer en la notas del director que encontrar a alguien igual a nosotros sería un fenómeno que debería provocar el mismo impacto en un ser humano que el que provoca un agujero negro en una galaxia: ni siquiera la luz puede escapar de esa concentración de masa, nuestro doble supondría la pérdida de nuestra energía, de la capacidad de discernir qué nos hace ser nosotros y no los demás, del poder de controlar las propias decisiones.

Los agujeros negros tienen una entropía gravitacional intrínseca.  Ello implica que la gravedad introduce un nivel adicional de impredictibilidad por sobre la incertidumbre cuántica. Parece, en función de la actual capacidad teórica, de observación y experimental, como si la naturaleza asumiera decisiones al azar o, en su defecto, alejadas de leyes precisas más generales. La metáfora con la que elige Villeneuve para explicar el mitema del doble, coincide pues con la frase de la novela que elige como destacado inicial, como preámbulo del prólogo que tanta relación guarda con ese enigmático final araña (y que nos hace evocar El relato soñado de Arthur Schnitzler): “El caos es un orden por descifrar”. Bajo esa luz cabe interpretar toda la película, así que aunque se estructure como un filme de suspense, de intriga casi detectivesca, Enemy viene cargada de concepto. Tal se diría que el Darren Aronofsky de Pi ha adaptado El Doble de Dostoievsky (como se afirma, de hecho, en el blog de Filmin).

Así es Enemy para algunos una película pretenciosa, absurda y bobamente enigmática (Carlos Boyero dixit), para otros tubardora, genial y exquisita a nivel estético. Sólo debo decirles que la vean y juzguen ustedes mismos, después de todo es una película de la que se disfruta más cuanto más se discute sobre ella.

 

La hermandad, buenas intenciones, escasos resultados

La hermandad cartelNo se le puede negar a La Hermandad su carácter voluntarioso. El valenciano Julio Martí Zahonero ha sabido cuidar en esta su ópera prima la ambientación, con tintes góticos pero sin muchos de sus tópicos, no cae en la acumulación de sustos sino que se esfuerza por transmitir una atmósfera enrarecida y misteriosa. Su voluntad de huir del susto fácil se hace notar también en la banda sonora (probablemente lo mejor de la cinta) para la que tenía claro que no debía tratar de anticipar las situaciones de mayor terror con golpes de efecto musicales, pretendía más bien que hubiera una melodía que diera razón de la obra en su conjunto, que cautivara al espectador y le condujera por la historia como si se deslizara. Afortunadamente el también valenciano Arnau Bataller ha sabido comprender las demandas del director y ha compuesto una partitura que satisface las expectativas; hay que añadir que se contó con la Orquesta de Liceo para la grabación, sin duda todo un lujo.

Un argumento cuya sinopsis lo hace parecer inquietante: En la fría y silenciosa oscuridad de un apartado monasterio del norte de Italia, La Hermandad, monjes benedictinos que siguen al pie de la letra unas estrictas normas de pobreza y obediencia, curan las heridas de Sara, una afamada escritora de novelas de terror que acaba de sufrir un grave accidente. Sara deberá guardar cama en el monasterio, donde la electricidad o el teléfono carecen de sentido. Su curiosidad de escritora no tarda en despertar con ciertos detalles que llaman su atención. Extrañas manchas en el techo, llantos infantiles en la noche, una vieja fotografía, un escalofriante libro sobre la Hermandad, sus inquietantes costumbres… Algo se mueve entre los muros del monasterior. Un oscuro secreto se encierra en su interior y ahora está a punto de salir a la luz… Y la recomendación de su director: Si me preguntas por las razones por las cuales un espectador debería ir a ver La Hermandad te diría que son numerosas. En primer lugar, se van a encontrar con una historia muy emotiva, llena de sorpresas hasta el minuto final. La Hermandad es visualmente un regalo para todos los sentidos. Descubrir cada uno de los rincones, aposentos y corredores de esta lúgubre abadía repleta de pasadizos y senderos ocultos, es una sensación tan inquietante como lo es para el personaje protagonista. La recreación de todas las estancias ha sido un trabajo excepcional. En el apartado de las intenciones la película funciona muy bien, pero, ¡ay! Los resultados ya son otro cantar.

La hermandad rodaje 2

Pese a los empeños por lograr una revisitación del terror de corte clásico, la película hace aguas en su guión. Ni los monjes resultan sospechosos o enigmáticos ni está claro por qué ya desde el primer día en el que la protagonista empieza su recuperación, por muy escritora que sea, se pone a investigar. Tampoco se nos hace comprender porque permanecieron en el convento haciéndose pasar por monjes si al final va a resultar que ellos fueron las víctimas. El esmerado diseño de producción no puede ocultar que Lydia Bosch actúe como quien no sabe realmente dónde está metida, y no nos referimos al convento sino a la trama. Su actuación es mecánica y forzada, lo que revela que el debutante no domina aún la técnica de la dirección de actores. El resultado es una cinta bienintencionada pero inefectiva. Huye del susto y del gore, pero tampoco la intriga hace aparición y eso en una película de estas condiciones es un problema muy grave.

La hermandad rodaje

Es muy fácil sentarse ante el ordenador y echar por tierra el trabajo de muchos meses, por eso hemos querido empezar este comentario con los pros del filme de Julio Martí. Es su primer largo y aunque sea fallido esos aciertos que hemos referido nos permiten decir que esperamos que no se desaliente y vuelva a intentarlo. Después de todo no son pocas las veces en las que aprendemos más de nuestros errores que de nuestros logros.

Categorías:Cine Club, Fantaterror
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