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Un método peligroso o el Cronenberg más desapasionado

El casi siempre acertado Jordi Costa puntúa con cuatro estrellas esta última película del padre de Inseparables (Dead Ringers, 1988). Nos dice que David Cronenberg ” por fin, convierte en discurso y apasionante drama el subtexto psicoanalítico que siempre ha sustentado su personalísima poética. Aquí está todo: el pulso entre la razón y el deseo, la sistematización de lo irracional, el subconsciente como forjador de identidad… e incluso la problemática mutación de la ciencia (Freud) en un nuevo misticismo (Jung).” Y no está falto de razón su juicio, Costa sintetiza perfectamente la temática subyacente al film a la par que pone claro, frente a quienes opinen lo contrario, que se trata de una cinta fiel al universo cronenbergiano. Sin embargo, pese a compartir su análisis no compartimos su valoración de Un método peligroso (A dangerous method, 2011) ni menos su entusiasmo.

Gélida. Gélida es, a nuestro parecer, Un método peligroso y compartimos, con el también crítico Manuel Argüelles, que la película nos deja fríos.

Tiene todos los elementos para crear una vorágine pasional, en cambio, todo está expuesto desde la mayor de las asepsias, ni la tonalidad oscura de los colores con los que se pinta el manicomio en el que trabaja Jung dejan entrever el carácter lóbrego de aquellos sanatorios y la representación de la locura se reduce a una excelente interpretación de Keira Knightley en el papel de Sabina Spielrein, (fundadora de la escuela analítica rusa). La impecable puesta en escena, la elegancia de Cronenberg para componer todo un perfecto momento cinematográfico con un par de sillas y dos actores, no logra conmovernos, gozamos su calidad escénica pero no sentimos, ni siquiera por simpatía, el horror que es en verdad la locura, cosa que sí había logrado en Spider (). Cronenberg ha sabido valerse de las premisas psicoanáliticas para mostrarnos la intensidad de la pulsión de muerte como pulsión erótica en películas como Vinieron de dentro de … (“Shivers (They Came from Within)”, 1975), Crash (1996) o la ya mencionada Inseparables, y nos ha hecho vibrar a la vez que reflexionar, aquí asistimos a una mera lección magistral que no pide ni permite nuestra interacción. Cronenberg se ha embarcado en una película histórica que puede recordar al mejor James Ivory (The remains of the day, como ejemplo), pero se le ha quedado fuera la pasión (cuando Ivory sí logró comunicarla incluso desde la fidelidad a la contención victoriana). Hasta las escenas de sexo son frías, porque no se muestran a la altura de lo que los personajes nos cuentan de sus instintos. Ni siquiera la banda sonora de Howard Shore imprime truculencia donde debiera haberla habido (ello sin dejar de ser uno de los mayores valores del film).

Que nadie crea, sin embargo, que es una película sin méritos. Así el retrato de las tensiones está logrado, sobre todo a la hora de mostrar que en el “divorcio” entre Freud y Jung no sólo pesaron las diferencias intelectuales sino también las sociales, la subida al barco que les conduce a América es un buen ejemplo de ello. Quizás la decepción resida en que no es la película que esperábamos de Cronenberg con los mimbres con los que contaba.

Tal vez el problema lo provoque el no haber partido de un guión original (algo que no ocurrió con El almuerzo desnudo, 1991). Se parte de la obra teatral de Cristopher Hamtomp (autor además del guión), The Talking Cure, la cual a su vez se inspiraba en la obra de John Kerr sobre los aspectos más secretos de la historia del psicoanálisis. Aún sin conocer esos originales, nos atrevemos a afirmar que están llenos de inexactitudes conceptuales, se juega con cuatro tópicos fijados por la simplificación del paso del tiempo. En pleno 2012 no se puede reducir a Freud a la sexualidad (si el Doctor Gumà se levantará de su tumba se convertiría en un zombie que perseguiría a Cronenberg hasta el fin de sus días), no se puede seguir ignorando su Más allá del principio del placer, ni atribuirle un materialismo y un positivismo tan burdos, ni aún en su primera etapa (la de la primera tópica que insiste en la represión y no ha incorporado la riqueza del Ello). Hubiera sido mejor que se atreviera con un guión original y una adecuada documentación, si no, lo que le funciona cuando se entrega a la ficción (todas las que hemos ido mencionando son ejemplos) le hace aguas en este intento de realizar un film histórico.

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