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Azarías está de luto: Miguel Delibes nos ha dejado

Puede parecer improcedente dar la noticia de la muerte de Delibes en un blog como este, pero no hemos querido dejar de sumarnos al duelo.  Y es que el cine le debe mucho al laureado vallisoletano, su prosa medida, elegante, justamente descriptiva y haciendo prevalecer siempre la acción narrada, pedía a gritos ser convertida en película.  Mario Camus así lo supo entender y nos brindó una de las mejores películas españolas de todos los tiempos: Los Santos Inocentes.

No es una película de terror, pero sí una película sobre el miedo, ¿o acaso no es terrorífico ese abuso de poder de los señoritos, su absoluto desprecio por las vidas ajenas?  Los miedos cotidianos son más sórdidos que los fabulados, por eso tienen más cuerpo y nos remueven más.  En las salas sentíamos el dolor de Landa, nos tragamos con él la humillación expresando nuestra rabia en los espantosos gritos de la Niña Chica.  Y Azarias es nuestro héroe, el loco que colma la venganza, a la vez carnal y mítico.  Es una novela realista, sí, y la película su fiel reflejo, pero es también una película de monstruos: los que representan los hacendados, esos cazadores de hombres; y también los otros, esos que hacen honor a la etimología del término, los que son dignos de ser mostrados, como los Freaks de Browning, Azarías nuestro héroe, el inocente capaz de derramar sangre y conducirnos a la catarsis de acabar con mano certera con el servilismo.  Azarías es un grito de libertad, el monstruo azotador de monstruos que nos devuelve la fe.

Se nos ha ido un grande, con discreción y hasta con la gentileza de anunciarnos su muerte para que no nos cogiera por sorpresa.  De todas sus obras en el altar de mi corazón brillará siempre su Señora de rojo sobre fondo gris, porque está más allá de la ficción, porque con sencillez y contención habla de amor, de ese amor que es más grande que la muerte.  Nunca olvidaré el cuadro que da título a esa novela y que seguía luciendo en el despacho de Don Miguel muchos años después, cuando lo vi con mis propios ojos ahí a su espalda supe que Delibes fue sobre todo un hombre enamorado.  Y eso para mí es lo más espléndido que puede ser un hombre.

Descanse en paz, Don Miguel, siga siendo usted un cazador de relatos ahí en la eternidad que hoy le acoge.

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